Manifestarse
«Un Gobierno ramplón e interesado nos arranca cada vez más migajas del pan ganado con el sudor de nuestra frente hasta el punto que no sabemos bien hasta cuándo podremos soportarlo»
Entre las tres acepciones del término «manifestarse», escojo aquella que la define como «dar a conocer una opinión, sentimiento o hacer visible una idea»: mostrarse, poner a la vista algo que uno lleva dentro y solo a él le pertenece.
En mis largos años de participación activa en «lo público», (lo que es de todos) jamás me había sentido tan desolado e inerme ante el ejercicio del poder por aquellos que nos gobiernan, o mejor dicho, que nos dominan. a base de trampas y mentiras.
En los años finales de la Dictadura, compartía el sentimiento que expresaba mediante hermosas palabras el poeta Salvador Espriu cuando decía «como me gustaría alejarme, norte allá, donde dicen que la gente es limpia y noble, culta, rica, libre, desvelada y feliz» cuando, de repente y no sin mucho trabajo anteriormente realizado, descubrimos la Libertad que venía de la mano de la Democracia (mayúsculas). Ya podíamos votar, hablar sin ser castigados, nos amparaba un Estado que garantizaba nuestros Derechos y mediante la deliberación entre los que legítimamente nos representaban, por fin, podíamos ver a los no pensaban como nosotros como hermanos.
Los ejemplos de reconciliación y de voluntad de regeneración fueron públicos y patentes.
Poco a poco todo se fue pervirtiendo hasta el punto que mi patria ha devenido como el poeta definía al final de su poema como pobre, sucia, triste y desdichada.
Así es, pobre, pues un Gobierno ramplón e interesado nos arranca cada vez más migajas del pan ganado con el sudor de nuestra frente hasta el punto que no sabemos bien hasta cuándo podremos soportarlo.
Sucia, con la suciedad nacida de la ramplonería propia de una corrupción que alcanza hasta su médula al que nos gobierna: suegro, mujer, hermano, mentor, a sus amigos ministros expertos en falsear resultados electorales mientras y a quienes copan las mejores instituciones de personajes por su afinidad al gobernante infame, haciendo que no se parezcan, ni en pintura, a lo que en su tiempo fueron y debieran seguir siendo.
Pero es que, encima, siento su burla a mi inteligencia cuando tratan de adoctrinarme por todos los medios a su alcance - que son prácticamente todos- con ideas que van más allá de su obligación de neutralidad -gobernar para todos- y gestionar eficazmente los problemas que atañen a nosotros, ciudadanos de a pie, escondiendo las evidentes deficiencias de su desorganización del Estado, para tratar de convencerme de las virtudes que predican pero no practican: la bondad universal, los derechos humanos, el orden mundial, el feminismo excluyente, la pseudo-libertad interesada, la defensa de los oprimidos del lejano mundo, la mejoría del país o la emigración como recurso.
Cuanta Tristeza.
Tan sólo unas pocas palabras bastan para dejar al reyezuelo desnudo y ajado tal como se muestra en las imágenes de los medios de comunicación. En esa España que tan bien va, según los principales indicadores de pobreza y exclusión social, hay 14 millones de personas en riesgo de pobreza, y por ello, entre otras tantas cosas, al país se le ve triste y desdichado, al no poder adquirir las gentes normales trabajadoras una morada donde poder vivir y al tener que reducir drásticamente la calidad de sus alimentos.
Muchos son los que deciden subirse al funcionariado pues un lugar pobre aunque seguro, quedando desarmado ante al mando de un Estado que bien quisiera funcionarizarnos, para que todos dependiéramos directamente de él. Pocos son los que quieren invertir, promover, mejorar sus vidas mediante el esfuerzo y el trabajo. Aquí lo más fácil es vivir con jugosas e inexplicables subvenciones, sin trabajar.
Por todo eso y por mucho más este sábado saldré a la calle para dar a conocer mi sentimiento de pérdida ante la vida que nos están hurtando.
Otros expresarán sus ideas, expondrán su indignación, habrá quien se quede tranquilo en su casa, todas las opciones son válidas pues responden a la voluntad de la persona.
Pero, al menos y desde que llegó la transición y con ella la democracia, salir a la calle aún es posible.
Fernando Mut Oltra. Societat Civil Valenciana