El PSOE debe indultar a Pérez Llorca por ver el Mundial
Son clementes con los suyos y despiadados con el resto. Eso no es justicia, sino caciquismo
No le perdonan a Juanfran Pérez Llorca que fuera a ver la final del Mundial. Gozan ante la indulgencia plenaria a unos condenados por corrupción. Lo cierto es que no me parecen mal los indultos, toda vez que son una herramienta amparada por la Constitución y por el Código Penal. No han sido un elemento creado por Pedro Sánchez y sus copilotos en el trayecto de las famosas primarias trampa, sino que la propia autopista jurisdiccional los contempla. El mal uso de un instrumento no desvirtúa su esencia.
Nuestro ordenamiento prohíbe las medidas de gracia generales, pero el Gobierno está encontrando un vacío legal a través de la ingeniería penal, perdonando sólo a sus aliados. Son clementes con los suyos y despiadados con el resto. Eso no es justicia, sino caciquismo.
Todo es fruto de su marco mental de supremacismo ético. Recuerdo estos días el ensayo La superioridad moral de la izquierda, escrito por Ignacio Sánchez-Cuenca y prologado por Íñigo Errejón. El chiste se cuenta sólo. En su intimidad, en realidad, creen que los suyos nunca deberían haber sido condenados porque, por el mero hecho de estar en «el lado correcto de la historia», ya son inmunes a cualquier falta. Siempre lo han pensado; lo que pasa es que ahora ni disimulan y utilizan todos los medios a su alcance para dar fe notarial y judicial de ello. Delincuentes los ha habido siempre, pero el lawfare es la nueva creación del ministerio de la verdad: la culpabilidad e inocencia no la calibran los tribunales, sino el designio del líder político de turno.
Imagen de Pérez Llorca tomada en la final del Mundial
Al igual que Enrique VIII creó su propia iglesia, Pedro Sánchez ha fundado la suya. La justicia es él. Si fuera ecuánime y justo con todos, quizá no estaríamos hablando de esto; el problema es que su criterio es arbitrario e interesado. De haber indultado a personas de distinto signo como Rodrigo Rato, no se le reprocharía ser un cacique selectivo, sino que al menos fingiría una misericordia transversal. Hubiese quedado bien que bendijera a perfiles de diferente parecer con la máxima cristológica de «vete y no peques más». El problema es que, al igual que los protestantes, el Ejecutivo no cree en la redención si no eres socialista o nacionalista; los demás están todos condenados. Pérez-Reverte dice que España se confundió de Dios en Trento; los socialistas no.
A la vez que perdona los pecados de sus amigos, condena a muchos que todavía no han sido ni imputados ni condenados, o que incluso han sido absueltos. Véase la matraca que da la izquierda valenciana con Francisco Camps, mientras su bestia negra, Mónica Oltra, está investigada y será candidata en Valencia. O cuando el PSOE presentó a un imputado —hoy condenado— a las elecciones en Extremadura; a día de hoy ya no nos sorprende nada. Esa conciencia tranquila nace de saberse salvados, de sentirse llamados al paraíso antes de escribir la crónica de la propia vida. Va a ser verdad que Jesucristo era socialista: el pueblo elegido no era Israel sino la sede del PSOE.
Da igual lo que hagan, que siempre van a ser más puros que la derecha. Acaban de indultar a condenados por corrupción, pero aquí están pidiendo el sacrificio de Juanfran Pérez Llorca por haber visto un partido de fútbol. El president dio las explicaciones pertinentes y dijo que el viaje se lo había pagado él, pero no era suficiente: empezaron a cuestionar la integridad del obsequio de las entradas. Las joyas de Zapatero son un presente honorable; la finalísima de Llorca, no. El expresidente del Gobierno es otro que terminará indultado, ya verán. Se les va la fuerza de los argumentos no por la boca, sino por la fuerza del mazo que sentencia sus juicios.
Resulta paradójico pedir clemencia para unos y luego ser inmisericorde con dirigentes como Carlos Mazón, al que algunos están deseando ver entre rejas, o no borrar las máculas de las faltas en el caso de Camps. Sin perdón —el cual tampoco concede la propia derecha a los suyos al no rehabilitar determinadas figuras y marginarlas cual leprosas—, la sanación parece reservada a unos pocos: solo se curan de la lepra aquellos que profesan la fe socialista. «Quiero, queda limpio». ¿Cómo va a ser compasiva la izquierda con los políticos del PP si ni tan siquiera entre la derecha se indultan los unos a los otros?
Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen.