Imagen de archivo de Joan Baldoví y Aitana Mas en las Cortes Valencianas
El doble rasero de Baldoví: pide ahora primarias en Compromís pero en 2023 frustró la candidatura de su rival
La relación entre los dos máximos pesos pesados de Compromís, Joan Baldoví y Mónica Oltra, nunca fue de las mejores. Varias razones apuntalan esta circunstancia. Una es la propia configuración de la coalición, conformada por tres partidos: Més, del que es miembro el primero; Iniciativa del Poble Valencià, liderado por la exvicepresidenta de la Generalitat; y Els Verds, la pata minoritaria. Otro motivo se reduce a la expresión popular 'dos gallos en el mismo corral'.
Esas rencillas no son nuevas. Vienen de lejos. De hecho, son coetáneas al mismo nacimiento de la formación. Además, se dan de manera cíclica o, parafraseando al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, «con la misma naturalidad que noviembre trae los catarros y marzo las alergias». Pero se dan con especiales dosis de intensidad y dureza a partes iguales cuando el tema en cuestión se llama primarias y candidaturas. Ahí, todos los mandos y subaletrnos se cuadran.
Y, cómo no iba a ser así, el hecho de que Oltra se postulase semanas atrás para luchas por la alcaldía de Valencia ha provocado un nuevo incendio en el seno de los nacionalistas quienes, del mismo modo, no son precisamente expertos en apagar los innumerables fuegos orgánicos.
De «muleta» a «pagafantas» de Sánchez
Buena parte de Compromís ve ya de manera 'oficial' a la exvicepresidenta como la alternativa a la 'popular' María José Catalá en el Consistorio levantino, pero la realidad es bien distinta tratándose de un partido asambleario. Traducido: 'Tú di lo que quieras, pero serán las bases las que decidan'. La maraña del proceso es tal que el pasado miércoles había una Ejecutiva extraordinaria para tratar el tema de «Candidatura Valencia». Oltra iba a acudir pese a no pertenecer a este órgano, pero tras llamadas varias, no fue. Espantada, bien propia bien forzada.
Imagen de archivo de Joan Ribó junto a Mónica Oltra y Joan Baldoví, en un acto de Compromís
Lo que llama poderosamente la atención es la actitud de Baldoví ante este mecanismo interno. Fan entusiasta de las primarias y de dar voz a los militantes. Poco menos que un convencido converso en comparación con el Joan previo a las últimas elecciones autonómicas, que se celebraron en mayo de 2023. Ante esa cita con las urnas, los nacionalistas de manera real y efectiva únicamente podían acudir con dos opciones.
Una de ellas era el omnipresente Baldoví, que quería optar a la jefatura del Consell tras años en el Congreso de los Diputados caracterizados por un mismo signo: decirle cada año al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que no le aprobaría los Presupuestos Generales del Estado si no abordaba la financiación autonómica para, en cuestión de semanas, desdecirse y terminar facilitando las cuentas públicas. Esa deriva le valió y le sigue valiendo calificativos como «muleta» o «pagafantas» del sanchismo.
Como el agua y el aceite
La otra era Aitana Mas, que llegó a la vicepresidencia primera de la Generalitat en sustitución de una Oltra a la que no le quedó más remedio, Ximo Puig mediante, que dimitir tras resultar imputada por, presuntamente, haber encubierto los abusos sexuales de su exmarido a una niña de 14 años tutelada por la Consellería que ella misma lideraba.
El problema, el de siempre: Més e Iniciativa del Poble Valencià son de Compromís pero cuando han de llegar a acuerdos se llevan como el agua y el aceite. Así, si Baldoví no vio rentable dejar su escaño en la Cámara Baja a cambio de nada, Mas se sentía legitimada para aspirar al Palau puesto que su antecesora era la número dos de la Generalitat y en 2019 fue la candidata de Compromís.
La lucha intestina no fue de puertas hacia dentro. Todo lo contrario. Al más puro estilo de Compromís. El exparlamentario supo siempre jugar sus cartas, tanto a nivel propagandístico como orgánico. De este modo, y siempre dentro de la estrategia de que él y solo él tenía que ser el candidato, hizo valer su imagen pública cosechada durante años y su peso en la coalición ganado frente a una 'novata'.
El plan le salió bien. Logró que Mas renunciara a ser la cara visible del partido en las autonómicas y tuvo que consolarse por encabezar la papeleta por la provincia de Alicante, un puesto que en general muchos codiciarían pero que en realidad lo que fue un raquítico premio de consolación. Ahora bien, victoria pírrica para Compromís y Baldoví, puesto que las heridas producidas durante aquellos meses no es que no hayan cicatrizado, sino que tienen visos de volver a sangrar de cara a los comicios de 2027.