Tanto monta, monta tanto: Arcadi como Diana
Aún seguimos esperando explicaciones sobre el destino de los fondos destinados a la investigación contra el cáncer, desviados hacia la adquisición de obras de arte y otros gastos difícilmente justificables
Decía el filósofo George Santayana que quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. Han pasado tres años desde aquel mayo de 2023 en el que, sin duda, el escepticismo mayúsculo del Botànic les jugó una mala pasada. En sus primeras comparecencias, el expresident Ximo Puig mostró su incredulidad ante el cambio de ciclo que terminaban de decidir los valencianos. Nada nuevo bajo el sol si tenemos en cuenta que los socialistas se dedicaron a menospreciar a un Carlos Mazón en pleno ascenso político, tal y como terminaron confirmando las urnas. Desde el laboratorio del sanchismo confundieron las elecciones autonómicas valencianas con un ensayo general de las generales, una estrategia que terminó pasándoles factura. O quizá no tanto, porque, mientras el mapa municipal y autonómico se les teñía de otro color, Pedro Sánchez lograba retener la Presidencia del Gobierno, aun después de cosechar el peor resultado electoral en la historia de nuestra democracia.
Entonces, Puig escenificó su continuidad al frente del socialismo valenciano prometiendo una oposición firme y constructiva. Nada más lejos de la realidad, salvo que pretendiera ejercerla desde París. Quizá por eso dejó en el hemiciclo valenciano a su fiel escudero, Arcadi España, aunque su paso por el escaño fue más bien fugaz. Quien, como conseller de Hacienda, reclamó insistentemente un fondo de nivelación que hiciera justicia con la Comunitat Valenciana mientras llegaba la reforma del modelo de financiación autonómica, hoy ocupa un sillón ministerial desde el que, precisamente, tiene en su mano hacer realidad aquello que durante años exigió.
Sin embargo, Arcadi España ha preferido sorprendernos con una excéntrica «propuesta» de financiación autonómica dictada por el independentismo catalán como peaje por mantener a Sánchez en el poder. Resulta, cuando menos, paradójico que su gran emblema sea prometer 3.600 millones de euros mientras retienen más de 5.000 millones que nos corresponden por dependencia y asistencia sanitaria a desplazados de otras comunidades. No deja de ser una peculiar forma de entender la financiación: anunciar lo que vendrá mientras se incumple con lo que ya se debe.
Imagen de Arcadi España y Diana Morant
Y lo hace bajo la acelerada batuta de la candidata antes que ministra, Diana Morant. La que se ha sacado de la manga un presupuesto alternativo a las cuentas de la Generalitat, un ejercicio que recuerda al cuento de la lechera: multiplica partidas con un dinero que, sencillamente, no existe. La misma Diana Morant —hija política de Zapatero, alumna aventajada de Pedro Sánchez y número uno de José Luis Ábalos, aupada en su día por Santos Cerdán— cuya gestión al frente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades está ofreciendo unos resultados paupérrimos como los que dejó en su Gandía natal.
Aún seguimos esperando explicaciones sobre el destino de los fondos destinados a la investigación contra el cáncer, desviados hacia la adquisición de obras de arte y otros gastos difícilmente justificables. También sobre el colapso en la homologación de títulos universitarios, con cerca de 100.000 expedientes pendientes de resolución. Y, por si fuera poco, sobre su etapa como alcaldesa de Gandía, después de que el Tribunal Supremo haya confirmado una condena que costará 280.000 euros a las arcas municipales. Una factura que no abonará quien tomó las decisiones, sino todos sus vecinos.
El sabio refranero español dice que tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando. A los valencianos la expresión nos viene como anillo al dedo, porque, a estas alturas, resulta indistinto hablar de Arcadi o de Diana: el resultado es exactamente el mismo. El socialismo (si es que queda algo) vuelve a dejar abandonada a nuestra autonomía. Poco importa que reclamemos justicia financiera si pedimos ayuda o no, o que ocho de cada diez euros de nuestra deuda sean consecuencia de más de una década de infrafinanciación. La prioridad valenciana vuelve a quedar relegada a las necesidades del titular del Gobierno.
Definitivamente, quienes no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo. Y el PSPV, convertido en la delegación más sanchista del PSOE, parece empeñado en ello. Pretende convencer a los valencianos de que es imposible distinguir entre el Consell de Pérez Llorca que sitúa las necesidades de la Comunitat Valenciana por encima de los intereses de partido y un sanchismo sometido a la lógica de la partidocracia. Entre quienes gestionan más recursos bajando los impuestos y reduciendo la presión fiscal y quienes continúan vaciando el bolsillo de los contribuyentes. Entre quienes destinan ocho de cada diez euros del presupuesto a la sanidad, la educación y los servicios sociales, con las mayores dotaciones de nuestra historia democrática, y quienes mantienen a nuestra democracia secuestrada con medio centenar de leyes sin tramitar en el cajón de la Mesa y sin una propuesta consensuada de Presupuestos Generales del Estado en toda la legislatura.
Laura Chuliá es síndica adjunta del Grupo Parlamentario Popular en las Cortes Valencianas