Fernando de Rosa

La izquierda valenciana no tiene educación

Resulta llamativo que quienes gobernaron durante ocho años sin resolver los problemas estructurales del sistema educativo pretendan ahora dar lecciones de gestión

Tras dos semanas de huelga de los docentes de la Comunidad Valenciana, los ciudadanos empezamos a ver como la izquierda, no solo no ha trabajado durante sus ocho años de gobierno para solucionar los problemas de la educación, sino que actualmente está incendiando la convivencia e intentando boicotear la negociación entre los sindicatos y la Conselleria de Educación para obtener un rédito electoral.

Rédito que no han logrado obtener tras su indecente actuación a raíz de la tragedia de la riada de octubre de 2024. su política con respecto al conflicto planteado por los docentes es: ataques, ruido y ninguna solución.

En las últimas semanas, la consellera de Educación de la Comunidad Valenciana se ha convertido en el blanco preferido de una izquierda que, incapaz de asumir su pérdida de poder, ha optado por la estrategia más vieja y menos útil de la política: el ataque personal como sustituto de las ideas. Lo que debería ser un debate serio sobre el futuro del sistema educativo valenciano se ha transformado, por obra y gracia del progresismo más estridente, en un ejercicio de descalificación permanente y agresiva.

La consellera ha presentado propuestas concretas, medibles y financiadas para poner fin a la huelga docente y mejorar las condiciones del profesorado. Frente a ello, la izquierda socialista y comunista está boicoteando la negociación y en las Cortes ha actuado con lo único que parece quedarle: ruido, consignas y una oposición que confunde la crítica legítima con el acoso político, incluso ha publicado un diputado socialista una imagen de una guillotina dirigida contra la consellera. Ese es el nivel de la oposición en nuestra Comunidad.

Pero es necesario que la sociedad conozca que la consellera Carmen Ortí ha presentado un plan serio frente a la incitación al bloqueo liderada por la «hija de Zapatero» como ella misma se ha autodenominado, Diana Morant, y el «sumiso» sanchista Baldoví.

Así pues, frente a las acusaciones sin fundamento, la Conselleria ha puesto sobre la mesa un paquete de medidas que cualquier observador honesto reconocería como ambicioso, consistente en una mejora salarial histórica que sitúa a los docentes valencianos entre los mejor retribuidos de España.

Refuerzo de plantillas con más de 8.000 profesionales incorporados esta legislatura. Inversión récord en infraestructuras para modernizar centros y garantizar condiciones dignas. Impulso a la inclusión y la salud mental con más especialistas, más aulas específicas y más recursos. Simplificación burocrática para que los profesores puedan dedicarse a enseñar y no a rellenar papeles.

Todas ellas son medidas que responden a reivindicaciones históricas del sector y que, por primera vez en años, se abordan con rigor presupuestario y voluntad de acuerdo. Pero la izquierda se ha dedicado de forma indecente a boicotear cualquier posibilidad de diálogo. Sin duda Diana Morant prefiere el incendio al diálogo, como nos tiene acostumbrados.

Resulta llamativo que quienes gobernaron durante ocho años sin resolver los problemas estructurales del sistema educativo valenciano, ratios elevadas, infraestructuras obsoletas, falta de especialistas, burocracia asfixiante, pretendan ahora dar lecciones de gestión.

Más llamativo aún es que, ante una propuesta salarial que supera ampliamente las subidas negociadas en otras comunidades haya optado por deslegitimar a la consellera en lugar de reconocer un avance objetivo para los docentes.

El problema no es la propuesta, el problema es que la izquierda no soporta que sea este Consell quien la impulse. La izquierda utiliza de nuevo la calle como arma política

La huelga docente ha sido utilizada por algunos sectores como un instrumento de desgaste político. No se trata ya de mejorar la educación, sino de impedir que el actual Gobierno valenciano pueda consolidar un modelo más eficiente, más libre y más centrado en el alumno. La consellera, lejos de esconderse, ha mantenido 32 reuniones con los sindicatos desde el inicio del curso. Ha escuchado, ha negociado y ha cedido en aspectos clave. ¿Qué ha hecho la izquierda? Convertir cada gesto de diálogo en una oportunidad para atacar, exagerar o directamente manipular.

La educación valenciana merece algo mejor que el ruido, porque la Comunidad Valenciana necesita estabilidad, acuerdos y políticas que miren más allá del corto plazo. La consellera ha demostrado estar dispuesta a ello. La izquierda, en cambio, parece empeñada en mantener un clima de confrontación permanente que perjudica a docentes, familias y alumnos.

La ciudadanía espera soluciones, no campañas de descrédito. Por eso ya es hora de que la oposición abandone el tacticismo y reconozca que, por primera vez en mucho tiempo, la educación valenciana tiene un rumbo claro.

Los ciudadanos no podemos consentir en que se utilice la violencia o se incite a utilizarla como hace Diana Morant permitiendo que sus diputados enseñen guillotinas contra la consellera, de forma amenazante. Esta conducta pone de manifiesto que son un peligro para la democracia y que sus campañas de odio no caben en nuestra Comunidad, y que esta forma de hacer política no puede volver a las instituciones. Ya tuvimos bastante con ocho años de gobierno sectario y frentista del llamado «botánico».