Las farolas que Gaudí construyó en Vic en honor a Jaume Balmes
Historia
Así fue la breve estancia de Gaudí en Vic: descanso, fe y unos fanales polémicos
El centenario de la muerte del arquitecto rescata su discreta relación con Vic, donde pasó unas semanas de convalecencia y proyectó unos fanales que acabaron siendo derribados
Antoni Gaudí, el gran arquitecto catalán, pasó unas semanas en Vic en 1910, en plena crisis de salud, y aprovechó aquella estancia de reposo para dejar una huella tan singular como efímera: el diseño de dos fanales monumentales para la plaza Mayor, hoy desaparecidos. Aquella visita, breve pero intensa, lo vinculó a la vida religiosa y cultural de la ciudad, en un episodio reconstruido a partir de testimonios recogidos por autores como Josep Pla, Ignasi Casanovas y diversos estudiosos del arquitecto.
Un genio enfermo acogido en una casa de Vic
A comienzos de mayo de 1910, Gaudí atravesaba un delicado momento de salud, diagnosticado de «anemia cerebral» o «depresión nerviosa», y los médicos le recomendaron alejarse de la agitación de Barcelona para recuperar fuerzas. Fue entonces cuando el jesuita Ignasi Casanovas, amigo personal del arquitecto y antiguo alumno del Seminario de Vic, lo puso en contacto con la familia Rocafiguera, que lo acogió en su gran casa del carrer dels Caçador.
La anfitriona, Concepció Vila, viuda de Josep Rocafiguera, le ofreció la casa durante todo el tiempo que hiciera falta para su recuperación, según el testimonio que más tarde recogió Josep Pla en sus retratos de personajes célebres. Las fuentes lo describen como un huésped esquivo, encerrado en sí mismo y poco dado a la vida social, pero tratado con cercanía por la familia, que se esforzó en hacerle agradable la estancia. El médico Anicet Altés, en una conferencia de 2002 sobre la figura del arquitecto, cifró en unas cuatro semanas el tiempo que Gaudí habría pasado en la ciudad, sin que haya quedado constancia gráfica de aquel episodio, tal y como ha confirmado el archivero Francesc Rocafiguera.
Rutina de misa, museo y amistad con el obispo
Incluso enfermo, Gaudí mantuvo en Vic la disciplina espiritual que caracterizó su vida. Los relatos apuntan que solía comenzar el día asistiendo a misa antes de desayunar y, después, visitaba el Museu Episcopal, donde conversaba con su conservador, Josep Gudiol, y mantenía trato con el obispo Torras i Bages, con quien compartía amistad y sensibilidad religiosa.
Entre los vigatans que trataron a Gaudí figura el farmacéutico Joaquim Vilaplana i Pujolar, miembro de la Junta de Museos, que lo acompañó en diversos paseos por la ciudad. Vilaplana lo recordaba como un hombre de paso lento, aspecto apagado y rostro enfermo, pero al mismo tiempo como una persona incapaz de hacer daño, obstinada, sobria y de fe sencilla, una descripción que encaja con la imagen de un creador exigente y profundamente marcado por su vida interior.
De un posible mausoleo para Balmes a una idea luminosa
La presencia en Vic de una figura ya reconocida como Gaudí no pasó desapercibida para la comisión ciudadana que preparaba entonces los actos del centenario del nacimiento del sacerdote y filósofo Jaume Balmes, orgullo intelectual de la ciudad y referencia del pensamiento católico. Prohombres del Cercle Literari vieron en el arquitecto una oportunidad para dotar de relieve artístico aquella conmemoración y le pidieron que se implicara en el proyecto.
