La sala de conciertos del Palau de la Música, en Barcelona
Historia
La conexión musical entre Viena y Barcelona: del concierto para violín de Berg al refugio de Schoenberg
Schoenberg se instaló junto a su esposa Gertrud en un rincón elevado, sereno y empinado del barrio de Vallcarca
La tarde del 19 de abril de 1936, el Palau de la Música Catalana de Barcelona fue el epicentro de la vanguardia europea. En el marco del XIV Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea (SIMC), la Orquesta Pau Casals, bajo la batuta de Hermann Scherchen, y con el violinista estadounidense Louis Krasner como solista, se estrenó el Concierto para violín y orquesta «a la memoria de un ángel» de Alban Berg.
Aquella partitura, que contenía un lirismo trágico y conmovedor, era un réquiem íntimo dedicado a la joven Manon Gropius. Hija del fundador de la Bauhaus, Walter Gropius, y de Alma Schindler, primera esposa de Gustav Mahler. La joven murió, el 22 de abril de 1935, víctima de la poliomielitis.
Impresionado por la muerte de la joven, por la cual sentía un afecto inmenso, Berg interrumpió la composición de su ópera Lulu para escribir este concierto. Berg y su esposa Helen pertenecían al círculo íntimo de Alma Mahler en Viena. El destino quiso que Berg no llegase a escuchar su concierto, pues murió víctima de una septicemia, provocada por una picadura de insecto mal curada, el 24 de diciembre de 1935, transformando la velada barcelonesa de abril en un doble homenaje póstumo que estremeció a la intelectualidad de la época.
Problemas con el asma
Para comprender la vinculación de la Segunda Escuela de Viena con la capital catalana, es imprescindible retroceder unos pocos años y poner la mirada en Arnold Schoenberg. El maestro de Berg llegó a Barcelona en octubre de 1931 acuciado por severos problemas respiratorios y huyendo del implacable clima centroeuropeo. Fue precisamente su discípulo catalán, Robert Gerhard, quien le convenció que la luz mediterránea y el aire suave de la ciudad aliviarían la asfixia que le provocaba el asma.
Schoenberg se instaló junto a su esposa Gertrud en los números 20-22 de la Bajada de Briz, un rincón elevado, sereno y empinado del barrio de Vallcarca, en el distrito de Gracia. El lugar elegido eran dos viviendas unifamiliares adosadas construidas en 1926 por el arquitecto Salvador Valeri i Pupurull.
Retrato de Schoenberg, por Egon Schiele
En aquel lugar Schoenberg encontró un remanso de paz y una etapa de plenitud creativa y vital. Allí nació, el 7 de mayo de 1932, su hija Nuria, bautizada con ese nombre como muestra de gratitud hacia la tierra que los acogía, y quien décadas más tarde uniría su vida a otra figura capital de la vanguardia musical, el compositor italiano Luigi Nono.
Durante aquellos meses, hasta julio de 1932, Schoenberg dirigió su conmovedor poema sinfónico Noche transfigurada al frente de la Orquesta Pau Casals, dio vida a la refinada Klavierstück Op. 33B, su última creación para piano solo, y estructuró el segundo acto de su monumental ópera inacabada Moses und Aron. En el reposo de Vallcarca el dodecafonismo encontró su articulación más ambiciosa, tejiendo la red conceptual que uniría para siempre el destino de la Viena atonal con la efervescencia cultural de la Barcelona republicana.
El refugio de Vallcarca
El viaje de Arnold Schoenberg a Barcelona fue, ante todo, una prescripción médica convertida en milagro creativo. Afectado por un asma bronquial crónico, que el frío berlinés lo convertía en insoportable, encontró en la Bajada de Briz el microclima idóneo para respirar y escribir. Aquella vivienda de Vallcarca se convirtió en el lugar idóneo donde perfeccionar la técnica que revolucionaría la música del siglo XX.
En aquel entorno escribió la Klavierstück Op. 33b, una pieza breve pero de deslumbrante complejidad contrapuntística, basada en la manipulación estricta de series dodecafónicas y oposiciones dinámicas extremas. La gran empresa de su estancia fue el segundo acto de Moses und Aron. En este libreto, escrito por él mismo, Schoenberg tradujo sus propias inquietudes espirituales y artísticas a través del choque encarnado entre dos personajes opuestos.
Para Moisés emplea el Sprechgesang, canto hablado, una declamación rítmica y austera que simboliza la pureza inaccesible de la idea divina, la verdad absoluta que se niega a ser adulterada por la palabra convencional. Por su parte Aarón canta con un lirismo elocuente y seductor, encarnando la pragmática necesidad de la imagen, la retórica política y la simplificación del mensaje para hacerlo accesible a las masas. La tensión filosófica entre la verdad pura y su traducción visible marcaba el dilema interno de un Schoenberg que buscaba la coherencia estructural absoluta en un mundo convulso.
Entre Viena y Cataluña
La estancia de los Schoenberg en Barcelona no se entiende sin Robert Gerhard Ottenwaelder. Compositor de visión cosmopolita, había sentido a principios de la década de 1920 la necesidad de romper con el aislamiento cultural que vivía España. En 1923 le escribió para solicitarle plaza entre sus alumnos, trasladándose a Viena y Berlín entre 1923 y 1928.
Gerhard fue el único discípulo español en el círculo íntimo de Schoenberg. De él no solo aprendió el rigor de la composición serial, sino la ética del artista frente a su tiempo. Al regresar a Cataluña introdujo las nuevas corrientes estéticas, impulsó la presencia de figuras internacionales y gestionó la logística y los cuidados para la estancia de la familia Schoenberg en Vallcarca. Gracias a él el XIV Festival SIMC se celebró en Barcelona.
La correspondencia mantenida durante años entre ambos atestigua una devoción mutua que trascendió la jerarquía académica para convertirse en una amistad epistolar madura, basada en el respeto intelectual y el afecto sincero. Gerhard es el puente musical entre la Segunda Escuela de Viena y Cataluña, aunque murió exiliado en Cambridge.
Volviendo al principio, el concierto «a la memoria de un ángel» de Berg no debía dirigirlo Scherchen, sino Anton Webern, también discípulo de Schoenberg. Webern sufrió una crisis nerviosa. Colapsó por el dolor tras la muerte de Berg y la frustración al no lograr la perfección técnica con la orquesta en poco tiempo. Como consecuencia de ello abandonó los ensayos. Fue Gerhard quien ayudó a gestionar que Hermann Scherchen asumiera la dirección del concierto para violín.