Imagen de archivo de otra edición del festival Feslalí en AlcaladíTurismo Comunidad Valencia

El curioso pueblo que rinde homenaje al algarrobo: está en Alicante y se transforma durante el mes de febrero

La localidad, de poco más de mil habitantes, organiza todo un festival entorno a su seña de edentidad

Cada rincón de España guarda una manera propia de celebrar la vida, el pasado y el territorio. Las tradiciones populares, muchas veces ligadas a la tierra y a los productos que la definen, convierten a cada pueblo en un universo distinto, incluso cuando apenas unos kilómetros los separan. En la Comunidad Valenciana esa diversidad se percibe con especial claridad, de la Tomatina de Buñol a els Enfarinats de Ibi, pasando por fiestas dedicadas al arroz, la uva o el vino, cada municipio rinde homenaje a aquello que forma parte de su identidad. En ese mapa de celebraciones singulares existe un caso poco conocido pero único, el de un pequeño pueblo de la Marina Alta de Alicante que ha decidido mirar al futuro poniendo en valor un árbol humilde y resistente: el algarrobo.

Ese lugar es Alcalalí, una localidad de poco más de mil habitantes situada en pleno Vall de Pop, atravesada por el río Gorgos y rodeada de montañas y bancales agrícolas. Durante el mes de febrero, el municipio celebra Feslalí, un festival que se ha convertido en la única fiesta del país dedicada al algarrobo y a todo lo que representa. Entre el 1 y el 22 de febrero, Alcalalí despliega una programación que va mucho más allá de lo festivo y que combina naturaleza, cultura, gastronomía y reflexión colectiva sobre el futuro del paisaje rural.

Imagen de archivo de otra edición del festival Feslalí en AlcaladíTurismo Comunidad Valencia

Feslalí nació hace diez años ligado a la floración de los almendros, que durante décadas tiñeron el valle de blancos y rosas y atrajeron a visitantes de toda la provincia. Sin embargo, la llegada de la Xylella fastidiosa cambió radicalmente ese escenario. La tala masiva de almendros supuso un golpe duro para el paisaje y la economía local, pero también obligó al municipio a replantearse su modelo agrícola. Lejos de renunciar al festival, el Ayuntamiento decidió reinventarlo y convertir esa transformación en una oportunidad. Así, el algarrobo, un árbol históricamente presente en el término municipal, volvió a ocupar un lugar central como símbolo de adaptación, resiliencia y futuro.

Respaldado por estudios técnicos que destacan su resistencia a la sequía, su bajo coste de mantenimiento y el creciente interés del mercado por productos naturales y sostenibles, el algarrobo se ha convertido en el hilo conductor de esta décima edición. Feslalí propone durante cuatro fines de semana un programa diverso que invita tanto a vecinos como a visitantes a redescubrir el territorio desde múltiples miradas. Rutas senderistas entre bancales, salidas al campo, paseos etnobotánicos y actividades de divulgación ambiental conviven con talleres artesanales, concursos culturales, música en directo y propuestas pensadas para el público familiar.

La gastronomía tiene un peso especial en el festival, con iniciativas como el concurso de dulces elaborados con algarroba, que busca demostrar la versatilidad de este fruto en la cocina actual. También hay espacio para los sabores más tradicionales, con eventos populares en torno a la paella y el puchero, que refuerzan el carácter social y participativo de la cita. El cierre llega el último fin de semana con la Feria de Oficios y Productos de la Tierra, cuando el casco urbano se transforma en un escaparate de producto local, artesanía y saberes tradicionales, acompañado de espectáculos, conciertos y actividades para todas las edades.

Alcaladí, una localidad de poco más de mil habitantes situada en pleno Vall de Pop, AlicanteTurismo Comunidad Valencia

Visitar Feslalí es también una excusa perfecta para descubrir Alcalalí con calma. Su casco antiguo conserva el marcado carácter agrícola de los pueblos de interior de Alicante, con casas de piedra, calles estrechas y detalles que hablan de otro tiempo. La plaza del Ayuntamiento concentra algunos de sus principales hitos, como el palacio-residencia de los barones Ruiz de Lihori y la torre medieval del siglo XIV, construida para la defensa frente a piratas y bandoleros y que hoy alberga una colección museográfica. Muy cerca se alza la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, con valiosas imágenes y un museo parroquial que guarda piezas de gran interés histórico-artístico.

El Museo Etnológico, ubicado en una antigua almazara, permite comprender cómo se trabajaba la tierra y cómo se elaboraban productos esenciales como el aceite o la uva pasa, mientras que en las afueras del núcleo urbano la Ermita del Calvari ofrece una de las vistas más bellas del entorno tras recorrer un Vía Crucis esculpido en piedra. Para los amantes del senderismo, Alcalalí es punto de partida de rutas accesibles que conducen a enclaves como Sant Joan de Mosquera, la Penya Talai o el mirador del Coll de Rates, desde donde se domina todo el Vall de Pop y se aprecian los nuevos paisajes agrícolas en los que el algarrobo vuelve a ganar protagonismo.