Diana Morant no puede ser candidata
Cada vez que habla, sube el pan. Como ministra de Ciencia, es experta en el proceso bioquímico de la fermentación
La serie «Juego de Tronos» está llena de traiciones magnánimas en busca de un bien mayor que las sumisiones serviles. Lord Varys, en un diálogo encendido con Daenerys en el momento en el que esta le lanza un órdago a propósito de su fidelidad, dijo aquello de que «la incompetencia no debe ser recompensada con lealtad plena». Ojalá fuera así en la vida real y no una ficción caballeresca. La realidad es que los incompetentes llegan cada vez más alto y estos se rodean de personajes más necios que ellos.
Diana Morant no puede ser candidata del PSOE a la presidencia de la Generalitat Valenciana. Cada vez que habla, sube el pan. Como ministra de Ciencia, es experta en el proceso bioquímico de la fermentación. Cuando deje la política, puede abrir una tahona. Ojalá tome conciencia pronto de que su verdadera vocación es amasar chapatas y no argumentos. No hay semana en la que no dé muestras de sus dotes culinarias elaborando empanadas dialécticas. No utiliza levadura: le basta su propia bilis para hacer que la harina fermente. Hasta Carlos Alsina mojó con el café uno de sus croissants durante su monólogo. El último que no ha encontrado palabras para calificar su última creación amarga contra Alberto Núñez Feijóo ha sido Vicente Vallés.
Imagen de Diana Morant
La candidata del PSOE a la Generalitat antes molaba, cuando no se la escuchaba. Maldita sea la hora en que alguien de su equipo le dijo que tenía que brillar con luz propia; está brillando tanto que nos está deslumbrando. No sé si era peor cuando estaba escondida en el espacio o ahora que está dejando constancia de su incompetencia para ejercer un cargo público. Está haciendo buenos a los políticos de la película No mires arriba. Con ella, es mejor no mirar; cuando levantas la vista tras digerir una de sus recetas dialécticas, te sorprende con otra nueva hornada que consigue hacer que los muertos resuciten.
No lo digo por los ritos del libro de las ánimas que recitaron algunos en Ferraz para que Ximo Puig fuera el candidato del PSOE a la Generalitat Valenciana. Les dijo a todos que, si sabían contar las innumerables inspiraciones de Diana Morant, no contaran con él. El exilio del expresident a París ha forzado la apuesta por un caballo desbocado. Tanto que sus coces amenazan con enterrar la catástrofe de la DANA. Se estudiará en los libros de Ciencia Política cómo una candidata fue capaz de perder el Palau cuando tenía todo de cara para ser presidenta. El problema no es que sea cabeza de cartel, sino que nadie le haya dicho que se tiene que echar a un lado por el bien de su partido y de ella misma.
Al socialismo valenciano le falta la valentía a destiempo que tuvieron en el Partido Demócrata norteamericano cuando obligaron al presidente Joe Biden a renunciar a su reelección y pusieron a Kamala Harris a contrapié. Si la protesta demócrata era inversamente proporcional a los deslices de su candidato en 2024, los aplausos y la euforia se multiplican cada vez que Diana Morant suelta algún improperio por su boca. Joe Biden fue apartado porque perdió la capacidad para ostentar un cargo de responsabilidad; Diana Morant quizá nunca la haya tenido.