Detalle de una portada de 'El Capitán Trueno'

Historias de Barcelona

El escritor catalán que pasó de los campos de concentración a triunfar creando al Capitán Trueno

La intensa vida de Víctor Mora fue un espejo de su época

El Consejo Plenario del distrito de Gracia de Barcelona ha aprobado una propuesta para bautizar el espacio sin nombre que hay frente al casal Can Carol del barrio de Vallcarca como «plaza del Capitán Trueno». Este personaje, uno de los clásicos de Bruguera, fue creado por el guionista Víctor Mora y el dibujante Ambrós.

En este artículo, revisaremos la fascinante vida del primero, una biografía que puede resumirse como una mezcla de compromiso político, tragedia familiar y éxito editorial. Nació en Barcelona el 6 de junio de 1931. Al terminar la Guerra Civil, su familia se exilió a Francia. Allí estuvo hasta los 11 años, cuando regresaron a Barcelona, al ser invadida Francia por los alemanes. Allí tomó el primer contacto con los cómics con El Príncipe Valiente de Harold Foster.

El exilio en Francia no fue una transición amable, sino una lección de supervivencia. Con apenas ocho años, conoció el frío y la precariedad de los campos de internamiento, como Argelès-sur-Mer, donde la dignidad humana se ponía a prueba a diario bajo la vigilancia de las autoridades francesas.

Fue en este escenario de privaciones donde sufrió el golpe más demoledor de su infancia: allí murió su padre. Este suceso dejó a la familia en una situación de vulnerabilidad extrema. A pesar de todo Francia le regaló el idioma, el contacto con la literatura europea y una visión del mundo donde la libertad no era un concepto abstracto, sino una necesidad vital.

En Bruguera

De regreso a Barcelona empezó a trabajar en la Editorial Bruguera. En 1948 sustituyó a Rafael González Martínez y Francisco González Ledesma en la serie Doctor Niebla, que dibujaba Francisco Hidalgo. Luego vinieron Capitán Kerr, El Justiciero Errante, Vendaval y Al Dany. En 1956, para revalidar el éxito que tuvo Juan García Iranzo con El Cachorro, bajo el seudónimo de Víctor Alcázar, recibió el encargo de crear una serie de aventuras que compitiera con los éxitos del momento. Así nació El Capitán Trueno, una obra que rompería todos los moldes de la época.

Víctor Mora, el guionista que creó al Capitán Trueno

Acompañado por el dibujo de Miguel Ambrosio Zaragoza «Ambrós», Trueno no era el típico caballero medieval estático y fanático. Era un hombre de acción movido por un código moral universal que trascendía fronteras y religiones. La genialidad de Mora residió en su capacidad para burlar la estricta censura franquista. Mientras los censores buscaban propaganda política, Mora introducía valores de solidaridad, democracia y lucha contra la tiranía. El Capitán Trueno, junto a sus inseparables compañeros Goliath y Crispín recorría el mundo no para conquistar tierras en nombre de la Cruz o la Corona, sino para derrocar a déspotas locales y liberar a oprimidos.

La relación de Trueno con Sigrid y la reina de Thule también fue revolucionaria. Ella no era una damisela en apuros esperando ser rescatada, sino una mujer fuerte, independiente y compañera de armas. Eso era algo inaudito en la España de los años cincuenta.

Sus personajes reflejaban la lucha contra la opresión que representaba una de las bases de los ideales libertarios del autor, que ingresó en el PSUC a mediados de la década de 1950, siendo encarcelado por sus ideas políticas en 1957, el mismo año que se casó con la también guionista, escritora y directora teatral Armonía Rodríguez. Como escribió Jesús Lacasa Vidal:

Es difícil resumir en pocas frases la trayectoria de una personalidad con un talento creativo tan grande como el de Víctor Mora. En primer lugar, es el guionista más importante de la historieta española, con todas las mayúsculas: hablamos de creador literario de personajes tan emblemáticos para muchas generaciones como Capitán Trueno, Jabato, Corsario de Hierro, Dani Futuro, Sheriff King y un largo etcétera.

El éxito de El Capitán Trueno fue un fenómeno sociológico sin precedentes. Para los niños y adolescentes de la posguerra, era el símbolo de una libertad que no tenían. Este cómic llegó a vender 350.000 ejemplares semanales.

El segundo exilio de Víctor Mora se produjo entre 1962 a 1969. Durante esta etapa continuó enviando desde París sus guiones para Bruguera. Aparte de El Jabato y El Capitán Trueno también escribía El Cosaco Verde, El Sheriff King, Aventura en el fondo del mar, Galax el cosmonauta o Sunday. A partir de ese momento empezó a colaborar para la revista infantil de historietas Vaillant, que editaba el Partido Comunista francés.

En los 70, empezó a colaborar con las más grandes revistas de historietas de Francia y Bélgica como Tintin, Spirou, Pif Gadget, Super As, Bayard, Circus y, por supuesto, Pilote. Si hay que destacar a una personalidad que acogió con los brazos abiertos a Mora, y a otros historietistas que buscaban refugio en Francia, este fue René Goscinny, el padre de Astérix. Gracias a este publicó Las Crónicas del Sin Nombre, junto a Luis García. Como explica Lacasa Vidal:

Los dibujantes españoles gozaban de un gran prestigio en Francia, lo que atestigua el hecho de que, para un proyecto tan emblemático como fue L’Histoire de France en Bandes Dessinées, editado por Larousse en los años setenta, se contase con una muy importante nómina de autores de nuestro país: José Bielsa, Víctor de la Fuente, Xavier Musquera, Julio Ribera y Enric Sió, además del propio Víctor Mora como guionista.

Su producción literaria se extendió hacia la novela social y política, con obras como Els plàtans de Barcelona, donde exploró con realismo las cicatrices de la guerra y la posguerra. Mora siempre será recordado como el hombre que dignificó el cómic, elevándolo a la categoría de literatura con mayúsculas. Su regreso intermitente a Francia, ya no como un refugiado desamparado sino como un intelectual respetado, cerró el círculo de su exilio personal.

A propósito de la historieta afirmó que los hechos históricos solo deben ser usados como telón de fondo para la aventura individual, que es lo que verdaderamente engancha al lector. Víctor Mora falleció en Barcelona el 17 de agosto de 2016, con 85 años.