Imagen de Javier Rupérez, durante su entrevista con El Debate
Javier Rupérez: «Sánchez y Trump guardan similitudes: ambos están pensando en su futuro»
En plena escalada bélica en Oriente Medio, por una parte con las incógnitas de cómo acabará el conflicto, hasta cuándo se alargará y qué será de Irán una vez concluido; y, por otra, con las relaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la Administración Trump envueltas en un 'tira y afloja' a cuenta de las bases militares de Rota y Morón de la Frontera, el embajador de España en Estados Unidos entre 2000 y 2004, Javier Rupérez, atiende a El Debate en el Palacio de Colomina de Valencia, sede de la Universidad CEU Cardenal Herrera, aprovechando su visita a la capital del Turia.
–¿Cómo valora las palabras de Pedro Sánchez desde el Palacio de La Moncloa sobre el conflicto en Irán?
–España tiene una larga y buena relación con los Estados Unidos. Ha sido muy fructífera para ambos países. Viene desde hace muchos decenios y se ha reforzado a partir del año 82. Esa relación fue bilateral a través de las bases, que ya empezaron en el año 53, parte importante de la seguridad bilateral. Esa relación la tenemos que mantener con independencia de que haya diferencias de planteamientos o de apreciación sobre lo que hace Estados Unidos. Es de beneficio mutuo.
Estamos contemplando muchos acontecimientos enormemente preocupantes desde el punto de vista de la seguridad internacional. No deberíamos utilizar esos planteamientos para poner en riesgo las relaciones. En democracia, los dirigentes duran lo que duran y lo que importa es el mantenimiento de las relaciones entre los pueblos, entre los países, entre los intereses y ponerlos en riesgo me parece muy, muy dañino.
Además, tenemos unos vecinos que hay que tener en cuenta. Especialmente, en el sur, con Marruecos. Una relación complicada teniendo en cuenta que mantienetiene unas relaciones enormemente vecinas con los Estados Unidos. Poner en riesgo eso nos tiende a crear bastantes problemas.
No tiene absolutamente ningún sentido que la izquierda quiera que España vuelva al lugar donde no estaba, a ningún lugar, al lugar donde estaba bajo el franquismo
–¿Cree usted que las palabras de Sánchez u otras que ha pronunciado desde la escalada pueden estar siendo utilizadas como cortina de humo para evitar hablar de problemas domésticos?
–Absolutamente. La política exterior española es algo preocupante. España no está en ningún sitio. En los años 70 tampoco, con la excepción de la relación bilateral con Estados Unidos, que es una relación imperfecta. Ese no estar en ningún lugar se va corrigiendo cuando España es una democracia y entabla relaciones con los países democráticos que están en la Unión Europea y en la OTAN. España, a partir del año 82, cuando entra en el Tratado del Atlántico Norte, se convierte en un elemento más del mundo democrático y occidental.
No fue fácil el proceso de la entrada en la OTAN. Al fin y al cabo, la izquierda de aquel momento tenía como lema 'OTAN, de entrada no'. En este momento la izquierda, que es prácticamente la heredera de aquella izquierda, tiene como lema claramente 'OTAN, de salida, sí'. Lo que no tiene absolutamente ningún sentido es que la izquierda quiera que España vuelva al lugar donde no estaba, a ningún lugar, al lugar donde estaba bajo el franquismo. Hay una correspondencia enormemente preocupante cuando estamos buscando alianzas con países que no son democráticos y que claramente están fuera de lo que ha sido el enorme esfuerzo que ha llevado y que ha posibilitado la entrada de España a la democracia.
Imagen tomada de Javier Rupérez durante su entrevista con El Debate
–Sánchez sacó a relucir el viejo eslogan de «no a la guerra». Usted fue embajador de España en los Estados Unidos entre 2000 y 2004. ¿Cree que hay similitudes entre lo que se vivió en aquel 2003 y lo que estamos viviendo hoy en 2026?
–Para mí, el mejor procedimiento para evitar la guerra es tener la capacidad de disuasión para aquellos que la quieren. De manera que una afirmación poética de «no a la guerra» no va absolutamente a ningún lado. ¿Cuál ha sido y sigue siendo la organización internacional que ha demostrado una mayor capacidad de disuasión frente a cualquier tipo de ataque o de amenaza internacional? La OTAN. ¿Ha habido desde el año 49, en que se funda la OTAN, algún ataque? ¿Por qué? Porque tenemos una capacidad de disuasión. De manera que el «no a la guerra lo encarna fundamentalmente la OTAN». ¿Qué quiere decir eso? Que hay que tener una capacidad defensiva. Una capacidad defensiva, no para ir a la guerra, sino precisamente para evitar la guerra. El «no a la guerra» igual llegue a llamar la atención y el gusto de los socios gubernamentales. Pero, ¿qué es lo que están pensando? Lo están diciendo: 'OTAN, de salida sí'. Lo que quieren es volver a la España del franquismo. Pura y simplemente la España que no estaba absolutamente en ningún lugar.
