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El bar de Barcelona que enamorará a los niños: desayuno americano, tobogán y piscina de bolas

Un empresario suizo instala una zona de juegos infantil junto a las mesas de desayuno en su décimo local de la cadena

Un nuevo local de la calle Bailén, en Barcelona, se ha convertido en apenas dos meses en punto de encuentro para las familias del Eixample gracias a una fórmula tan sencilla como eficaz: desayuno de toda la vida —tortitas, huevos Benedict, café de especialidad— acompañado de una piscina de bolas, un tobogán y un columpio instalados junto a las mesas. El establecimiento, el décimo de la cadena Billy Brunch, ha abierto sus puertas este verano y su promotor asegura que la idea no busca sumarse a la moda viral del brunch, sino devolver el barrio a los vecinos.

Al frente del negocio está Billy Thorens, suizo de 38 años que lleva una década instalado en Barcelona y ocho años dedicado a la restauración. Desde que abrió su primer local en 2018, ha ido ampliando la cadena hasta sumar diez establecimientos: seis en Barcelona, dos en Madrid y dos en Sevilla. Su plan, según ha explicado a distintos medios, es llegar a medio centenar de locales y cerca de mil empleados en las próximas décadas, una plantilla que hoy ronda ya las doscientas personas.

El propio Thorens reconoce que el fenómeno del brunch arrastra una imagen controvertida en algunos barrios, donde se le asocia con la subida de precios y el desplazamiento del comercio de proximidad por el turismo. «Hoy en día el brunch se ha vuelto un tema de controversia, lo asocian a la gentrificación», admitió el empresario en unas declaraciones concedidas a El Periódico. Ante ese mismo diario defendió que su modelo apuesta por tarifas asequibles y que su propósito es atraer de nuevo a las familias que viven en la zona, no solo a los visitantes de paso: «Que vuelvan las familias del barrio», resumió como objetivo del negocio.

La respuesta del vecindario, según trasladó el propietario a El Periódico, ha sido notable: la piscina de bolas, visible desde el escaparate, ha multiplicado la afluencia de residentes que acuden a diario, más allá del habitual público turista e influencer que también se ha dejado ver por el local. «Nos ha traído muchísima gente del barrio, vienen cada día y es impresionante», relató Thorens.

No es la primera excentricidad del empresario: en otro de sus locales instaló hace años un patio con gallinas hasta que el Ayuntamiento lo descubrió, y actualmente utiliza un triciclo motorizado y un vehículo todoterreno decorados con un logo de pollito para trasladar a los clientes entre establecimientos y evitar colas, además de obsequiar con zumo de naranja durante la espera.