Imagen del libro y del autor alicantinoEl Debate

La reseña de los sábados

«El político» de Azorín. Tratado de las buenas maneras para diputados

En sus páginas, el intelectual monovero dibuja los parámetros existenciales, estéticos y éticos a los que debería aspirar cualquiera que pretenda gobernar o adentrarse en el «arte de lo posible»

No sé si recordarán ustedes de El tratado de las buenas maneras, esa pequeña joya bibliográfica que durante décadas habitó los anaqueles de tantos hogares españoles, acumulando el polvo propio de las cosas nobles en desuso. Aquel era un manual de cortesía, caballerosidad y galantería; un compendio que instruía con pulcro rigor desde el manejo adecuado de la cubertería hasta el protocolo social más minucioso.

En una entrevista concedida a este mismo medio, Arturo Pérez-Reverte confesaba mantener intacta su devoción por ese viejo librillo de valores tradicionales, asido al respeto y al decoro como quien se agarra a un pecio en mitad del naufragio contemporáneo. Porque, aun olvidados, tales preceptos siguen siendo el único antídoto contra la barbarie.

Hoy, la educación se ha vuelto un gesto extravagante. Entrar en un comercio y dispensar al dependiente un trato afable y escrupulosamente educado despierta una extrañeza casi astronómica, como si uno fuera un visitante recién descendido de otra galaxia. Sin embargo, pertenecemos al mismo planeta; la geografía humana no ha cambiado, sino su atmósfera. Respiramos un aire enrarecido y hostil donde el individuo ya no es acogido, sino rechazado por una inercia de zafiedad cotidiana. Como es natural, la entropía moral no se detiene en la calle: si la ciudadanía languidece en la chabacanería, la clase dirigente no tarda en reflejar el mismo deterioro.

En épocas en que el relativismo no ejercía este hegemonismo asfixiante, la formación en principios morales y etiqueta formaba parte del bagaje elemental del ciudadano. Para la clase política existe un equivalente preciso a ese Tratado de las buenas maneras: se trata de «El político», breve y deslumbrante ensayo trazado por la pluma del alicantino Azorín, uno de los prosistas y periodistas más excelsos de nuestra historia. En sus páginas, el intelectual monovero dibuja los parámetros existenciales, estéticos y éticos a los que debería aspirar cualquiera que pretenda gobernar o adentrarse en el «arte de lo posible». Resulta incomprensible que, al acatar el cargo en el Congreso, junto al maletín institucional no se entregue a los diputados un ejemplar de este texto señero de las letras valencianas.

A la luz de los bochornosos espectáculos que semanalmente abochornan la Cámara Baja, urge revivir este monográfico sobre la conducta honorable

A la luz de los bochornosos espectáculos que semanalmente abochornan la Cámara Baja, urge revivir este monográfico sobre la conducta honorable. Trágicamente, a pesar de su carácter medular, El político es hoy una especie en extinción en las librerías comerciales —quizá por el temor editorial de que su lectura ponga en evidencia la desnudez de nuestros próceres—. Quien desee hacerse con él debe emprender una labor casi arqueológica por las librerías de viejo, rastreando entre estanterías con aroma a papel cansado y carcoma que devora tiempos infinitamente mejores.

Valdría la pena el intento. Más de uno en el hemiciclo sufriría una saludable catarsis al cerrar las páginas del maestro Azorín.