El «no a la guerra» es precisamente que vayamos al 5 %, porque quiere decir que nadie se atreverá
Tenemos mucho de qué hablar. Creo que uno de los temas que tenemos que tener en cuenta es que gran parte de los elementos fundamentales del orden internacional, tal como lo conocíamos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en este momento están básicamente rotos. Y eso lo tenemos que tener en cuenta también para ver qué es lo que hacemos. La respuesta, naturalmente, no es la guerra, es precisamente mantener la capacidad de disuasión que evite la guerra. ¿Dónde está esa capacidad de disuasión? En la OTAN.
Ahí está el tema del 5 %. De manera que el «no a la guerra» es precisamente que vayamos al 5 %, porque quiere decir que nadie se atreverá. Andemos con cuidado con las palabras, con las gentes a las que queremos dirigirnos y con dónde queremos que España acabe. Yo creo que la inmensa mayoría de los españoles sigue pensando en ese país europeo, democrático y occidental, miembro de la Unión Europea y miembro de la OTAN y, al mismo tiempo, con una capacidad de desarrollo político, económico y de prosperidad que nunca habíamos conocido antes del año 76. Todo lo demás sobra.
¿Dónde quieren acabar los del «no a la guerra»? ¿En Pekín? ¿En Moscú? Yo no. La inmensa mayoría de los españoles no quieren acabar ni en Pekín ni en Moscú
Una cosa es tener algún tipo de divergencia sobre los planteamientos concretos del momento y otra cosa es optar por un mundo diferente. ¿Dónde quieren acabar los del «no a la guerra»? ¿En Pekín? ¿En Moscú? Yo no. La inmensa mayoría de los españoles no quieren acabar ni en Pekín ni en Moscú.
–¿Cuáles podrían ser las consecuencias económicas para para España la escalada en el Golfo Pérsico?
–Rota. Yo no estoy de acuerdo con las medidas que están tomando los americanos junto con los israelíes. Considero que se han tomado una serie de medidas que están claramente en contra de los principios básicos del Derecho Internacional. Los países europeos y de la OTAN están completamente de acuerdo con ese planteamiento. ¿Quiere eso decir que tenemos que romper con los americanos? Quiere decir que tenemos que hablar con los americanos y ver cómo llegamos a acuerdos que no desemboquen en este tipo de actividades de las cuales no hemos sido previamente informados ni consultados y que, por otra parte, también están generando una imprevisibilidad en los comportamientos internacionales muy grave.
Imagen tomada de Javier Rupérez durante su entrevista con El Debate
Podemos estar de acuerdo, en desacuerdo parcial o totalmente, pero eso no quiere decir que nos vayamos a pelear ni que vayamos a romper determinados elementos básicos de nuestras relaciones, que es este caso. Me preocupa el tema de las bases americanas. Hay que buscar el interés común. Creo que hay que tener en cuenta que España debería mantener ese tipo de principios que nos han llevado a donde no hemos estado nunca.
–¿Qué consecuencias puede tener en materia económica este panorama con Estados Unidos?
–Nos puede afectar muy negativamente. Ya nos afectó. Medidas como los aranceles responden a una visión imperialista de la proyección americana de hacer el negocio que les interesa y, al mismo tiempo, evitar que los otros hagan sus intereses. Yo vivía en Washington durante el primer mandato de Trump, cuando se produjeron los primeros aranceles. Recuerdo, estar en contacto con los exportadores españoles, fundamentalmente de aceitunas y de aceite de oliva. Sufrieron muchísimo. Ahora pueden afectar muchísimo, sin duda.
A mí, en este momento, no me produce ninguna emoción porque la Administración Trump está únicamente guiada por el interés del negocio. Y eso nos afecta. De manera que tampoco ha sido una decisión especialmente brillante. Ya no en una disputa más o menos civilizada, sino una disputa abierta que tiene que ver con los intereses de unos y de otros. El tema de la utilización de las bases es central. El Gobierno no ha querido entrar. Pero constato que las medidas que está tomando el Gobierno español afectan muy negativamente a la vida política y social y afectna muy negativamente al lugar de España en el mundo, al lugar que habíamos conseguido para que fuera un país medianamente significativo en el mundo, lo que no había sido prácticamente durante los 200 años anteriores.
El planteamiento de Sánchez tiene que ver con su mantenimiento en La Moncloa y por el que claramente no quiere adelantar elecciones
–¿Hasta cuándo y cuánto puede llegar lo que usted ha llamado «disputa» entre los gobiernos español y norteamericano?
