Son cada vez más los comentarios, también las sospechas y suspicacias, que levanta la instrucción de la dana que dirige la jueza Nuria Ruiz Tobarra, titular del Juzgado 3 de Catarroja. Son ya cientos los testimonios que lleva recogidos sobre las inundaciones del 29 de octubre de 2024, y otros tantos o más los que será llamados a testificar en la macro causa. A no pocos colegas, letrados y políticos que siguen los avatares de la instrucción –peculiar para no pocos de ellos -- les ha sorprendido que la comparecencia telemática del presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, para que declarase sobre el cruce de mensajes y llamadas con Carlos Mazón, se alargase hasta más allá de las cinco horas.

De ahí la pregunta que planteo en el titular sobre los años que se necesitarán hasta completar la instrucción. Si bien cada causa tiene su propio ritmo, me ha venido a recordar otra instrucción. A principios de este mes de enero se han cumplido cuatro años de la muerte de Vera y Cayetana, dos niñas de cuatro y ocho años que perdieron la vida cuando un malhadado golpe de viento tumbó el castillo hinchable instalado en Mislata en el que jugaban. El mal anclaje y la propia ubicación de la atracción fueron consideradas causas determinantes de la desgracia.

Mislata: cuatro jueces y siete prórrogas

A la irreparable pérdida para siempre de las sonrisas de Vera y Cayetana se une el desconcierto de sus familias por la desesperante y paralítica instrucción del caso. Los de Mislata son de esos juzgados en que tantos magistrados allí destinados no llegan ni a calentar sillón, ansiosos por alcanzar otros destinos de más ringorrango que les permita subir peldaños en el escalafón. ¡Qué no sabremos de eso en Ontinyent! Esa provisionalidad queda ratificada en el caso del Juzgado número 4 de Mislata, con el paso en estos cuatro años de otros tantos jueces y, peor aún, que ya vaya por la séptima las prórrogas de la instrucción. Los padres de Vera, en un escrito que hicieron público a principios de este mes, señalan no entender «la firme oposición a investigar al Ayuntamiento de Mislata en un siniestro en el que todos los informes, tanto los de la Policía Nacional como los de los ingenieros independientes, reparten la responsabilidad entre los feriantes y el ayuntamiento que les permitió montar la feria sin ningún tipo de supervisión».

¿No se siente concernido el alcalde socialista de Mislata, Carlos Fernández Bielsa, que también lo era cuando sucedió la desgracia, por saber por qué se produjeron las muertes de Vera y Cayetana y depurar responsabilidades?

Lo que dice el Jefe Superior de Policía de Valencia

Me consta la sorpresa que a no pocos paisanos, yo entre ellos, han producido las palabras del Jefe Superior de Policía en la Comunidad Valenciana, Carlos Grajero, en el sentido de que no fue consciente de la gravedad de la tragedia que se vivía en las poblaciones valencianas afectadas por las torrenciales lluvias e inundaciones, hasta que habló con la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, en la madrugada del día 30 de octubre, hasta el punto que la alerta roja no evitó su desplazamiento a Madrid ese mismo día, ni el que la Policía Nacional no activase un refuerzo especial, de modo que la víspera el servicio fue ordinario. Sus manifestaciones, en su comparecencia en la comisión de investigación de la dana en el Senado, me llevan a retirar consideraciones mías en las que tachaba de inutilidad las comisiones de investigaciones.

En la que nos ocupa ha servido para conocer, tal como lo contaba en este diario el colega Jaume Lita Albert, que el Jefe Superior, detalló que aquel día estaban desplegados en Valencia «1.800 efectivos, lo que constituye un servicio ordinario» y que no fue hasta «el 6 de noviembre (nueve días después de la tragedia), cuando llegaron 3.978 agentes adicionales». ¿Era esta la inmediatez en las ayudas para Valencia con la que se llenan la boca los voceros sanchistas?

Sospechas sobre el principio de ordinalidad

Debo confesar, y confieso, mi enciclopédica ignorancia en asunto de números. Si, además, me los trufan con expresiones jeroglíficas como las referidas a eso que llaman «principio de ordinalidad», tal como se le ha escuchado decir con sus peculiares maneras disléxicas a la ministra de Hacienda y vicepresidenta primera del gobierno de PSánchez, María Jesús Montero, me ahogo en la confusión. No me ayuda la Real Academia Española a cuyo diccionario recurro muy a menudo.

Pese demostrar nuestros académicos una decidida apuesta por incorporar nuevos vocablos que son fruto tanto de jergas callejeras, como de anglicismos, alumbramientos cibernéticos y científicos, no han tenido a bien por el momento acometer la definición de ordinalidad. Y después de escuchar las monteras explicaciones de quien ha inspirado a la chirigota sevillana «To pa mi», me temo que nuestros académicos de la lengua se tomarán su tiempo para limpiar, fijar y dar esplender a la tantas veces citada «ordinalidad». Lo que no se le puede negar al palabro es que ha conseguido poner de acuerdo, y en contra, a todas las autonomías salvo a la catalana, que por algo es la más ordinal y cardinal, pero sobre todo la más extractiva y vampírica de toda España.

Trabalenguas del «principio de ordinalidad»

España está desordinalizada

¿Quién la ordinalizarla?

El ordinalizador (o la ordinalizadora)

Que la ordinalice

Buen ordinalizador (u ordinalizadora) será.…

(Si el lector ha conseguido entender lo que ha querido decir la señora Montero, enhorabuena. Está a un paso de entender también los galimatías que se gasta la otra vicepresidenta, Yolanda Díaz, y sin necesidad de tener que recurrir a un diccionario ni a la inteligencia artificial).

El otro Jorge Rodríguez y Zapatero

A quienes han seguido la actualidad venezolana puede que les haya sorprendido –no así para quienes conocen los tejemanejes de la madura cúpula chavista -- la familiaridad con la que el presidente de la Asamblea Nacional Bolivariana, Jorge Rodríguez Gómez (Barquisimeto, 1965), hermano de la momentánea presidenta, por digital decisión de Trump, Delcy Eloína Rodríguez Gómez (Caracas, 1969), se ha referido a José Luis Rodríguez Zapatero, agradeciéndole –manda huevos y comisiones mediante-- sus trabajos y esfuerzos por la convivencia nacional y la liberación de presos políticos, gestiones de la que nadie tenía conocimiento, ni mucho menos que hubiese conseguido éxito alguno, salvo el propio ZP, cuyos cuentos y cuentas sería conveniente investigar. De la estrecha vinculación de ambos Rodríguez se puede deducir quién era el verdadero destinatario de los mensajes que recibió de madrugada otro Rodríguez, el alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez Gramage, y que fueron enviados por José Luis Rodríguez Zapatero, que tan pronto reparó en su confusión de destinatario -- asunto al que hizo referencia semanas atrás el arriba firmante—procedió a su inmediata eliminación.