Imagen de archivo de una cena de San ValentínEuropa Press

Usa la tarjeta de su ex para reservar una mesa en San Valentín y ella acaba pagando la cancelación: «Va liándola»

La conversación, difundida por Soy Camarero, muestra cómo un establecimiento aplica su política de cancelación tras una supuesta reserva realizada para 'molestar' a su ex pareja

Las políticas de cancelación se han convertido en una herramienta habitual en muchos restaurantes, especialmente en fechas señaladas como San Valentín, cuando la demanda se dispara y cada mesa cuenta. Sin embargo, en ocasiones, los establecimientos se ven envueltos en situaciones que poco tienen que ver con la hostelería y mucho con conflictos personales.

Es lo que refleja una nueva conversación compartida en redes sociales por Soy Camarero, el perfil del influencer valenciano Jesús Soriano que desde hace años visibiliza experiencias reales de trabajadores y negocios del sector.

El intercambio comienza con un mensaje formal del restaurante a una clienta. Le informan de que tiene una reserva para ese día a las 13:30 horas y le recuerdan que está sujeta a política de cancelación: «La reserva esta asociada a una política de cancelación, por lo que se cargarán 10 euros por persona a la tarjeta que se introdujo en el momento de hacer la reserva».

La respuesta de la mujer rompe el tono protocolario del aviso. «Buenos días. Yo no he hecho ninguna reserva con vosotros. Eso ha sido el hijo de puta de mi ex. Que va liándola. Que se busque otra y que me deje en paz», contesta, dejando entrever que la reserva habría sido realizada por su expareja utilizando sus datos bancarios.

El restaurante, ajeno al trasfondo sentimental, responde con corrección: lamenta las molestias, pero explica que debe proceder al cobro en la tarjeta introducida al efectuar la reserva, confiando en que correspondiera a la persona que realizó la gestión.

La publicación ha generado numerosas reacciones en redes sociales. Algunos usuarios muestran comprensión hacia el establecimiento, recordando que este tipo de políticas se aplican precisamente para evitar pérdidas ante reservas que no se presentan, algo especialmente frecuente en jornadas de alta ocupación. Otros centran el debate en que es una suplantación de identidad, por lo que el restaurante es responsable de verificar la información.

Más allá del tono anecdótico de la conversación, el episodio vuelve a evidenciar cómo los restaurantes, en su intento por protegerse frente a cancelaciones de última hora, pueden acabar en medio de disputas ajenas. En fechas como San Valentín, donde la planificación es clave y cada servicio está milimetrado, la aplicación de estas cláusulas resulta habitual. Pero detrás de cada reserva, incluso de las que no llegan a materializarse, puede esconderse una historia que nada tiene que ver con el amor ni con la gastronomía.