Miki, en un fotograma del vídeo publicado por el Arzobispado de BarcelonaAlça la mirada / YouTube

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Miki, 23 años y enfermo de cáncer: «Vi a Jesús en la cruz y mi vida no volvió a ser la misma»

Un joven catalán relata cómo el descubrimiento del amor de Cristo en plena lucha contra un cáncer mortal transformó su forma de entender la vida, el sufrimiento y la esperanza

Un joven catalán de 23 años, marcado desde los 17 por un cáncer mortal en estado avanzado, relata en un vídeo difundido por el Arzobispado de Barcelona cómo, en plena batalla contra la enfermedad y desde la cama de un hospital, alzó la mirada, contempló a Jesús clavado en la cruz y descubrió que Cristo había muerto por él, transformando para siempre el sentido de su vida, de su sufrimiento y de su esperanza.

«Siempre he sido una persona muy normal», explica Miki en el vídeo, que cuenta cómo creció en una familia y en un ambiente también normales, semejantes a los de tantos jóvenes. Desde pequeño intentó mantener una relación con Dios, pero reconoce que no fue hasta la adolescencia cuando su vida dio un vuelco inesperado.

Con 17 años, al inicio de segundo de Bachillerato, se encontró con «uno de los momentos más complicados» de su vida: los médicos le diagnosticaron un cáncer mortal en un estado muy avanzado. A partir de entonces, su día a día quedó marcado por los tratamientos, las estancias en el hospital y la lucha por sobrevivir.

Cuando todo cambió

Miki relata que fue precisamente en ese contexto de sufrimiento cuando todo cambió. En el hospital, «en mi sufrimiento, entre tratamientos», levantó la mirada y contempló a Jesús clavado en la cruz. En ese instante, relata, tomó conciencia, de forma personal y profunda, de que Cristo había muerto por él.

En su interior, percibió como si Jesús le dijera: «Todo esto yo lo he hecho por ti, para que puedas tener vida conmigo». A partir de ese momento, confiesa, su vida «no ha vuelto a ser igual». No desapareció la enfermedad, pero sí la manera de mirarla y de afrontarla.

Desde aquel encuentro, Miki ha pasado más de seis años sometido a tratamientos, luchando contra su enfermedad e intentando «sobrevivir a todo lo que se me ha puesto por delante». Sin embargo, destaca que su vida ha adquirido «un sentido diferente».

Saber que Jesús estaba a su lado, que había muerto por él y que le preparaba «el mejor de los regalos, que era el Reino de Dios», dio sentido no solo a su existencia, sino también a su propio sufrimiento. Esa certeza de fe se convirtió para él en un sustento interior capaz de iluminar la enfermedad y el dolor con la esperanza cristiana.

Miki resume así la clave de su camino espiritual: «A mí me cambió la vida, y eso fue gracias a alzar la mirada hacia el cielo y ver que Jesús me estaba esperando». Para él, «alzar la mirada» significa entregar el propio sufrimiento a Dios para que Él pueda transformar ese dolor en amor.

Su testimonio muestra cómo, en medio de la fragilidad y del límite humano, la fe en Cristo crucificado y resucitado puede dar un horizonte nuevo a la enfermedad, lejos de la desesperanza y abierto al sentido profundo de la vida y del destino eterno del hombre.