Imagen del equipo que forma la iniciativa catalana MiintaHugo Sebastian Alaimo

Entrevista

Colegio, familia y... ¿psicólogo?: «El sistema tiende a intervenir tarde, cuando el problema ya es grave»

Miinta, iniciativa nacida en Barcelona, acompaña a estudiantes, familias y centros educativos con un modelo de apoyo emocional basado en la prevención, la detección temprana y la coordinación con la escuela

Miinta nació en Barcelona con la idea de ofrecer a estudiantes, familias y centros educativos un acompañamiento emocional más cercano, continuo y coordinado con la vida escolar.

Fundada por Adrià Munné (CEO), Álvaro Lloret (CTO) y Natalia Pedrajas (CCO), su modelo, centrado en la prevención y la detección temprana, busca llegar antes de que el malestar se convierta en crisis; según explica la propia entrevista, solo en 2025 gestionó 390 crisis, 84 de ellas graves.

En esta conversación, Adrià Munné, CEO del proyecto, defiende la necesidad de reforzar la coordinación entre escuela, hogar y profesionales para que ningún menor quede desatendido cuando empiezan a aparecer las primeras señales de alarma.

- Miinta nace en Barcelona y hoy acompaña a miles de estudiantes a través de sus centros educativos; para situarnos, ¿cómo explicarías tú, a unos padres catalanes, qué es exactamente Miinta y qué la diferencia de una consulta psicológica tradicional o de un simple «chat de ayuda»?

- Miinta es un servicio de acompañamiento emocional diseñado para el entorno educativo, que conecta de forma continuada a estudiantes y familias con profesionales, siempre coordinados con el centro. A diferencia de una consulta psicológica puntual y reactiva, trabaja desde la prevención y el seguimiento constante. Y, a diferencia de un simple chat anónimo, cada alumno o familia tiene una psicóloga asignada, con vínculo sostenido en el tiempo y protocolos claros dentro de un sistema compartido con escuela y hogar.

- El Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia habla de que un 41% de adolescentes ha tenido o cree haber tenido un problema de salud mental en el último año y que más de la mitad no pidió ayuda; cuando aterrizas estos datos en Cataluña, ¿qué realidad estás viendo en los colegios e institutos con los que trabajáis y qué dato o experiencia te ha impactado más?

- En el día a día, esos datos se confirman: hay mucho malestar emocional que no llega a los canales tradicionales y muchos adolescentes no piden ayuda hasta que la situación ya es compleja. Solo en 2025 se gestionaron 390 crisis, 84 de ellas graves, lo que muestra hasta qué punto los centros educativos son un lugar clave para detectar a tiempo.

- Insistís mucho en la detección temprana y en el trabajo coordinado con centro educativo y familia; desde tu experiencia, ¿qué está fallando hoy en el sistema público catalán y cuál sería la primera cosa que cambiarías si pudieras decidir mañana?

- Lo que se evidencia es una falta de accesibilidad y de detección temprana: el sistema tiende a intervenir cuando el problema ya está agravado. El cambio clave sería incorporar mecanismos estructurados de prevención dentro de los propios centros, con acompañamiento continuo y coordinación real entre escuela, familia y profesionales, no solo derivaciones puntuales.

- En 2025 habéis registrado cientos de crisis, algunas graves; ¿qué tipo de problemas se repiten más entre los adolescentes catalanes que atendéis y qué te preocupa más ahora respecto a hace dos o tres años?

- Los temas que más se repiten son la soledad, el estrés, la autoestima baja, la tristeza, las dificultades en las relaciones sociales y la gestión del tiempo, muy vinculada al uso de redes sociales. En los casos más graves, se detectan ideación suicida, bullying u otros episodios de crisis, activando los protocolos necesarios junto con el centro y los profesionales correspondientes. Preocupa especialmente que muchos jóvenes normalizan niveles muy altos de malestar y no se identifican a sí mismos como «un caso grave», sino que hablan de cansancio, bloqueo o sensación de no poder más.

Imagen de dos de los tres fundadores de Miinta: Adrià Munné (CEO) y Álvaro Lloret (CTO)Hugo Sebastian Alaimo

- Habláis de un «acompañamiento emocional integral» con una psicóloga asignada, disponible por chat y notas de voz; en la práctica, ¿cómo se articula ese vínculo para que no sustituya a la familia ni al tutor del centro?

- El modelo está pensado para complementar, no para sustituir. El vínculo con la psicóloga sirve para acompañar y detectar, pero siempre dentro de una coordinación con familia y centro educativo, compartiendo la información necesaria en cada caso. En muchos momentos el acompañamiento consiste precisamente en redirigir y en animar al adolescente a hablar con sus padres o con el colegio.

- Uno de vuestros rasgos distintivos es el «semáforo emocional», que clasifica los casos en verde, amarillo o rojo; ¿cómo funciona exactamente este sistema y qué ocurre cuando aparece un «rojo»?

- Es una herramienta de priorización: verde indica prevención, amarillo una alerta moderada y rojo una situación urgente. El equipo profesional determina el nivel de riesgo y, en los casos rojos, la intervención es inmediata: se coordina con el centro y la familia y se activan los recursos necesarios para que la situación no escale.

- Solo estáis presentes todavía en una parte de los colegios catalanes; pensando en la gran mayoría de centros donde Miinta no está implantada, ¿qué se puede hacer ya para prevenir el malestar emocional y qué tres pasos concretos recomendarías a cualquier director de escuela o instituto que no os tiene?

