Un momento de tensión protagonizado por los activistas, que desplegaron una pancarta
La asfixia de los provida en Barcelona: «Provocaban para que alguien diera un puñetazo y acusarnos de violentos»
Un grupo de activistas abortistas reventó durante casi media hora el encuentro de Santa María de Montalegre, la primera pieza de una ofensiva provida que sigue con mil carteles en la ciudad
Unas treinta o cuarenta activistas abortistas infiltradas entre el público reventaron este jueves por la tarde, en la sala de actos de la iglesia de Santa María de Montalegre, en el Raval barcelonés, el acto «¿Y después del aborto, qué?», en el que cuatro mujeres y un hombre iban a narrar en primera persona las consecuencias de un aborto. La irrupción obligó a detener la sesión durante casi media hora, hasta que los Mossos d'Esquadra desalojaron a las manifestantes, y dejó sin emisión el streaming que seguían decenas de personas. El episodio se produce a dos semanas de que la capital catalana acoja una cumbre internacional abortista patrocinada por el Gobierno de España y la Generalitat, y llega en el arranque de una campaña provida que continuará con el despliegue de mil carteles por la ciudad y un acto en Madrid el día 29.
El acto arrancó puntual, a las 19.30 horas, organizado por Entitats per la Vida, el Corrent Social Cristià y la Plataforma per la Família Catalunya. La sala estaba casi llena: un centenar de asistentes habituales y, a última hora, se añade un grupo numeroso de chicas jóvenes.
«Pensé: qué suerte que vengan tantas chicas jóvenes, porque no es habitual que asistan a actos así», relata Daniel Arasa, presidente de la Plataforma per la Família, organizador de las conferencias de Montalegre y miembro de la dirección del Corrent Social Cristià. «Perdón por mi ingenuidad: en realidad eran las militantes abortistas», prosigue.
La interrupción llegó cuando Arasa cerraba su intervención inicial, en la que había recordado que lo legal y lo moral no siempre coinciden. Una lanzó la consigna y el resto la coreó: «avortament lliure i gratuït», «visca la lluita feminista» o el desagradable «fora rosaris dels nostres ovaris». Bajaron hacia la mesa de ponentes con una pancarta grande y otras de mano, se apoderaron del micrófono y se atrincheraron allí. «Se bloquearon de tal manera que no querían salir. Estaban muy organizadas», describe.
Hubo empujones, pero nada más, y no por casualidad: «Se veía perfectamente que provocaban para que alguien diera un puñetazo y luego poder acusarnos de violentos. Fuimos diciendo: cuidado, que no se os ocurra dar un golpe». Entre los gritos hubo además acusaciones de fascismo a los asistentes. La paradoja no se le escapa: «Cometen un acto violento y al final los violentos resultan ser los agredidos».
La organización llamo a los Mossos y las «activistas» desalojaron la sala. Los daños materiales fueron menores, pero uno resultó decisivo: la cámara quedó desmontada y el acto se cayó de la retransmisión. «Teníamos mucha gente siguiéndolo. Las grabaciones de los testimonios no existen», lamenta.
Restablecido el orden, el acto se celebró con normalidad. Intervinieron cuatro mujeres y un hombre, localizados a través de entidades que acompañan a madres en dificultad. No todos son creyentes: «No tenía un objetivo religioso, sino la defensa de la vida, y eso lo puede dar también una persona no creyente», precisa Arasa.
El hilo común fue el daño que perdura. El aborto, sostuvieron, no solo elimina al hijo no nacido: deja a la mujer herida durante años, con pesadillas y un sufrimiento silencioso que en algunos casos solo aflora mucho tiempo después, en circunstancias reconocibles de soledad, miedo y abandono.
El único hombre que asistió como ponente acompañó a su entonces novia a abortar cuando ambos tenían veintiún años. Su presencia respondía a una convicción: «Muchas veces se deja sola a la mujer como única responsable, pero el hombre también es culpable, porque en muchos casos es el que induce, el que presiona o el que plantea abandonarla, y ella se ve forzada».
Frente a ese despliegue que trató de terminar con el evento, los organizadores extraen una lectura serena. «Aunque para nosotros haya sido un pequeño trauma, demuestra que hacemos algo importante: si uno no hace nada, nadie se mete con él», resume Arasa, que remata con el principio que sostiene la campaña: «No queremos ganar a las personas, defendemos los principios. La vida es el principio más importante, porque ningún derecho puede tener la persona si no vive».
Daniel Arasa comenta que Montalegre era solo el primer paso. Entre el 25 de septiembre y el 1 de octubre, las mismas entidades desplegarán mil carteles de gran formato en los espacios de publicidad libre de Barcelona para recordar que hay alternativas al aborto, en los días previos a la cumbre. El 29 de septiembre la campaña llega al Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la calle Almagro, en Madrid, con Jaime Mayor Oreja. Allí se abordará también el proyecto de ley que impulsa la Comunidad de Madrid, que los organizadores consideran pionero como avance en el reconocimiento del no nacido.
Del 1 al 3 de octubre, Barcelona acoge una cumbre internacional abortista que reunirá a más de 200 participantes de todo el mundo. El día 1, en el Campus de la Ciutadella de la Universidad Pompeu Fabra, se celebra el Foro Internacional de Alianzas por el Derecho al Aborto, organizado por L'Associació Drets Sexuals i Reproductius y su programa Quiero Abortar, con mesas dedicadas al activismo «dentro del sistema de salud», en la movilización política y en la investigación. Los días 2 y 3 llega la 16ª Conferencia Internacional de la FIAPAC, que se estrena en la ciudad bajo el título «Más allá de las divisiones», con ponencias sobre los «avances» en sustancias abortivas o los tratamientos «después de las 24 semanas».
El sello institucional recorre el programa. Está previsto que inauguren la jornada la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y la secretaria general de Igualdad y Feminismo de la Generalitat, Sonia Guerra, junto a la presidenta de la entidad organizadora, Imma Clarà; en la clausura se anuncian la ministra de Sanidad, Mónica García, y la consejera de Salud, Olga Pané, todas ellas pendientes de confirmación según el propio programa. La presencia de la Generalitat va más allá del protocolo: el director del Plan de salud afectiva, sexual y reproductiva del Departamento de Salud, Ramon Escuriet, interviene en la mesa sobre la situación del aborto en España, y la presidenta del Consejo Asesor de Políticas de Género del mismo departamento, Elena Carreras, modera otro de los bloques.