Primer autobús 1906

El largo viaje del autobús urbano que transformó la movilidad en Barcelona

Inaugurado en 1906, el autobús urbano en Barcelona superó fallos mecánicos y crisis para consolidar una red flexible y moderna

Antes de la consolidación de los motores de combustión las calles de Barcelona dependían del transporte guiado por raíles y de los carruajes de tracción animal. A finales del siglo XIX los ómnibus tirados por caballos eran la principal alternativa para desplazarse fuera del casco antiguo. El imparable crecimiento demográfico, tras el derribo de las murallas, y la expansión hacia el Eixample de Cerdá exigían soluciones más rápidas, eficientes y con mayor capacidad de pasaje.

El punto de inflexión en el transporte de superficie sin raíles se produjo en 1905, cuando el Ayuntamiento de Barcelona concedió una licencia para explotar una red urbana de vehículos autopropulsados. La empresa encargada de llevar a cabo esta aventura fue la Compañía La Catalana de Ómnibus.

El 12 de agosto de 1906 pasó a la historia local al inaugurarse de manera oficial la primera línea regular de autobuses motorizados de Barcelona. El trayecto conectaba la Plaza de Cataluña con la Plaza Trilla en la villa de Gracia. Subía el Paseo de Gracia, pasaba por los actuales Jardinets de Gràcia que se construyeron en 1929, y la calle Gran de Gràcia llamada entonces calle de Salmerón, hasta la Plaza Trilla.

Para prestar este servicio, La Catalana importó de Francia una flota de autobuses del modelo Brillié-Schneider. Estos vehículos presentaban una configuración de tipo imperial, caracterizada por disponer de dos plantas. La cubierta superior carecía de techo, lo que obligaba a los viajeros del segundo piso a soportar las inclemencias del tiempo a cambio de una vista panorámica. A pesar del entusiasmo inicial del público y de ofrecer tarifas competitivas de tan solo 10 céntimos por pasaje, la experiencia resultó ser efímera.

El contexto económico y técnico de 1906 no era del todo favorable para el autobús de motor. La corta vida de la empresa La Catalana, que terminó suspendiendo el servicio hacia 1908, se debió a una combinación de factores estructurales.

Los autobuses sufrían averías constantes, pues los motores de combustión de la época sufrían un desgaste acelerado debido al mal estado del pavimento adoquinado y a la falta de repuestos. El desgaste continuo de las ruedas de goma maciza sobre vías imperfectas encarecía la explotación diaria. A pesar de que las compañías de tranvías eléctricos contaban con una infraestructura consolidada, mayor capacidad de transporte y un respaldo financiero sólido con el que sofocaron la irrupción de un nuevo competidor, tuvieron que cerrar.

El servicio fue rescatado para conectar los barrios obreros de El Clot y el Poblenou de 1908 a 1933. Durante años volvió a usarse la tracción animal hasta que los motores mejoraron. Eran propietarios de esta línea José Arqué y Rafael Martí Porqueras. Jacinto Galcerán compró la línea en 1925, volviendo a utilizar autobuses a motor Hispano-Suiza. En 1933 el empresario Miquel Martí Adell, fundador de Moventis, adquirió la línea.

Tras la retirada de los autobuses de La Catalana de Ómnibus, la ciudad atravesó un período de estancamiento en este sector. Un segundo intento por recuperar el transporte en autobús tuvo lugar en 1914 de la mano de la Compañía Nacional de Autobuses (CANSA). El estallido de la Primera Guerra Mundial bloqueó la llegada de suministros, repuestos e importaciones de combustible desde Europa, frustrando de nuevo el proyecto antes de que pudiera arraigar en la sociedad barcelonesa.

Superada la Gran Guerra, el crecimiento económico de los años veinte propició las condiciones para una reestructuración profunda del transporte colectivo. El 22 de marzo de 1922 se constituyó la Compañía General de Autobuses de Barcelona, S.A. (CGA). La fundaron Alfredo Arruga Liró, Luis Puig de la Bellacasa, Antonio Antich Portell, Beltrán T. Rumble y las firmas Tilling-Stevens Motors Ltd. y Vickers Ltd.

Con un enfoque profesionalizado, capital renovado y una visión a largo plazo, la CGA sentó las bases organizativas del sistema. La CGA apostó por la tecnología británica, adquiriendo una destacada flota de autobuses del modelo Tilling-Stevens TS3A, precursores mecánicos de los actuales autobuses híbridos. Eran capaces de alcanzar y mantener los 20 km/h. con total soltura. Estos vehículos desembarcaron en el puerto barcelonés y destacaron por su característico color rojo y su sistema de transmisión electromecánica, que reducía tirones y mejoraba el confort de la marcha.

El 14 de octubre de 1922 se inauguró oficialmente la Línea A o línea de circunvalación, de la Estación de Francia a la zona universitaria e industrial de la izquierda del Ensanche, volviendo a la estación. Con ello se restableció el servicio de autobuses. En 1923 se pusieron en marcha nuevas rutas como las líneas B que conectaba Sants con Sant Martí; la C de las Atarazanas a San Andrés; y la D de Gràcia a la Barceloneta.

La implantación del autobús en Barcelona no solo democratizó los desplazamientos dentro de la trama metropolitana, sino que transformó la fisonomía de la ciudad. A diferencia del tranvía, que requería una costosa instalación de raíles y catenarias, el autobús aportaba una flexibilidad operativa que adaptaba sus recorridos a las constantes obras urbanísticas del Eixample y a las necesidades de los nuevos barrios obreros.

Los emblemáticos autobuses de dos pisos, primero los Tilling-Stevens de los años 20 y posteriormente los modelos CGA España, introducidos a partir de 1929 con motores diésel, se convirtieron en un icono de la estampa barcelonesa durante gran parte del siglo XX. El rescate y la restauración de unidades históricas por parte de la Fundación TMB permiten preservar el legado de aquellos pioneros que, desde el viaje inaugural entre Plaza Cataluña y Gracia en 1906, sentaron las bases de la moderna red de movilidad metropolitana.

Con el paso de los años, y para evitar la competencia feroz en el transporte de superficie, la empresa Tranvías de Barcelona, S.A., filial de capital belga e inglés que dominaba el transporte de la ciudad, fue absorbiendo el control de la CGA hasta unificar las redes. Finalmente la CGA se disolvió oficialmente en diciembre de 1940, pasando todos sus activos a integrarse en Tranvías de Barcelona, lo que hoy en día conocemos como la red pública de autobuses de Transports Metropolitans de Barcelona.