Algunas fuentes señalan que una comisión de vecinos de la plaza donde se encontraba la casa mortuoria de Balmes se dirigió a Gaudí para ofrecerle el diseño de algún elemento funerario, y que el arquitecto habría viajado a Vic acompañado por los jóvenes arquitectos Josep Canaleta y Josep Maria Pericas para estudiar la propuesta. Se ha planteado incluso la posibilidad de una visita anterior, en marzo de 1910, aunque este extremo no ha podido documentarse de forma concluyente. Sea como fuere, el propio Gaudí habría descartado la idea de un mausoleo grandilocuente y habría sugerido soluciones más discretas y útiles, como una fuente ante la casa donde murió Balmes o algún recordatorio en su vivienda natal. Todo cambió cuando contempló la plaza Mayor: allí concibió la idea de dos grandes fanales para la entrada principal de este espacio urbano.
Unos fanales monumentales y un trabajo coral
El proyecto de los fanales de la plaza Mayor no fue una obra aislada de Gaudí, sino un trabajo coral en el que participaron varios de sus colaboradores más próximos. La mayoría de estudios coinciden en que el arquitecto asumió un papel de asesor y supervisor, marcando la línea estética y el criterio general, mientras que en la ejecución intervinieron su discípulo Josep Canaleta y el arquitecto vigatano Josep Maria Pericas, con experiencia en la ciudad.
En el ámbito decorativo, el pintor Josep Maria Jujol aportó su sello característico, mientras que el maestro de obras Josep Ylla Cassany se ocupó de la parte constructiva. Los trabajos de forja y hierro recayeron en dos serrallers de Vic, Joan Colomer y Ramon Collell, conocido como «en Picallimes». El resultado fueron dos fanales de unos diez metros de altura, asentados sobre un basamento de columnas, que se inauguraron el 7 de septiembre de 1910, en plena celebración del centenario de Balmes, aunque Gaudí no asistió al acto.
Una obra discutida desde el primer día
Pese a su singularidad artística, los fanales no fueron nunca una pieza pacífica en la vida cotidiana de la plaza. Desde el primer momento, algunos vecinos se quejaron de que entorpecían el paso de los vehículos y de que ciertos elementos móviles producían ruidos molestos cuando soplaba el viento. Estas críticas llevaron al propio Gaudí, pasados un par de años, a proponer modificaciones puntuales en el diseño, sugerencias que trasladó por carta a Canaleta y que hoy se conservan en el Arxiu Municipal de Vic.
Con el tiempo, el malestar vecinal se mezcló con factores políticos. El 12 de agosto de 1924, ya en el contexto de la dictadura de Primo de Rivera, el Ayuntamiento ordenó el derribo de los fanales. Diversas fuentes apuntan a que aquella decisión respondió tanto a las presiones de parte del vecindario como a una forma de revancha política por parte del nuevo gobierno local. Con su desaparición, Vic perdió el único elemento urbano diseñado por Gaudí que había tenido en sus calles, un vacío que hoy cuesta imaginar cuando se observa la plaza.
La memoria de Gaudí en la Vic actual
A pesar de la pérdida material de los fanales, la ciudad ha tratado de mantener viva la memoria de la breve estancia de Gaudí y de la obra que allí proyectó. En 2002, a propuesta del entonces alcalde Jacint Codina, el Ayuntamiento decidió dar el nombre de Antoni Gaudí a un nuevo espacio surgido tras la reurbanización de la parte baja del casco antiguo, una intervención que supuso el derribo de varias viviendas. En aquel momento incluso se llegó a plantear la reconstrucción de los fanales para situarlos en la nueva plaza, pero la idea no prosperó.
Hoy, además, un pasaje del barrio de la Calla lleva el nombre de Gaudí, en sustitución del anterior, dedicado al general Emilio Mola, después de que los propios vecinos propusieran el cambio. Así, aunque la obra física del arquitecto se haya borrado del paisaje urbano, la ciudad mantiene una memoria discreta pero firme de aquel genio profundamente creyente y austero que, durante unas pocas semanas, encontró en Vic un lugar de reposo, de encuentro con la Iglesia y de creación efímera.