–Parece que el presidente del Gobierno español está dispuesto a mantener esa disputa hasta el final. Por una parte, está trabajando con todos aquellos que tienen como punto fundamental de su programa la destrucción de la unidad nacional. Y por otra, con toda la izquierda tradicional que quiere precisamente que nos llevemos bien con la Federación Rusa y con China. Por consiguiente, con los que quieren que nos salgamos de la OTAN.
Hay un planteamiento que tiene que ver con su mantenimiento en La Moncloa y por el que claramente no quiere adelantar elecciones. Paralelamente, lo mismo le pasa a los americanos, que deciden este año en las elecciones de término intermedio. Creo que hay una cierta similitud de comportamientos entre lo que hace Trump y lo que hace Sánchez. Ambos están pensando en su futuro. Y el futuro no solamente pasa por unas elecciones. Trump claramente está preocupado por el resultado de las elecciones. Y desde luego, lo que no quiere en absoluto Sánchez es adelantar elecciones.
Imagen tomada de Javier Rupérez durante su entrevista con El Debate
–Sánchez aseguró que España cuenta con recursos suficientes para cualquier escalada bélica o de represalias de los Estados Unidos. ¿Tenemos tantos recursos como para hacer frente a un contexto como el que algunos prevén?
–Claramente no. Lo que tendríamos que plantearnos es decir que España es más de lo que fue en los años 30, 40 o 50. Pero España no es el imperio que fue. Desde ese punto de vista, tenemos que estar satisfechos de nosotros mismos, con nuestra evolución desde el punto de vista político y económico. Pero, al mismo tiempo, tenemos que tener en cuenta las necesidades de la globalización. Si contemplamos lo que es la Europa de hoy y lo que era la Europa de los años 30, nos daremos cuenta de que se ha avanzado enormemente y que todos los países han ganado. Hay que tener cuidado con los planteamientos que provienen del Gobierno español, que tienen clara y completamente una visión antieuropea y antiatlántica. Desde luego, antiamericana.
Creo que Sánchez no se ha sentado nunca con Trump. Con China, varias veces. No tengo nada contra él, pero sería bueno que se sentaran y tuvieran una conversación
El orden internacional en este momento está quebrado, completamente roto. Está quebrado, en gran parte, por las decisiones tomadas por Estados Unidos. Pero sepamos que ese mundo debe ser mantenido en la medida de lo posible. Y si los americanos no quieren mantenerlo, hagamos todo lo posible para mantenerlo nosotros. Pero, mientras tanto, esperemos que los americanos, que seguirán votando también en su momento, recuperarán el sentido de las proporciones y volverán más que bien a donde estábamos.
–Usted habla de recomponer relaciones. En lo que respecta a España y a Estados Unidos, ¿se pueden recomponer estando Sánchez y Trump, uno en La Moncloa y el otro en la Casa Blanca? ¿Tiene que salir uno y el otro mantenerse? ¿Tiene que salir el otro y el uno seguir? ¿Cómo se puede arreglar este difícil panorama en el que estamos ahora inmersos?
–Me gustaría que los dos se sentaran. Yo creo que Sánchez no se ha sentado nunca con Trump. Con China, varias veces. No tengo nada contra él, pero sería bueno que se sentara con Trump y tuvieran una conversación. A lo mejor no es fácil, pero sería una conversación para intentar allanar cualquier tipo de grave discrepancia que pueda existir. No tengo nada en contra de China, pero a mí me gusta más el mundo europeo, democrático y Occidental que el mundo de la China comunista. Días atrás se reunió con Trump el canciller alemán, que también tiene sus discrepancias con el presidente de Estados Unidos. ¿Quiénes son los que están tomando las decisiones centrales para el futuro de Europa tanto desde el punto de vista de la Unión Europea y de la OTAN? Son los ingleses. Son los franceses. Son los alemanes. ¿Dónde está España? Incluso Italia está jugando un cierto papel.
Somos el cuarto o quinto país. ¿Dónde está España? Ha desaparecido. Está exactamente igual que en los tiempos de Franco. Desde ese punto de vista, creo que también Sánchez debería hacer alguna recomposición. Quiere parecerse a Franco. Quiere llevarnos a ninguna parte. ¿O quiere llevarnos a Pekín?
Estados Unidos debe seguir siendo un elemento fundamental de nuestras relaciones internacionales
Ya sé que Zapatero parece que tiene muy buenas relaciones con Pekín y las tenía con Venezuela. Desde luego, a mí me preocupan mucho las iniciativas que están tomando los Estados Unidos desde el punto de vista de la utilización de la fuerza para acabar con determinada situación. Los Estados Unidos de América están cumpliendo en este momento 250 años de vida constitucional, de vida democrática, de independencia. Deben seguir siendo un elemento fundamental de nuestras relaciones internacionales, sin ningún tipo de duda.