A medida que pasan los meses y el partido socialista mantiene de candidata a la presidencia a la Generalitat Valenciana a Diana Morant, se extiende la idea que dan por perdidas las elecciones en la Comunidad Valenciana. Sin duda, en un principio, Pedro Sánchez ideó todo un plana para asaltar el Palau de la Generalitat a raíz de lo sucedido en la riada de octubre de 2024, poniendo en marcha todo un mecanismo de desgaste al gobierno valenciano utilizando, incluso, a todas las asociaciones afines para poner palos en la rueda a la recuperación de las zonas afectadas. Como símbolo de esta estrategia fue la ya famosa frase de «si quieren ayuda que la pidan».

A la cabeza de esta estrategia, Sánchez, puso a dos mujeres para conseguir su propósito, Diana Morant y Pilar Bernabé, la primera como candidata a la presidencia de la Generalitat Valenciana y la segunda para el Ayuntamiento de Valencia. Lo que transciende a falta de nueve meses de las elecciones autonómicas y locales es que Sánchez está preocupado por las continuas meteduras de pata de Diana y la sombra de Mónica Oltra en la ciudad de Valencia, ambas circunstancias que ponen muy cuesta arriba que los socialistas saquen un resultado aceptable en nuestra Comunidad.

Las encuestas fiables, no las del CIS, no dan un vuelco electoral en favor de la izquierda en las elecciones autonómicas y locales, pero lo que si están anunciando cada vez con más claridad es que Compromís puede adelantar al partido socialista en las autonómicas y que en la ciudad de Valencia la candidatura de Pilar Bernabé puede obtener la cuarta posición, adelantada por Vox. Prueba de esta posibilidad es que en las declaraciones públicas de los líderes socialistas siempre hablan de reeditar un «Botánico 3», ya que son conscientes del hundimiento electoral y que por si solos no van a poder liderar gobierno alguno.

Pero lo más sorprendente es que, sabiendo de la carencia de las candidaturas, desde la Moncloa no cambien de estrategia, porque Pilar Bernabé cada día que pasa se pone en evidencia que tiene un lastre en la persona del que es el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, y en las llamadas que hizo como Delegada el triste día 29 de octubre, que evidencian su falta de preocupación por lo que ocurría en los barrancos con origen en Chiva, tal como desde el primer momento están declarando muchos testigos ante el Juzgado de Catarroja.

Pero la peor candidata es, sin duda alguna, Diana Morant que cada vez que habla «sube el pan». Hemos escuchado a la aún líder socialista valenciana comparar a Feijóo con Hitler, hemos leído en las diversas entrevistas que está concediendo como se alinea con Sánchez de forma inconsciente, llegando a afirmar que España «necesita a Sánchez», el mismo día en que los ciudadanos de Ceuta se manifestaban contra el abandono del Gobierno, mostrando que no posee el «don de la oportunidad». Además, se ha atrevido a denunciar que, si continua el Gobierno del PP, los extranjeros se quedarán sin sanidad, cuando todos los españoles hemos visto como Ceuta, cuya sanidad gestiona el Gobierno del que forma parte, está en un grave colapso y en riesgo de propagación de enfermedades infecciosas como denuncian los propios sanitarios. Otra muestra de su «fino sentido del análisis político»

Por otra parte ha sido anfitriona, como ministra de ciencia, de la fiesta que el Gobierno de España organizó en el observatorio astronómico de Yebes, cerrando toda la zona a los ciudadanos e incluso estableciendo controles de acceso al casco urbano del municipio. En dicha fiesta del «eclipse» estuvieron los ministros Marlaska y Óscar López, y se seleccionó a los invitados según el grado de entusiasmo con el «espíritu científico» gubernamental. Desde luego la ministra «científica» hizo gala de lo que nos espera a los valenciano si gobierna: el pueblo es incómodo, contra más lejos mejor. Este desprecio al pueblo, ya lo vimos en el gobierno del «Botánico 2», cuando Ximo Puig compró el edificio de Correos de Valencia y se dedicó a «fiestas VIP» para disfrutar distintos actos falleros para los invitados del «régimen».

Desde luego como ministra organizadora de «saraos» no tiene precio, como comentarista de la actualidad tampoco, pero su mayor «virtud» es su olfato en la selección de personal, algo de lo que tendrá que hacer uso si llega al Palau de la Generalitat. Así pues su número dos en la organización del partido, Vicent Mascarell, se va sentar en el banquillo, su padre político, Zapatero, tiene serios problemas judiciales, su número dos en la candidatura, Ábalos, está en la cárcel, su avalista para ser candidata, Cerdán, está asediado por la Justicia, su compañero el ministro con incontinencia verbal Óscar Puente se perfila para ser candidato por Alicante, el alcalde de Almussafes se marcha del partido haciéndolo en roto en la comarca de la Ribera Baja, el que escogió como presidente del partido valenciano, José María Ángel, denunciado por falsificar sus estudios y cobrar durante años sin tener los requisitos exigibles. Así podíamos continuar en una larga lista que pone de manifiesto que mucho «ojo» no tiene como cazatalentos.

Pedro Sánchez está preocupado con que se repita el fracaso de Andalucía y Aragón con candidatas ministras, porque sabe que los ciudadanos de la Comunidad Valenciana ya tienen claro que Diana Morant perderá las elecciones y a lo único que podrá optar será a candidata autonómica al Senado, como María Jesús Montero. El futuro de Pilar Bernabé será, sin duda, más humillante porqué será concejal de oposición, dejará la Delegación del Gobierno y se oscurecerá como el sol del eclipse del pasado día 12.