Uno de los cangrejos chinos encontrados en la Albufera, Valencia
Aparece en la Albufera tras la dana una dañina especie china de cangrejo
Este crustáceo se ha identificado como hospedador secundario del parásito Paragonimus westermani, lo que plantea un posible riesgo para la salud humana si la especie llega a expandirse sin control en España
La Albufera, un ecosistema de gran valor ecológico, enfrenta una nueva amenaza: la llegada del cangrejo chino, Eriocheir Sinensis, una de las especies invasoras más dañinas del mundo. Su aparición en las aguas del humedal valenciano ha encendido las alarmas entre científicos y autoridades medioambientales, quienes advierten sobre los posibles impactos de este crustáceo en la biodiversidad local.
En las semanas posteriores a la dana que azotó a la Comunidad Valenciana, los pescadores de El Palmar capturaron varios ejemplares vivos de un cangrejo desconocido. La identificación oficial de la especie llegó poco después, de la mano de un equipo de investigación de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Se trataba del cangrejo chino, un crustáceo originario de los estuarios de Asia catalogado como especie exótica invasora en España desde 2013.
«Si le va bien, tiene una capacidad de expansión muy potente», advierte Alberto Gil Fernández, investigador adjunto de la UPV y experto en ecosistemas marinos al periódico Levante-EMV hace unos días. Este cangrejo, más pequeño que el cangrejo azul, Callinectes Sapidus, puede medir entre 3 y 10 centímetros de ancho y sus patas son notablemente largas en comparación con su corazón.
La forma exacta en la que este crustáceo llegó a la Albufera sigue siendo un misterio. Sin embargo, los expertos creen que su entrada está relacionada con la dana, ya sea por la apertura de compuertas que conectan el humedal con el mar o por su desplazamiento a través de algún cauce fluvial.
Medición del cangrejo chino capturado en la Albufera tras la dana
La historia del cangrejo chino en Europa no es reciente. Su primera aparición en el continente data el 1912, cuando se estableció en Alemania. Desde entonces, ha colonizado diversos ríos y estuarios, expandiéndose por la Península Ibérica a finales de los años 80. En España, se han registrado poblaciones en el estuario del Guadalquivir y en Zumaya (Guipúzcoa), aunque su distribución se ha mantenido relativamente controlada gracias a las estrategias de contención implementadas.
Este crustáceo es especialmente problemático debido a su comportamiento migratorio. Conocido también como Cangrejo Peludo, por una especie de 'pompón' que lleva en las pinzas, su ciclo de vida comienza en agua dulce, donde permanecen durante dos o tres años antes de desplazarse río abajo hacia el mar para reproducirse. Durante su crecimiento, excavan galerías en las riberas, lo que puede provocar graves problemas de erosión en los ecosistemas acuáticos.
La rápida adaptación del Eriocheir Sinensis a diferentes hábitats ha sido clave en su expansión. Se ha observado en climas templados de todo el mundo, incluyendo zonas con aguas contaminadas, lo que demuestra su gran capacidad de supervivencia y adaptación a entornos alterados.
Ejemplar del cangrejo chino capturado en la Albufera
La llegada del cangrejo chino a la Albufera podría tener consecuencias significativas. En primer lugar, su tendencia a excavar galerías en las orillas de los ríos y lagos supone una amenaza para la estabilidad del ecosistema, favoreciendo la erosión y afectando la vegetación ribereña.
Además, se trata de una especie omnívora que puede alterar la cadena alimentaria. Durante su fase juvenil, se alimenta de vegetación acuática, pero en su etapa adulta consume pequeños invertebrados, gusanos, almejas e incluso peces. Esto lo convierte en un fuerte competidor para las especies autóctonas, poniendo en riesgo la biodiversidad del humedal.
A nivel económico, su presencia podría afectar a los sectores de la pesca y la acuicultura. En otras regiones donde ha proliferado, ha ocasionado daños en estructuras de captación de agua, diques y canales. En Asia, además, se ha identificado como hospedador secundario del parásito Paragonimus westermani, lo que plantea un posible riesgo para la salud humana si la especie llega a expandirse sin control en España. Este parásito puede infectar a los humanos y a otros mamíferos, en 2018 se dio el primer caso de muerte por Paragonimus westermani en la República Argentina.
Cangrejo chino donde se pueden apreciar los «pompones» en las pinzas
Ante la detección de los primeros ejemplares, la Consejería de Medio Ambiente, Infraestructuras y Territorio ha activado el protocolo de especies invasoras. Según el departamento dirigido por Vicente Martínez Mus, se ha puesto en marcha un seguimiento intensivo en la zona para determinar si existen más ejemplares y evaluar el grado de establecimiento de la especie en la Albufera.
La estrategia de control se basará en medidas similares a las aplicadas en el estuario del Guadalquivir, donde el uso de trampas especializadas permitió reducir significativamente la población de cangrejos chinos. Estas trampas, diseñadas con redes de nylon y colocadas en líneas perpendiculares a la orilla, han demostrado ser efectivas para capturar juveniles durante su migración.
Sin embargo, los expertos insisten en la necesidad de reforzar las medidas preventivas para evitar la expansión de esta especie. El control de las aguas de lastre de los barcos comerciales, una de las principales vías de introducción de especies invasoras, es clave para frenar su propagación.
El cangrejo chino se suma a la lista de amenazas que enfrenta la Albufera, un ecosistema ya afectado por la contaminación, sobre todo tras la dana, la sobreexplotación de recursos hídricos y la proliferación de otras especies invasoras, como el cangrejo azul.
La comunidad científica sigue con atención la evolución de la especie en la zona. «Nos falta aún mucha información», admite Gil Fernández, quien subraya la importancia de seguir monitorizando la situación para determinar si el Eriocheir sinensis logra establecerse en el humedal.