¿Presidente Pérez, Pérez Llorca o Llorca?
Diana Morant no debió tener tiempo ni ganas de venir a Valencia a la toma de posesión de Juan Francisco Pérez Llorca como presidente de la Generalitat
No es pregunta fría. Tampoco ociosa ni baladí. No. Ya se ha podido escuchar a algunas voces opositoras referirse al nuevo jefe del Consell como «presidente Pérez» con tonillo y retintín con pretensiones burlescas que, dentro de lo que se ha escuchado, ha sido de lo menos ofensivo en la graneada ofensiva con que Muñoz, Maldoví y otros correligionarios del mismo jaez, han respondido a las generosas ofertas de perdón, diálogo, entendimiento, superación de enojos y crispación que, con mano tendida y limpia, ha lanzado en sus primeras comparecencias el presidente de la Generalitat, Juan Francisco Pérez Llorca.
Para los periodistas que deben titular una noticia para encajarla en los límites de una página impresa, el Llorca creo que será el preferido. Ya se verá el que termina por imponerse, tal como ha ocurrido en otros casos como los de Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, en que se ha impuesto el apellido materno, pero mejor que sea el propio presidente, asesorado por su nuevo secretario de comunicación, Vicente Ordaz, el que decida, por más que no evitará que siga habiendo quienes con estulta y bobalicona malicia sigan refiriéndose a él como «presidente Pérez». Un apellido que, según el Instituto Nacional de Estadística, en España es el de 779.000 ciudadanos, de ellos 12.000 en la Comunidad Valenciana.
El comandante Cervera y Miguel Barrachina
¿Qué pueden tener tienen en común un comandante militar como Julio Cervera Baviera y el economista, conseller de Agricultura y portavoz del Consell, Miguel Barrachina Ros? Planteo el interrogante para que se ocupen de ello quienes quieran adentrarse con mayor detalle en la biografía de ambos, pero cabe destacar la coincidencia de que los dos nacieron en Segorbe.
Eso sí, con casi un siglo de diferencia, en 1854 y 1969. Si el comandante Cervera fue el primer inventor que consiguió transmitir la voz humana y, por tanto ser el pionero de la radio – por delante de Marconi, se pongan como se pongan los italianos-- tal como hizo en 1902 entre Xàbia e Ibiza, al conseller Barrachina le ha encargado el presidente Llorca que sea a partir de ahora el que transmita los acuerdos del Consell de la Generalitat por ser su nuevo portavoz. Miguel Barrachina tiene todas las cualidades para ser un excelente vocero. Su currículo político, contrastada locuacidad y experiencia le avalan. Doy fe de ello, tal como ya demostró en sus comparecencias en «El Poder Valenciano», en aquella Valencia Te-Ve, de tan grato recuerdo.
Las manos limpias de Pérez Llorca
La última manifestación de las convocadas por el batiburrillo formado por doscientas entidades -o esa suma hacen- contra Mazón, vino a demostrar que o no son tantas o es muy poca la respuesta ciudadana que encuentran incluso por parte de sus propios miembros y miembras. Que, además, una de ellas, se permita aprovecharse de la impunidad succionándola de la libertad de expresión y manifestación, para manchar con sangre las manos del presidente Llorca demuestra su indecente catadura moral. Nada justifica un ataque con esas formas y maneras. Si PSPV-PSOE y Compromis, compañeros de viaje, no se desmarcan de tan grave imputación, no deberían extrañarse ni sorprenderse si no pocos ciudadanos que les venido votando terminan desentendiéndose de ellos.
Diana Morant con Ábalos a la chepa
Pregunta de lo más pertinente que entre otras más hacía el pasado martes Antonio R. Naranjo en El Debate dirigida a Pedro Sánchez: «¿Por qué renovó como diputado a Ábalos tras destituirlo como ministro y a Santos Cerdán en la Secretaría de Organización del PSOE pese a que, en ambos casos, habían sido publicadas durante meses incontables informaciones, perfectamente documentadas, sobre comportamientos que finalmente les llevaron a prisión?». A la ministra Diana Morant, integrante del coro ministerial que tiene encomendado hacer los bises de las letras de Pedro Sánchez, le correspondió en esta ocasión tildar de «indecente» a José Luis Ábalos. Indecencia que no detectó cuando lo puso, o consintió que se lo pusiesen, por detrás suyo en la candidatura al Congreso de los Diputados por Valencia, en las últimas elecciones generales.
Una Diana Morant que no debió tener tiempo ni ganas de venir a Valencia a la toma de posesión de Juan Francisco Pérez Llorca como presidente de la Generalitat Valenciana. Presidencia a la que ella aspira a ocupar pero que, dada su más que notable insustancialidad, los suyos y los otros ven cada vez más como lejana cuando no imposible.
No es amnesia, es desvergüenza
Tildar de ser «un gran desconocido en lo personal», tal como ha dicho de José Luis Ábalos Meco quien todavía es presidente del gobierno de España, retrata con la mayor definición el cínico perfil de quien tal afirma.
Las cientos de horas compartidas a bordo del Peugeot con el que recorrieron España el propio Sánchez, Santos Cerdán, Koldo y Ábalos, ni las noches en las que el marido de Begoña pernoctó en la vivienda valenciana de aquel al que hizo ministro y lo despidió sin explicación alguna, fue tiempo más que suficiente para saber quién el personaje que conocía media Valencia y la otra media sospechaba. No alegó Sánchez que fuese «un cambio de opinión» el que tuvo de Ábalos, No. Fue negarlo -como el primer Pedro si bien éste mucho se arrepintió--en una insuperable demostración de descarada e interesada amnesia que sólo los muy desvergonzados pueden alegar.
Los jabalís y la UME en Cataluña
He perdido la cuenta del número de mensajes recibidos, todos idénticos, que denuncian y ponen de manifiesto la urgencia con que el gobierno ha enviado la UME a Cataluña por el problema porcino allí detectado. Tan notable inmediatez aviva la memoria de la demora con la que se tardó en ser enviada esa misma unidad a las poblaciones valencianas inundadas por la gota fría. El gobierno ha hecho en Cataluña lo correcto en una autonomía que, a pesar de sus notables privilegios –y más que conseguirá con un Junts que sigue elevando la apuesta ante un Sánchez genuflexo– necesita de la colaboración de un Ejército tantas veces denostado por el separatismo. Ojalá la UME consiga perimetrar el foco de peste porcina africana y la industria de la carne de cerdo no sufra las desastrosas consecuencias. Y ojalá lo ocurrido sirva para poner coto a una fauna salvaje, como la de los jabalís, que ha provocado innumerables daños en campos de cultivo de agricultores valencianos, a los que no se les indemniza, ante la mirada cómplice y bobalicona de todos los ecolojetas que consienten semejantes desmanes.