Imagen de una de las fotografías de la muestraEl Debate

El Casino de Agricultura muestra la mirada de Enrique Borredá Puyo sobre la vida rural valenciana en los años 50 y 60

El autor instaló un laboratorio para revelar sus fotografías y perfeccionar personalmente todo el proceso

Una exposición recupera la obra de un fotógrafo amateur valenciano que documentó, con sensibilidad y precisión, paisajes, oficios, costumbres y escenas de la vida cotidiana en el campo durante las décadas de 1950 y 1960. Se trata de El campo en la Valencia de los 60 que acaba de inaugurarse en el Casino de Agricultura y que recupera la mirada fotográfica de Enrique Borredá Puyo (Aiacor, Canals, 1921 – Xàtiva, 2005), un fotógrafo amateur cuya obra constituye hoy un valioso testimonio artístico y documental de la vida rural valenciana de mediados del siglo XX.

Inspector del Instituto Nacional de Estadística, Borredá Puyo viajó mucho para desarrollar los censos agrarios y descubrió su pasión por la fotografía a mediados de los años cincuenta, cuando adquirió su primera cámara, una Rolleiflex, con la que comenzó a desarrollar una actividad fotográfica que acabaría convirtiéndose en una auténtica vocación. En su propio domicilio instaló un laboratorio para revelar sus fotografías y perfeccionar personalmente todo el proceso.

Enrique Borredá con la gerente del Casino, Ana IbáñezEl Debate

A finales de los años cincuenta ingresó en el Foto Club Valencia, una de las entidades de referencia de la fotografía valenciana de la época, de la que llegó a ser presidente durante varios años. Desde esta responsabilidad promovió concursos fotográficos de ámbito local, nacional e internacional. Su participación en certámenes internacionales le llevó a obtener la distinción FIAP, reconocimiento que acredita la calidad alcanzada por su trabajo dentro del ámbito de la fotografía amateur.

Durante los años sesenta y setenta continuó desarrollando su actividad fotográfica con una especial atención al paisaje, las personas y las formas de vida de su entorno. A comienzos de los setenta incorporó dos cámaras Asahi Pentax, además de diferentes teleobjetivos, ampliando sus posibilidades técnicas, aunque sin abandonar nunca su querida Rolleiflex.

Las fotografías reunidas en El campo en la Valencia de los 60 permiten recorrer un mundo rural que comenzaba a cambiar y que, en buena medida, ha desaparecido o se ha transformado radicalmente.

Pepa Tormo y los herederos, Enrique y Nieves Borreda, custodios de las fotosEl Debate

Borredá Puyo dirige su cámara hacia los trabajos agrícolas, los paisajes, los espacios domésticos, las tradiciones y las relaciones humanas. Sus imágenes muestran la agricultura no como un simple escenario, sino como una forma de vida: hombres y mujeres, animales, herramientas, caminos, cosechas y momentos de descanso forman parte de una misma realidad.

La exposición incluye imágenes vinculadas a distintos puntos de las comarcas valencianas, como Canals, Aiacor, la Costera, Bolbaite, Rotglà i Corberà, Enguera o Chera, además de fotografías realizadas en el Alto Palancia.

Entre ellas se encuentran las tres imágenes dedicadas al Tribunal de las Aguas, una de las instituciones más antiguas vinculadas a la cultura agrícola valenciana; escenas del cultivo de cítricos, como Plantant tarongers I y Plantant tarongers II, realizadas en 1962 en la zona de Fontanars, en Canals; o el interior de una antigua «cebera», las casetas de la huerta donde se secaban cebollas, ajos y otras hortalizas.

También están presentes los trabajos del campo en imágenes como Faena acabada y Aventando la mies, ambas de 1961 y realizadas en el Alto Palancia, así como escenas de la vida cotidiana: un padre y un hijo camino del trabajo con su mula en Vida rural I, mujeres llenando cántaros en la fuente del pueblo en Dos veces agua, o una tertulia de labradores jubilados en el casino de Rotglà i Corberà.

El paisaje y las pequeñas historias

La cámara de Borredá Puyo no se limita a registrar. Existe en sus fotografías una clara voluntad de composición, búsqueda de formas y atención a la luz, rasgos que explican también su reconocimiento en el ámbito de la fotografía amateur.

Paisajes como Els Serrans I, II y III, Sombra o Secano muestran su interés por las posibilidades plásticas del territorio. En otras imágenes, la mirada se detiene en detalles aparentemente cotidianos y los convierte en protagonistas: una tela de araña en un campo de naranjos en Geometría, los objetos y formas de la madera en Formas, madera y animales, o el antiguo bengalero, mueble habitual a la entrada de las casas donde se colgaban sombreros, gorras y garrotes utilizados en el campo.

La exposición recoge asimismo momentos de ocio y convivencia. En Jocs, Borredá Puyo retrata las formas de diversión en los pueblos de la época, mientras que Izquierda reúne en una misma escena algunos de los elementos que formaban parte de la vida cotidiana en la calle: la partida de pelota, el heladero o la venta de porrat y golosinas.

Frente a estas escenas colectivas aparece también la intimidad de Soledad, donde un pastor de la zona de Enguera descansa en su cabaña de montaña.

El valor de esta exposición se encuentra también en la dimensión de archivo de la obra de Enrique Borredá Puyo. Su hijo conserva más de 5.000 negativos, además de numerosas fotografías reveladas. Muchas de ellas conservan en el reverso anotaciones realizadas por el propio fotógrafo con el título, la fecha y, en algunos casos, el concurso o exposición en el que participaron.

Este archivo permite reconstruir no solo la trayectoria de un fotógrafo aficionado con una notable inquietud artística, sino también una parte de la memoria social y cultural de la Valencia rural de aquellos años.

La exposición presenta así una doble lectura. Por una parte, permite descubrir la obra de un fotógrafo que dedicó buena parte de su vida a observar y capturar con su cámara aquello que le rodeaba. Por otra, ofrece al visitante la oportunidad de reencontrarse con paisajes, trabajos, objetos, costumbres y formas de relación que forman parte de la historia reciente de los pueblos valencianos.

El campo en la Valencia de los 60 es, en definitiva, una invitación a mirar hacia atrás para descubrir cómo era aquel territorio y cómo vivían quienes lo habitaban. Una mirada personal que, más de medio siglo después, adquiere también el valor de una memoria colectiva.

Enrique Borredá Puyo falleció en su casa de Xàtiva el 2 de agosto de 2005, a los 84 años. Esta exposición recupera ahora una pequeña parte de su legado fotográfico y devuelve a la mirada del público aquellas imágenes de un campo valenciano que ya pertenece a la memoria.