Saray, recibiendo el bautismo de manos del obispo auxiliar de Barcelona Javier VilanovaCedida

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Saray, la joven catalana que ofrece su testimonio al Papa: «Vi la maldad del hombre en su máximo exponente»

El Arzobispado de Barcelona destaca su conversión como un ejemplo de «alzar la mirada»: Saray recibió el bautismo en la pasada Vigilia Pascual

El camino que llevó a Saray Alfi a encontrarse con Jesucristo no fue sencillo ni directo, pero el Arzobispado de Barcelona considera que el testimonio de esta joven puede servir a tantos otros jóvenes en vísperas de la visita apostólica del Papa León XIV para «alzar la mirada» y encontrar la respuesta a sus inquietudes vitales y sus preocupaciones más hondas.

Por eso, el equipo que ha preparado las catequesis previas al viaje papal le pidió a esta joven barcelonesa de 26 años que escribiese su testimonio, y lo han incluido en el librito distribuido por toda la archidiócesis para preparar los corazones de los fieles para recibir a León XIV. «Cuando siento que la vida me abruma y que no puedo más, alzo la mirada y veo a Jesús en la cruz mirándome, con amor infinito», escribe Alfi.

Antes de llegar a este punto, no obstante, tuvieron que pasarle muchas cosas. «Yo vengo de una familia humilde, de padres muy trabajadores: mi padre era musulmán y mi madre, cristiana, pero ninguno era excesivamente practicante», relata Alfi a El Debate. La entrevista tiene lugar en una cafetería desde cuyos ventanales se ve la Sagrada Familia, parroquia a la cual pertenece actualmente la joven.

La infancia de Alfi transcurrió sin unos referentes eclesiales cercanos, con la excepción de su abuela, y tuvo un primer momento de crisis cuando le diagnosticaron la enfermedad de Crohn. «Recuerdo a mi abuela diciendo que rezaría, y a mi madre yendo tal vez a la capilla del hospital, pero yo tenía claro que Dios no existía, y que mi curación no dependía de Él, sino de los médicos», dice.

Alfi tenía 12 años y ya era atea, aunque algunos resquicios de luz lograban atravesar la coraza, como un momento en que recuerda dar gracias a algo por recuperarse a gran velocidad tras la operación. «Pero bueno, continué con mi vida, y si pensaba en la Iglesia era solo para criticarla, porque era el momento del auge del feminismo, y yo estaba en todo eso», explica.

Una ruptura total

«El verano después de la Selectividad –recuerda– tenía que ser el mejor de mi vida», pero ocurrió algo que lo cambiaría todo: «Asesinaron a mi primo, dejando a una mujer viuda y a un niño de 10 años huérfano». El joven estaba en un bar y salió en defensa de otro chico a quien un hombre empezó a molestar. El otro se marchó, compró un cuchillo y volvió al bar, donde cometió el homicidio.

Fue entonces, explica Alfi, cuando empezó «la época oscura, la peor etapa de mi vida», coincidiendo con el inicio de sus estudios universitarios. «Jamás imaginé que vería la maldad del ser humano en su máximo exponente», escribe la joven en su testimonio. Se revuelve en la silla: «Sentía desconfianza hacia todo, me sumí en la tristeza», relata, hasta el punto de que el confinamiento por la pandemia del covid-19 fue como un soplo de «aire fresco».

Cartel en Barcelona para dar la bienvenida al Papa León XIVG. Altarriba

No obstante, tampoco entonces tuvo reposo, porque en octubre de 2020 su abuela sufrió una caída y tuvo que ser ingresada en la UCI: tenía una neumonía grave y los médicos le explicaron a la familia que era una cuestión de días. Aquello, tras la concatenación de reveses sufridos por Alfi, fue la gota que colmó, metafóricamente, el vaso: «Me puse a llorar, y pensé que si mi abuela creía en Dios, yo también lo haría, y recé, y le pedí que me dejase despedirme de ella, decirle un último ‘te quiero’».

Y Dios la escuchó.

«Es muy complicado», reconoce, pero al mismo tiempo está segura de que fue así: «Hay una calidez en el corazón que te lo dice». Al cabo de una semana, pese al pronóstico de los médicos, su abuela estaba en casa. Vivió tres años y medio más: «Cada día le decía ‘te quiero’», señala Alfi, y así hasta el último día, en que falleció «rodeada de amor». «Aquí ya sí que le di las gracias a Dios por haberlo permitido», celebra.

Explica, no obstante, que fueron años «muy duros», entre el duelo por la muerte de su primo, un cáncer de su padre y la demencia que desarrolló su abuela... «pero fueron años que me enseñaron a amar de verdad y me permitieron conocer el valor de la vida, de la familia y del amor», escribe la joven.

«Dos años increíbles»

Todo aquello fue el punto de inflexión que la llevó a acercarse a la Iglesia y a pedir recibir catequesis para bautizarse. Fue en una iglesia cercana a su casa... que no era otra que la Basílica de la Sagrada Familia, donde durante dos años ha estado recibiendo formación: «Me dieron todas las facilidades posibles, han sido dos años increíbles», agradece la joven, que finalmente recibió el sacramento del bautismo en la pasada Vigilia Pascual, de manos del obispo auxiliar Javier Vilanova.

No lo hizo sola: «Creo que algo está pasando, y que a los jóvenes nos han vendido que para ser exitoso has de tener dinero, o sacarte tal carrera o tener tal trabajo… pero encontrarte con Dios es la pieza del puzle que falta», reflexiona. Hoy está serena, en paz: «Sigo padeciendo la enfermedad rara que me va a acompañar toda la vida –escribe Alfi–, pero ahora sé que Dios estuvo, está y estará siempre sosteniéndome. En estos años me he sentido profundamente amada por mi Padre del Cielo y también he aprendido que mi cruz tiene sentido. No es inútil ni un castigo. Con mi cruz puedo dar gloria a Dios».

Termina la conversación, pero queda una última pregunta flotando en el aire. «¿Has perdonado al asesino de tu primo?». «Dios te pide que perdones, aunque te hayan hecho algo espantoso», explica, y señala que es consciente de ello, pero que está «en proceso». «Me gustaría poder decir que le he perdonado, pero es un proceso que cuesta, y que no puedo hacer sola: voy de la mano de la Virgen María y de Jesús, y así voy caminando, pero es muy, muy complicado», concluye.