Imagen de las Carmelitas Descalzas procedentes de Perú en su llegada al convento de Onda, Castellón
De Perú a Castellón: diez monjas de clausura huyen de la inseguridad en Lima y reabren un convento en Onda
Las Carmelitas Descalzas abrirán las puertas del Monasterio de San José y Santa Teresa de la localidad castellonense, cerrado desde 2022
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El Monasterio de San José y Santa Teresa de Onda ha vuelto a abrir sus puertas después de permanecer cerrado desde 2022, cuando la comunidad de Clarisas que lo habitaba se trasladó a Alcalá de Henares. Ahora, son diez religiosas Carmelitas Descalzas, procedentes de Manchay, en Lima (Perú), quienes han devuelto la vida a este espacio de oración y silencio en la Diócesis de Segorbe-Castellón. La llegada de estas hermanas ha sido acogida como un signo de esperanza en un momento marcado por la falta de vocaciones y por los cierres de conventos en distintos lugares de la diócesis.
La celebración de bienvenida tuvo lugar con una Eucaristía presidida por el obispo Casimiro López Llorente, que destacó la importancia de la presencia de esta comunidad contemplativa y la definió como un regalo de Dios para la Iglesia local. En la misa participaron numerosos fieles, sacerdotes, religiosas y autoridades civiles, entre ellas la alcaldesa de Onda, Carmina Ballester, que quiso expresar la gratitud del municipio y asegurar que la ciudad «se siente bendecida» con su llegada.
Odisea desde Perú a Onda
El traslado desde Perú no fue sencillo. Las Carmelitas explican que las dificultades materiales y la creciente inseguridad en Manchay hicieron cada vez más difícil la vida de clausura. «Nuestro carisma es silencio, oración y vida en comunidad, y todo eso se veía amenazado», señala la madre María Cándida de la Eucaristía, priora de la comunidad. Tras un proceso de discernimiento, pidieron ayuda al arzobispo de Lima, que apoyó su traslado y gestionó, junto al Vaticano, la posibilidad de establecerse en España. El obispo de Segorbe-Castellón abrió entonces las puertas de Onda y, en apenas unos meses, las religiosas pudieron instalarse en su nuevo hogar.
Las Carmelitas Descalzas en la Eucaristía de bienvenida presidida por el obispo Casimiro López Llorente
Las hermanas cuentan que vivieron el viaje con austeridad, llevando solo lo imprescindible y utilizando costales en lugar de maletas para ahorrar peso y dinero. Lo más valioso que trajeron fue una imagen de la Virgen del Carmen, que hoy preside el coro del convento y que se ha convertido en el corazón espiritual de la nueva comunidad. «Ella nos acompaña en la oración diaria y nos recuerda que, aquí o en Perú, lo esencial es amar al Señor con todo el corazón», explica la madre Rocío del Niño Jesús, supriora.
El convento de Onda todavía conserva elementos de su pasado franciscano, como la ausencia de rejas en el coro o un torno visible hacia el exterior. Las Carmelitas reconocen que poco a poco deberán adaptar los espacios a su forma de vida, marcada por una clausura más estricta. Pese a ello, la acogida de los vecinos ha sido cálida y cercana. «Nos hemos sentido muy queridas desde el primer día», afirman las religiosas.
Imagen de las Carmelitas Descalzas procedentes de Perú saludando a las monjas españolas
Durante la celebración de reapertura también estuvieron presentes las Clarisas de Alcalá de Henares, quienes entregaron con emoción el convento a las Carmelitas. Recordaron el dolor que supuso su marcha en 2022, pero al mismo tiempo expresaron la alegría de ver que la casa sigue cumpliendo el fin para el que fue creada: ser lugar de oración y consagración. «Hoy nos sentimos unidas a las Carmelitas en misión y en oración», señalaron, convencidas de que la vida contemplativa continúa en Onda gracias a esta nueva etapa.
La llegada de las Carmelitas Descalzas significa que el convento vuelve a ser un pulmón espiritual para la diócesis. En palabras del obispo, se trata de un regalo que no solo enriquece a Onda, sino a toda la Iglesia. Las religiosas, escondidas al mundo, pero firmes en la oración, ofrecen su vida como sostén silencioso de sacerdotes, familias y comunidades, recordando que la fe se alimenta tanto de la acción visible como del sacrificio discreto de quienes rezan cada día por los demás.
La presencia de esta comunidad de Carmelitas no solo asegura la continuidad de la vida consagrada en Onda, sino que también refuerza el valor simbólico de mantener vivo un convento que forma parte de la historia y del patrimonio espiritual del municipio. Para muchos vecinos, ver de nuevo abiertas las puertas del monasterio significa recuperar un espacio de fe que había quedado en silencio, devolviendo esperanza y sentido de permanencia a una tradición centenaria. La oración de estas religiosas, invisible para el mundo exterior, es percibida como un sostén imprescindible que nutre a toda la diócesis en medio de una sociedad cada vez más secularizada.