Preguntas en fríoJosé Luis Torró

El árbol Mazón no les deja, ni quieren, ver el bosque

La jueza Nuria Ruiz Tobarra decidió acotar en el retraso del envío de avisos a la población la razón de tan elevado número de víctimas

Hasta ahora a la magistrada Nuria Ruiz Tobarra se la conocía por ser la titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Catarroja. Y por ser la instructora del caso de la dana del 29 de octubre de 2024. Ahora, por explícito nombramiento del abogado y portavoz del PSPV- PSOE en las Cortes Valencianas entre los años 2025 y 2022, Manuel Mata, ha pasado a ser «la jutgessa del poble». Quedamos a la espera de que el Consejo General del Poder Judicial reconozca tal denominación que Mata justifica en que «ha tomado la decisión que el pueblo quería». No se hable más. Y que en este caso también se haga como dice la Reina de Corazones en «Alicia en el país de las maravillas», que se ejecute el castigo antes de decidir la culpabilidad. O sea, lo de «Mazón, asesino».

A principios de marzo del pasado año «la jutgessa del poble» señalaba en un auto la necesidad de conocer «la evitabilidad del abrumador número de fallecimientos», por lo que la instrucción debía ir encaminada hacia determinar «la palmaria ausencia de avisos a la población, que no pudo tomar ninguna medida para protegerse». Desde entonces no ha hecho otra cosa que tomar sucesivas declaraciones que le viniesen a confirmar que en la «grosera negligencia» (con lo de presunta por delante casi como sarcasmo) de Carlos Mazón estaba la clave de las 230 víctimas provocadas por las aguas desbordadas.

Los mayúsculos errores de Mazón

No hacía falta indagatoria alguna para determinar que la ausencia de Carlos Mazón de donde debía estar, en su despacho, en la Cecopi, o en los municipios valencianos que ya comenzaban a inundarse, fue trágica decisión, error de manual, incomprensible torpeza e inconmensurable irresponsabilidad, todo ello aderezado por la grosería negligente de las distintas, distantes y contradictoras versiones dadas sobre las horas de la malhadada comida a la que nunca debió acudir.

La jueza Nuria Ruiz Tobarra decidió acotar en el retraso del envío de avisos a la población la razón de tan elevado número de víctimas. Fijar la mirada en el árbol del dimitido Carlos Mazón como único responsable de lo ocurrido ha impedido, al menos por ahora, determinar la evitabilidad del bosque de fallecimientos si antes del 29 de octubre se hubiesen cumplido y ejecutado los planes y obras que desde principios de nuestro siglo han estado sobre mesas de gobernantes que decidieron meterlos en cajones por razones que sería de justicia determinar. Proyectos y obras diseñados, y hasta con su propio presupuesto, para poner coto al desbordamiento de unas aguas que aquí se sabe son amenazas reales que terminan convirtiéndose en catástrofes, tal como volvió a ocurrir.

¿Nada que preguntar a Teresa Ribera?

La decisión de la jueza Nuria Ruiz Tobarra de trasladar al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana una exposición razonada para que se investigue –dado que ella no puede hacerlo por su condición de aforado—a Carlos Mazón, al que le atribuye el delito de homicidio imprudente, puede suponer que la instrucción de la dana entre en una nueva fase, sobre la que se puede especular pero que resulta arriesgado vaticinar. Sería de lo más instructivo y didáctico que desde el TSJCV se considere que deben ser llamada a declarar a quien era la ministra de ríos y barrancos, Teresa Ribera (que ha demostrado su indignidad negándose venir a Valencia), y a la que tanto se le tiene que preguntar. Y también el ministro Marlaska y al que era su director adjunto operativo, al que mantuvo en el cargo porque resultaría «altamente disfuncional» que se jubilase como le correspondía. Una policía que no fue movilizada cuando ya eran tantos los avisos sobre los peligros que se cernían sobre Valencia. Y el ministro de Transportes, que no ordenó cortar el tráfico por sus carreteras y autovías.

Ninguno ha sido preguntado por la jutgessa del poble ni los abogados de las acusaciones particulares, como Manolo Mata, que sí interrogaron durante cinco horas a Alberto Núñez Feijóo pero no han considerado debían preguntar a PSnchz. Sería el mejor modo y manera de querer ver un bosque que sigue oculto por el árbol, más bien tronco, de Carlos Mazón.

Mónica Oltra y la presunción de inocencia

Dirigentes de Compromís han calificado de lawfare la decisión de la Audiencia de que Mónica Oltra y nueve colaboradores de su Conselleria de Bienestar Social, se sienten en el banquillo y sean juzgados sobre su presunto encubrimiento de los abusos cometidos por su ex marido. Se ha visto juntos, después de meses de comparecer por separado ante la prensa, a los diputados de Compromís Águeda Micó y Alberto Ibáñez, para denunciar la persecución mediático-judicial que sufre su ex lideresa.

La dirigencia compromisera -que no valencianista como me reprocha un inteligente lector- tiene una ocasión de lo más propicia para demostrar que, más allá de decisiones judiciales que dicen son torticeras, apuesten por la presunción de inocencia a la que tiene derecho Mónica Oltra. La misma que en su día ella misma negó a tantos del PP, como Francisco Camps y Rita Barberá , escrache va, escrache viene, incluso con samarretas exhibidas desde el púlpito de las Cortes Valencianas.

Sí, llévenla encabezando una candidatura, sea a la Presidencia de la Generalitat o a la Alcaldía de Valencia. Y háganlo con independencia del momento judicial en que se halle aquella que fue «invitada» a empellones por los suyos a dejar la vicepresidencia en junio de 2022 cuando fue imputada, para que su permanencia no afectase a la continuidad del centenar de paniaguados que figuraban en nómina del botánico Consell.

Y ahora, sólo nos faltaban los therians

En una web de la Policía Nacional se señala la existencia de 37 géneros y diez tendencias sexuales, entre los que no están incluidos los datos machirulos que son aquellos que tratan de forzar, y lo que es peor, fuerzan, a inspectoras y policías de su propio cuerpo que se resisten a sus lúbricas exigencias, de las que el ministro Marlasca no tiene conocimiento que se produzcan porque lo tienen en la inopia para no darle un disgusto. Añádase a estas clasificaciones las de los individuos que han decidido identificarse como animales y que, sin embargo, en algunos casos lo hacen como animales humanos bronquistas y violentos. No pocos colegas les prestan atención estos días y les dedican comentarios y sarcásticas columnas de opinión. Therians hace tiempo que los habíamos visto actuar pero no los habíamos encuadrado en este apartado. ¿Acaso no lo son el galgo de Paiporta; la papagaya de Sumar, que los suyos han desplumado; el gorila de los trenes, la cotorra belarra…?