Anabel Lunar, directora de la Selecta de churros
Anabel Lunar: la tercera generación de la churrería Sagrada Familia que se atrevió a crear el churro salado
La tercera generación de la Churrería Sagrada Familia prepara una nueva etapa con Carmen Atelier de Churros y aspira a crecer para ayudar a niños enfermos y a sus madres
Anabel Lunar Espinosa creció ayudando los fines de semana en el negocio familiar que hoy dirige: La Selecta Churros, antigua Churrería Sagrada Familia. Representa la tercera generación de una casa con 76 años de historia, a la que quiere dar un nuevo impulso sin olvidar el trabajo de sus padres y abuelos. Su experiencia con un hijo enfermo está detrás de su deseo de ayudar a otras familias con las ganancias de su negocio, además de la motivación de continuar el legado familiar.
- ¿Cómo llegaste a hacerte cargo de la churrería familiar?
- Mi padre se jubiló hace unos años y me quedé yo. Yo era azafata de vuelo, pero tuve que dejar de trabajar para atender a mi hijo, que padece una enfermedad. Fue un camino muy duro y a los seis años su padre se marchó, nos dejó tirados a los dos y en aquel momento mi vida se fue a otro planeta y tuve que volver al negocio familiar. Llevo ya unos 15 o 16 años.
- ¿Y ¿cómo empezaste a innovar en un producto tan tradicional como el churro?
Los churros de la churrería La Selecta de Churros, antigua churrería Sagrada Familia
- Al principio me aburría, todavía no había turismo y no había tanto trabajo. Entonces empecé a crear churros diferentes y a escuchar al cliente, porque, por ejemplo, en esa época los churros rellenos se bañaban en azúcar y la gente decía que eran demasiado dulces. Yo soy de las primeras que empecé a ponerle fruta a los churros, y luego hice versiones saladas como las virutas ibéricas con queso, la sobrasada con queso calentito y miel, o el churro Fran, un churro con Frankfurt, que tuvo mucho éxito con los turistas japoneses y chinos.
- ¿Cómo recibió tu padre aquellos cambios?
- Decía que yo estaba como una cabra, que dónde iba haciendo esas cosas. En mi casa son muy tradicionales y yo soy muy emprendedora, así que me costaba mucho. Pero ahora el churro relleno de Nutella con fresa y plátano, el de Kinder o el de pistacho, que empecé a hacer yo, tienen mucho éxito en distintos comercios.
- La churrería en la que han trabajado dos generaciones de tu familia previamente a ti es la churrería Sagrada Familia. ¿Por qué quieres cambiar el nombre a Carmen Atelier de Churros?
- Porque quiero expandirme y el nombre debe ser fácil para abrir en otros países, un nombre que no tenga mucha dificultad para pronunciar por alguien no español. Además, Carmen representa para mí a la mujer empoderada española, que ha tenido que luchar mucho y que está aquí dándolo todo para sacar a sus hijos adelante.
Los churros de la churrería La Selecta de Churros, antigua churrería Sagrada Familia
— ¿Cómo se concreta tu propósito de ayudar a niños enfermos y a sus familias con el proyecto de Carmen Atelier de Churros?
- Cuando estaba pasando el peor momento de mi vida prometí que si algún día podía montaría una empresa para ayudar a los niños enfermos que no tienen recursos y a sus madres, porque he visto a tantas mamis sufriendo en esta sociedad tan complicada y que no te apoya... De momento colaboramos con Sant Joan de Déu y estamos creando un churro para niños; todavía estamos mirando a qué parte derivar lo que se recaude.
- ¿Qué planes tienes para hacer crecer el negocio?
- Tengo un inversor para Dubái y también en India; estamos mirando Londres y Nueva York, pero poco a poco, porque quiero hacerlo bien, no quiero abrir por abrir. El cometido de todo esto es poder ayudar a los más pequeños y a sus familias, quienes en situación de enfermedad sufren mucho.
Además, también quiero que mis padres, Rufo y Ana, quienes han estado al mando del negocio durante muchos años, se sientan orgullosos de mi. Yo estoy aquí gracias a ellos y a mi abuelo, quien hacía churrerías de madera, las ponía en la calle y enseñaba la profesión; después mis padres se hicieron cargo del negocio.