Imagen tomada este sábado durante la boda de Ximo Puig y Gabriela BravoEl Debate

A qué se dedican Ximo Puig y Gabriela Bravo tras dejar la primera línea de la política

Siempre hay una segunda oportunidad. Esta máxima bien lo saben el expresidente de la Generalitat Valenciana Ximo Puig y quien fuera su consellera de Justicia, Gabriela Bravo, que este sábado se dieron se casaron en una ceremonia civil celebrada en la más estricta intimidad en el restaurante Kiko Port, frente a la playa de Oliva, en la provincia de Valencia.

Son las segundas nupcias para ambos. El socialista tiene 67 años (nació el 4 de enero de 1959) y fue marido durante varias décadas de la periodista Amparo Panadero, con quien tuvo dos hijos. No posee ningún título universitario, si bien ha ejercido como periodista bastante tiempo e, incluso, llegó a poner en su currículum que sí había cursado y terminado dicha carrera, algo muy manido en la política independientemente del color del partido en cuestión.

Siempre ligado al PSPV-PSOE, su primer gran cargo institucional, más allá de concejal, senador y diputado, fue el de alcalde de Morella, el municipio de Castellón del que es natural. Nada más y nada menos que estuvo ostentando esas responsabilidades entre 1995 y 2012. Tan solo tres años más tarde en 2015, fue elegido presidente de la Generalitat pese a haber cosechado el peor resultado de la historia de los socialistas en la región. Es lo que tuvo pactar con Compromís y Unidas Podemos.

En el Palau se mantuvo hasta julio de 2023, fecha en la que le sucedió un Carlos Mazón que le endosó una sonora victoria en las elecciones de mayo de ese mismo año. Fue entonces cuando dio un paso al lado y , tras un periodo de transición, le cedió sin primarias la Secretaría General del PSPV-PSOE a la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, quien no acudió al enlace, no se si sabe si por no estar invitada o si por optar por hacer campaña en la manifestación de profesores en Valencia de este mismo sábado.

Con su salida del poder, los mentideros le daban muchas opciones de ser ministro de Política Territorial tras los comicios generales de julio de 2023, pero su pésima relación con Pedro Sánchez le cerró toda clase de puertas de entrar en su Gabinete, a diferencia de Ángel Víctor Torres o, incluso, de Francina Armengol, dos exmandatarios autonómicos recolocados, precisamente, en Política Territorial y la presidencia del Congreso de los Diputados, de manera respectiva.

Ahora bien, Puig está lejos de haber caído en el ostracismo, dado que su jefe de filas le nombró embajador de España ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), una suerte de retiro dorado con piso de 500 metros cuadrados en el centro de París, sueldo en torno a los 130.000 o 150.000 euros anuales, gastos pagados, chófer y secretaria. Por tanto, no parce que los contrayentes vayan a elegir la capital francesa para su luna de miel.

Quien sí tiene estudios universitarios es su ya mujer. Bravo, de 63 años, divorciada y con tres hijos, es licenciada en Derecho por la Universidad de Valencia y posteriormente logró sacarse la oposición a fiscal, lo que le valió para pasar a formar parte del Consejo General del Poder Judicial. De hecho, fue su portavoz, con lo que consiguió cierta notoriedad pública. Su trayectoria política comenzó de la mano de Puig, que la nombró consellera de Justicia, Interior y Administración Pública. Durante la etapa del Botánico fue cuando ambos se conocieron y comenzaron un amor cuyo último plazo hasta ahora ha sido la boda en Oliva.

Con Puig ya sin ser presidente, Bravo ocupó entre julio de 2023 y hasta enero de 2025 la Vicepresidencia Segunda de las Cortes Valencianas. En esa última fecha, renunció y retomó su carrera en el Ministerio Público.