La ingeniería que nunca se detiene: así se previene un apagón en una red que se autorregula
La electricidad fluye de manera constante gracias a una compleja red de infraestructuras y sistemas diseñados, mantenidos y supervisados por ingenieros que trabajan para que el suministro nunca falle
Cada día, millones de personas en la Comunidad Valenciana encienden una luz, ponen una lavadora o cargan su vehículo eléctrico, sin pensar en todo lo que sucede detrás del interruptor. Tras este gesto tan cotidiano hay un trabajo de ingeniería e innovación que garantiza que la energía llegue siempre, cuando y donde se necesita.
La electricidad fluye de manera constante gracias a una compleja red de infraestructuras y sistemas diseñados, mantenidos y supervisados por ingenieros que trabajan para que el suministro nunca falle. La prevención de un apagón no empieza cuando se apagan las luces, sino muchos años antes, en los despachos, laboratorios y centros de control donde la ingeniería eléctrica y la industrial se anticipan a cualquier riesgo.
El sistema eléctrico valenciano forma parte de una red interconectada que cubre toda la Península Ibérica. Esta conexión permite equilibrar la producción y la demanda, garantizando la estabilidad incluso ante situaciones extremas. En la Comunidad Valenciana, nodos estratégicos como los de La Plana, La Eliana o Rocamora gestionan el flujo de energía, a través de líneas de alta tensión y subestaciones que actúan como auténticos pulmones eléctricos.
Cada elemento de esa red está diseñado con redundancia, es decir, con sistemas alternativos capaces de asumir la carga en caso de fallo de un componente. Si una línea se interrumpe por una avería o por un fenómeno meteorológico, existe un camino alternativo para el flujo de la energía porque se trata de una red mallada.
Esto es fruto de la planificación a largo plazo que caracteriza al modelo eléctrico español, en el que la ingeniería desempeña un papel esencial.
Evitar un apagón no es cuestión de suerte. Es el resultado de una cultura técnica basada en la planificación, la monitorización continua y el mantenimiento predictivo. Los sensores instalados en líneas y subestaciones envían en tiempo real miles de datos sobre frecuencia, tensión, carga o temperatura. Con esa información, los ingenieros pueden detectar anomalías antes de que se conviertan en un fallo real.
El mantenimiento predictivo, apoyado en inteligencia artificial y análisis de datos, permite planificar intervenciones con antelación, evitando paradas imprevistas. Además, los centros de control operan bajo protocolos de actuación y realizan simulacros de emergencia periódicos que preparan a los operadores para actuar en tiempo real ante cualquier contingencia.
La transición hacia un modelo energético descarbonizado introduce un nuevo desafío técnico: integrar energías renovables intermitentes, como la solar y la eólica, sin comprometer la estabilidad del sistema. La Comunidad Valenciana avanza en la implantación de plantas fotovoltaicas y parques eólicos que generan energía limpia, pero cuya producción depende de factores meteorológicos.
Para compensar esas variaciones, la ingeniería desarrolla soluciones como sistemas de almacenamiento mediante baterías, hidrógeno verde o bombeo hidráulico reversible, capaces de acumular energía en momentos de exceso y liberarla cuando la demanda lo requiere. La digitalización y las redes inteligentes (smart grids) permiten gestionar con precisión ese equilibrio dinámico, adaptando en tiempo real la oferta y la demanda.
Por otra parte, los sistemas de protección de las redes aíslan automáticamente las zonas afectadas evitando que el problema se propague al resto del sistema. Esto hace que, incluso, los eventos climáticos extremos tengan un impacto controlado.
Los episodios recientes o fenómenos extremos han hecho que se estudien nuevas medidas de resiliencia para el sistema como, por ejemplo, el refuerzo y mallado de redes.
La seguridad eléctrica no depende de una única tecnología ni de una empresa concreta. Es el resultado de miles de decisiones técnicas y de una cultura de anticipación que caracteriza a la ingeniería industrial. Cada cable, cada transformador y cada algoritmo están diseñados para un fin común: que la electricidad llegue con calidad y fiabilidad a hogares, servicios e industrias.
El ciudadano rara vez piensa en lo que hay detrás del enchufe, pero cada vez que pulsa un interruptor y la luz se enciende, la ingeniería ha vuelto a cumplir su propósito. En la Comunidad Valenciana, ese esfuerzo constante y silencioso convierte el riesgo de apagón en una probabilidad remota. Porque la mejor garantía frente a la oscuridad es una ingeniería que nunca se detiene.
Federico Torres es presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Valencia