Representación de los miracles de San Vicent Ferrer AVAN/A. SAIZ 26/9/2019AVAN/A. SAIZ

Procesión, misa y mascletà: así se celebra San Vicente Ferrer en Valencia este 2025

Uno de los elementos más distintivos de la celebración son los «miracles», pequeñas representaciones teatrales en valenciano que escenifican los milagros atribuidos al santo

Cada segundo lunes de Pascua, las calles de Valencia se transforman en un escenario de fervor y tradición para conmemorar a uno de sus hijos más universales: San Vicente Ferrer. Patrón de la Comunidad Valenciana y figura de trascendencia europea en el siglo XIV, su vida y legado siguen vivos gracias a una celebración que conjuga religiosidad, cultura popular y memoria histórica.

San Vicente Ferrer nació en Valencia el 23 de enero de 1350 en el seno de una familia profundamente religiosa. Ingresó en la orden de los dominicos siendo muy joven, y con el tiempo se convirtió en una figura clave del pensamiento teológico medieval. Su fama como predicador le valió el sobrenombre de «el ángel del Apocalipsis», debido a sus intensos sermones centrados en la conversión y el juicio final. Su actividad no se limitó a Valencia: predicó en Francia, Italia, Suiza y el norte de África, y participó en hechos históricos relevantes, como el Compromiso de Caspe de 1412, que resolvió la sucesión de la Corona de Aragón.

A pesar de su proyección internacional, Vicente Ferrer mantuvo un fuerte vínculo con su tierra natal, donde falleció en 1419. Fue canonizado en 1455 por el papa Calixto III y, desde entonces, su figura ha sido central en el imaginario espiritual y cultural de los valencianos. La festividad comenzó a celebrarse con intensidad a mediados del siglo XV y, en 1644, fue proclamado patrón del antiguo Reino de Valencia.

Uno de los elementos más distintivos de la celebración son los «miracles», pequeñas representaciones teatrales en valenciano que escenifican los milagros atribuidos al santo. Estas obras, interpretadas por niños menores de 13 años, mantienen una estructura en verso y se llevan a cabo en escenarios llamados altares, instalados en distintos puntos de la ciudad. Se trata de una tradición transmitida de generación en generación, que refuerza tanto el arraigo religioso como la identidad cultural de la región.

Programación

La programación de 2025 mantiene viva esta herencia con una serie de actos organizados por la Junta Central Vicentina (JCV). El Concurso de Miracles, que se celebra los días 22, 23 y 24 de abril en la sede de la ONCE en la Gran Vía Ramón y Cajal, contará con la participación de más de 150 niños de 12 altares distintos. La final del concurso se celebrará el 26 de abril, con una representación pública del miracle ganador en la plaza de la Mare de Déu.

Una figura de San Vicente Ferrer, en ValenciaArchidiócesis de Valencia

La jornada del lunes 28 de abril, día grande de la festividad, arrancará con una misa pontifical en la Catedral de Valencia a las 10 de la mañana. A las 12 horas tendrá lugar una emotiva ofrenda de flores en la plaza del Ayuntamiento, cuyo recorrido finalizará en la Casa Natalicia de San Vicente Ferrer, donde se instalará un tapiz floral en su honor.

Uno de los momentos más esperados por los asistentes será la mascletà, que este año correrá a cargo de la pirotecnia Vulcano. Tendrá lugar a las 14 horas en la plaza de Tetuán, como parte de una jornada que fusiona la solemnidad litúrgica con la expresividad festiva del pueblo valenciano.

Por la tarde, a las 19 horas, arrancará la tradicional procesión desde la Catedral, recorriendo el centro histórico en un itinerario que pasará por enclaves emblemáticos como la calle de la Paz, la plaza Tetuán, la iglesia de Santo Domingo y la Capilla del Pocito de San Vicente, hasta regresar a la Catedral. Este recorrido no solo es una muestra de devoción, sino también un paseo por los escenarios más significativos en la vida del santo.

La celebración de San Vicente Ferrer en Valencia es, en definitiva, una manifestación viva de la espiritualidad colectiva y de la continuidad cultural de un pueblo. Año tras año, niños y mayores, vecinos y visitantes, se reúnen para rendir homenaje a un santo que trasciende lo religioso para encarnarse como símbolo de identidad. Una conmemoración que, lejos de anclarse en el pasado, demuestra su vitalidad al adaptarse y mantenerse en el presente.