Detalle del sepulcro de mármol de la reina Elisenda de Montcada
Barcelona
La apertura de ocho sepulcros con siglos de antigüedad en Barcelona revela los secretos de la nobleza medieval
Una investigación en el Monasterio de Pedralbes arroja luz sobre la vida de los inquilinos de los sepulcros
La salida definitiva de la comunidad de monjas clarisas del Real Monasterio de Santa María de Pedralbes en 2025, tras 700 años de labor monástica ininterrumpida, marcó el inicio de un proyecto de intervención arqueológica y antropológica sin precedentes. Un equipo multidisciplinar de investigadores, dirigido por la directora del museo del monasterio, Anna Castellano-Tresserra, ha culminado la apertura y el análisis científico de ocho sepulcros del siglo XIV.
El estudio de los restos óseos de 25 individuos ha aportado los primeros datos materiales objetivos sobre las patologías, la dieta, la longevidad y las prácticas funerarias de la nobleza femenina de la Cataluña medieval, confrontando la documentación histórica con la realidad biológica de los esqueletos.
La investigación arqueológica coordinada por Josep Maria Vila, junto al restaurador Javier Chillida y la antropóloga física Carme Rissech, ha revelado que las identidades inscritas en los sarcófagos de piedra no siempre coinciden con los cuerpos depositados en su interior. Los análisis osteológicos demuestran una recurrente manipulación, reutilización y reorganización de los restos a lo largo de los siglos, lo que desmiente la inmutabilidad que tradicionalmente se atribuía a las sepulturas de la alta aristocracia eclesiástica y laica.
El equipo investigador, interviniendo la tumba de Constança de Cardona
El núcleo de la intervención se ha centrado en el análisis del sepulcro de la reina Elisenda de Montcada, fundadora de la institución en 1326 y última esposa del rey Jaime II. Tras enviudar, la reina residió en un palacio anexo al monasterio hasta su fallecimiento en 1364. La apertura de su tumba ha confirmado que recibió un entierro de notable austeridad material, coherente con los votos de la orden franciscana, al ser depositada directamente en una caja de madera que se conserva en el interior del nicho.
Los exámenes métricos y radiográficos realizados por el equipo de antropología determinaron que la reina Elisenda poseía una estatura elevada para los estándares demográficos del siglo XIV. Con una altura estimada de poco más de un metro y 60 centímetros, superaba de forma significativa la media de la población femenina de la época, que se situaba en un metro y 53 centímetros. El análisis del tejido óseo ratifica que falleció a una edad avanzada, cercana a los 70 años. Lo cual concuerda con las fechas de nacimiento 1292 y muerte 1364. Los restos presentan signos severos de desgaste articular propios de la senectud.
El hallazgo patológico más relevante en el esqueleto de la fundadora ha sido el diagnóstico de hiperostosis esquelética idiopática difusa (DISH). Esta afección metabólica provoca la calcificación progresiva de los ligamentos y tendones de la columna vertebral y otras articulaciones periféricas hasta causar su fusión. La DISH se correlaciona con niveles elevados y sostenidos de glucosa en sangre, habitualmente asociados a la diabetes tipo 2.
En el contexto de la arqueología medieval esta enfermedad funciona como un bioindicador de estatus socioeconómico alto, confirmando que la reina tuvo acceso continuo a una dieta rica, calórica y abundante, exenta de las restricciones nutricionales y las hambrunas que padecían las clases populares.
Desajustes
Los mayores desajustes entre la crónica histórica y el registro arqueológico se han localizado en las tumbas atribuidas a otras dignatarias del monasterio. El caso paradigmático es el de la sepultura de Francesca Saportella, sobrina de la reina y segunda abadesa de Pedralbes, de quien los documentos oficiales indicaban que había muerto a una edad longeva tras un mandato extenso.
Los análisis antropológicos de los restos contenidos en el nicho principal descartaron que correspondieran a una mujer anciana. El equipo forense identificó una acumulación de piezas óseas pertenecientes a un mínimo de nueve individuos de cronologías y edades diversas.
Este fenómeno evidencia la existencia de prácticas de enterramiento secundario y selectivo dentro de la comunidad. Los datos materiales sugieren que los cadáveres eran sometidos inicialmente a un proceso de descomposición en un espacio diferenciado o pudridero. Posteriormente, los huesos eran exhumados, seleccionados y trasladados de forma parcial o total a los sarcófagos monumentales para optimizar el espacio funerario disponible en el subsuelo del templo.
Restos de Sobirana d’Olzet, primera abadesa del Monasterio.
En varios elementos óseos, los investigadores detectaron marcas microscópicas de corte compatibles con procesos de descarnación intencionada, realizados con herramientas metálicas para limpiar los restos antes de su reubicación definitiva. La diversidad patológica identificada en los restos de las religiosas pertenecientes a los linajes más influyentes de la época, como las familias Pinós y Cardona, expone las condiciones físicas derivadas de la estricta disciplina monástica.
Esqueletos como el de la primera abadesa, Sobirana d'Olzet, presentan cuadros avanzados de artrosis generalizada en las rodillas, la columna vertebral y las articulaciones de la mandíbula. Las alteraciones óseas y las entesopatías, lesiones en las inserciones tendinosas, halladas indican la realización continuada de trabajos manuales pesados, como la confección de textiles de gran formato, combinados con el mantenimiento de posturas forzadas y prolongadas exigidas por la liturgia y los turnos de oración diaria. Asimismo, las modificaciones morfológicas en los huesos de la pelvis han verificado que algunas de estas mujeres ingresaron en la orden tras haber tenido partos previos durante su vida civil.
En el sector de los enterramientos laicos el estudio examinó el sepulcro de Artau de Foces, un individuo infantil vinculado a la nobleza protectora del cenobio. El análisis de este esqueleto determinó un estado de salud precario incompatible con una supervivencia prolongada.
Los huesos muestran porosidades corticales difusas y lesiones óseas compatibles con cuadros de desnutrición severa y déficit crónico de vitaminas esenciales. Este diagnóstico demuestra que la pertenencia a los estratos sociales más favorecidos no garantizaba la inmunidad inmunológica ni nutricional frente a las enfermedades del desarrollo en el periodo medieval.
La investigación se halla actualmente en su fase analítica de laboratorio. El equipo multidisciplinar aplica técnicas de datación por radiocarbono, o carbono 14, para establecer la secuencia cronológica exacta de los restos mezclados, junto con análisis de isótopos estables en el colágeno óseo. Estas analíticas complementarias permitirán determinar con precisión el origen geográfico de los individuos y reconstruir de manera individualizada sus patrones dietéticos basales, sustituyendo las hipótesis historiográficas tradicionales por datos científicos contrastables.