Mural del Buen Pastor en la iglesia de Sant JaumeArzobispado de Barcelona

Un mural, una danza y un corazón preparado para recibir al Papa en Santa Coloma de Gramenet

Gerard Guerra es el rector de ambas parroquias y asegura que «secuestraría al Papa y lo traería a Santa Coloma para darle un abrazo y luego devolverlo»

Hay visitas que se esperan con una agenda en la mano. Otras se preparan desde el corazón. En las parroquias de Sant Joaquim y Sant Jaume de Santa Coloma de Gramenet, la inminente llegada del papa León XIV a la archidiócesis de Barcelona se está viviendo de esta segunda manera: con ilusión, creatividad y una emoción que se contagia incluso más allá de los habituales círculos parroquiales.

El padre Gerard Guerra habla de estos días con una energía difícil de ocultar. Cuando le preguntan por su carácter alegre, sonríe y responde con sencillez: «es herencia de mis padres. Son personas muy alegres». Quizá por eso transmite la sensación de que está disfrutando cada momento de esta preparación colectiva.

La expectación es palpable. «La gente tiene muchas ganas. Hace tiempo que lo estamos preparando y están muy contentos, muy ilusionados, entusiasmados», explica. Y lo que más le sorprende es que el interés no se limita a quienes participan habitualmente en la vida parroquial. «La gente que me encuentro por la calle me dice: «Qué maravilla que venga el Papa. Qué gran persona parece ser»»., apunta. Una ilusión compartida por vecinos, feligreses e incluso representantes de la vida pública de la ciudad.

Aunque León XIV no visitará directamente Santa Coloma, en las parroquias de Sant Joaquim y Sant Jaume han decidido vivir el acontecimiento como algo propio. «Hemos puesto un cartel que dice «Bienvenido a Santa Coloma, porque lo vivimos como si estuviera entre nosotros», afirma Guerra.

La preparación ha tomado formas diversas. Algunas nacen de la música y la oración. Otras, del arte. Y es precisamente el arte el que está transformando estos días la iglesia de Sant Jaume en un espacio que sorprende a cualquiera que cruza sus puertas. Las paredes del templo se han convertido en un inmenso mural creado por el artista cubano Lester Valdés. La iniciativa surgió del encuentro entre el pintor y el párroco. Valdés soñaba con intervenir un espacio sagrado; la parroquia tenía unas paredes desnudas y una comunidad dispuesta a dejarse sorprender. El resultado ha sido una obra que no deja indiferente.

«Le dimos plena libertad para pintar lo que creyera», recuerda Guerra, quien también explica que «cuando entras, te lleva a otro lugar. Es sorprendente». Nada más cruzar la puerta, la mirada se encuentra con la figura del Buen Pastor, representado con los brazos abiertos. Para el artista, Cristo es la puerta que acoge y conduce hacia un espacio nuevo.

Lo que más impresionó al párroco fue descubrir cómo un artista que no es practicante había captado la esencia del mensaje evangélico. «Me dijo que quería dibujar al Buen Pastor que nos da la bienvenida porque Cristo es la puerta a través de la cual podemos entrar en un espacio diferente, donde nos encontramos personas con distintas maneras de pensar, distintas culturas y distintas realidades. Y Cristo está en el centro. La verdad es que me emocionó», asegura el párroco.

Bajo esa figura aparecen hombres y mujeres de diferentes edades, culturas y trayectorias vitales. Algunos avanzan con velas encendidas; otros parecen buscar respuestas. Sobre ellos, los ángeles acompañan el camino. «Toda la comunidad está representada. Hay personas de diferentes edades, razas y culturas. Hay quienes están buscando sentido, quienes están profundizando en su fe y quienes viven momentos distintos de esperanza y de caridad», explica Guerra. En definitiva, una imagen de la parroquia real, diversa y plural que cada día se reúne en torno a una misma fe.

Otra imagen del muralArzobispado de Barcelona

La reacción de quienes visitan la iglesia está siendo especialmente significativa. Una periodista que acudió recientemente para cubrir una información quedó detenida al entrar. «Dijo: «Esto es otra liga», recuerda el sacerdote entre risas. Más allá de la calidad artística, lo que perciben muchos visitantes es una experiencia difícil de explicar: «te abre el corazón, te hace cuestionarte cosas, te da serenidad. Como hay tantas representaciones, puedes sentirte reconocido en alguna de ellas».

Incluso el propio párroco se descubrió reflejado en uno de los personajes. «El artista me señaló una figura con una mano joven y una mano anciana y me dijo: «Este eres tú». Me sorprendió mucho esa mirada».

Música y danza

Mientras los pinceles siguen avanzando sobre las paredes de Sant Jaume, en la parroquia de Sant Joaquim la preparación toma forma de movimiento. Allí, un grupo de mujeres de la comunidad ha incorporado una danza contemplativa al himno oficial de la visita, «Alza la mirada».

Feligresas de la parroquia de Sant Joaquim de Santa Coloma de GramenetArzobispado de Barcelona

Desde hace semanas, después de las celebraciones, la canción se canta, se aprende y se comparte. El himno ha emocionado profundamente a la comunidad. «La primera vez que lo escuchamos nos tocó mucho. Musicalmente, emocionalmente y también por el contenido», explica Guerra.

La experiencia culminó con una dinámica inspirada en las vidrieras de la Sagrada Familia. Los participantes elaboraron unas ventanas simbólicas en las que escribieron motivos de agradecimiento, signos de esperanza y deseos para el futuro. Un gesto sencillo que acabó convirtiéndose en una oración compartida para pedir que la visita del Santo Padre sea fuente de renovación y de vida.

En el fondo, todas estas iniciativas parecen responder a una misma necesidad: prepararse. No solo para una visita histórica, sino para aquello que representa. Prepararse para dejarse interpelar, abrir espacios de encuentro y recordar que la esperanza también necesita expresarse.

Por eso, cuando Gerard Guerra bromea diciendo que, si pudiera, «secuestraría al Papa y lo traería a Santa Coloma para darle un abrazo y luego devolverlo», todos se ríen. Pero detrás de la broma hay una verdad sincera. León XIV no estará físicamente en aquellas parroquias. Sin embargo, en cada pincelada del mural, en cada paso de la danza y en cada firma del cartel de bienvenida, ya hay una comunidad entera preparándole un lugar.

«Hay mucha ilusión, mucha belleza y mucha paz», resume el sacerdote: «lo conseguiremos». Y quizá esa sea la mejor forma de recibir a alguien: hacerle sitio antes incluso de que llegue.