- A cualquier centro que quiera cuidar mejor el bienestar de sus alumnos le recomendaría tres pasos: crear canales accesibles y confidenciales para que los alumnos pidan ayuda, formar a docentes y familias en detección temprana y establecer protocolos claros de actuación y coordinación interna. La clave es no esperar a que el problema sea visible en forma de crisis, sino anticiparse y tener todas las puertas abiertas, porque nunca se sabe qué canal va a necesitar un adolescente o una familia para expresarse.

- Y en el ámbito familiar, más allá de contratar o no Miinta, ¿qué pueden hacer hoy unos padres catalanes para detectar a tiempo señales de alarma en casa y qué norma básica de uso del móvil recomendarías?

- Lo más importante es estar atentos a cambios de comportamiento, aislamiento o alteraciones emocionales persistentes, sin minimizar señales aparentemente sutiles. La adolescencia es una etapa llena de cambios, y los padres deben ser un punto de apoyo para que el joven se sienta acompañado. En el uso del móvil, se recomienda establecer normas claras de horarios y supervisar el tipo de contenido que consumen los hijos, porque el contexto digital influye directamente en el bienestar emocional.

- Decís que vuestro modelo multiplica por doce el acceso al apoyo emocional dentro del centro educativo, pasando de un 5% de alumnos atendidos a un 60% de estudiantes y familias registradas; ¿cómo se traduce este salto en la vida diaria de una escuela catalana?

- Significa pasar de un modelo que llega casi solo cuando el problema es grave a una red de apoyo mucho más preventiva y accesible. En la práctica, más alumnos y familias tienen un canal donde pedir ayuda, los centros detectan antes las señales de malestar y pueden actuar con mayor rapidez cuando surge una crisis. Esto normaliza la petición de apoyo emocional, refuerza a los equipos educativos y mejora el clima escolar, reduciendo situaciones que, si no se abordan, acaban en absentismo, abandono o conflictos de convivencia.

- Entre vuestros clientes hay centros de FP del Grupo Planeta y escuelas como Nou Patufet en Barcelona, Mare de Déu de la Salut en Sabadell o el Col·legi El Carme en Lleida; ¿qué valoran especialmente estos centros —muchos con proyecto educativo humanista o cristiano— del enfoque de Miinta y cómo os adaptáis a la identidad propia de cada uno?

- Valoran que Miinta encaja con una visión integral de la educación: no se trata solo de acompañar académicamente, sino de cuidar también el bienestar emocional, las relaciones y el entorno familiar del alumno. El enfoque combina rigor profesional, cercanía humana y prevención, y se adapta a cada centro respetando su identidad, su cultura y sus protocolos. Para ello se trabaja con los equipos directivos y de orientación, ajustando contenidos, formaciones y equipo de apoyo al proyecto educativo de cada colegio.

- Acabáis de abrir vuestro primer centro físico en Mataró, con previsión de crecer en equipo; ¿qué papel quieres que juegue este centro y qué equilibrio buscáis entre atención digital y presencial?

- El centro físico es un complemento del modelo digital: un espacio para trabajar cara a cara cuando el proceso lo necesita. El objetivo es combinar la accesibilidad de lo digital con la profundidad de lo presencial, creando un ecosistema más completo para atender mejor las necesidades de los jóvenes.

- Trabajáis con estudiantes, familias y docentes, e incluís talleres y formación específica en salud emocional; en un contexto donde la «educación emocional» a veces se mezcla con otros debates ideológicos, ¿cómo garantizáis que los contenidos y las intervenciones respetan la libertad de las familias y el ideario propio de cada centro en Cataluña?

- Miinta no entra en debates ideológicos ni impone una mirada concreta, sino que se centra en un enfoque clínico y preventivo orientado al bienestar emocional y a la detección temprana de dificultades. El equipo de apoyo y los contenidos se pactan con el centro antes de implementarse, teniendo en cuenta su ideario, su lenguaje y sus protocolos internos, de modo que el trabajo complementa y no sustituye la labor educativa y familiar.

- Cuando detectáis una situación grave, coordináis la respuesta con el centro educativo y, cuando hace falta, con recursos externos; ¿cómo está siendo esa coordinación real con los servicios de salud mental de la Generalitat y qué debería mejorar para que ningún caso se quede «en tierra de nadie»?

- Cuando se detecta una situación grave, el papel de Miinta es coordinar y acompañar para que el caso no quede aislado. Hay coordinación con los recursos públicos cuando es necesario derivar, pero uno de los grandes retos es el seguimiento entre una intervención y la siguiente, porque en el sistema público pueden pasar semanas o meses entre sesiones. Miinta cubre precisamente ese espacio intermedio, manteniendo el seguimiento con el joven y la familia y la coordinación con el centro educativo, con el objetivo de avanzar hacia una integración más fluida entre escuela, hogar, recursos públicos y profesionales externos.

- Mirando a cinco años vista, ¿cómo te gustaría que se hablara de la salud mental de los jóvenes catalanes y qué papel sueñas que tenga Miinta en esa foto futura?

- La aspiración es que la salud mental juvenil se aborde desde la prevención y sin estigmas, igual que se cuida la salud física. El deseo es que el bienestar emocional se considere un pilar fundamental de la salud y que Miinta forme parte de un ecosistema en el que familia, escuela y profesionales trabajen juntos de manera natural, con el acompañamiento integrado en el día a día, no como una excepción.