El festín de Burjassot
Reivindico los Episodios Nacionales como la mejor crónica histórica novelada de la literatura universal, evocando un período de la historia de España convulso como tantos otros, y donde se libró otra guerra civil que con el paso de los años acabó siendo enterrada
Soldados y oficiales se atiborraron aquel día de arroces quemados, anguilas, patos, morcillas y cordero. Hubo incluso una banda de música tocando jotas y otras canciones más o menos desafinadas. Los jefes del ejército contaban con mantelería y vasos con los que les habían agasajado los vecinos del pueblo. Aquello fue lo más parecido a una bacanal romana. Burjassot se convirtió en una orgía donde no faltó de nada, ni siquiera la sangre derramada en los fusilamientos. Entre canciones y proclamas, vinos y manjares, sonaban de tanto en tanto descargas que provenían de un corral próximo a la celebración. Un lugar al que eran llevadas las cuerdas de prisioneros y donde se les daba el tiro final. Burjassot fue uno de los lugares más siniestros en la historia de la guerra civil. Y fue magistralmente narrado por Benito Pérez Galdós.
En este punto es donde ustedes paran de leer y me dicen que Pérez Galdós falleció dieciséis años antes del inicio de la guerra civil, pero es que yo no me estoy refiriendo a «esa» guerra civil del siglo XX que continuamente se rememora en estos tiempos, me refiero a otra de las tantas guerras civiles que ha sufrido la península ibérica desde que comenzó a poblarse. En «La campaña del Maestrazgo», el novelista despliega una narración descarnada de uno de los episodios más deleznables que se vivieron en las conocidas como guerras carlistas en el siglo XIX, entre las dos ramas de la casa de Borbón que se disputaban el trono: la reina Isabel II y su madre, la regente María Cristina (bando cristino), y los partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón (bando carlista). A finales de marzo de 1837, el general carlista Ramón Cabrera avanzaba con sus tropas hacia Valencia, y el descanso de los soldados en la población valenciana sirvió para organizar esta fiesta y a la vez el fusilamiento de prisioneros. Conocido como el «Tigre del Maestrazgo», fue un militar excepcional, alabado por sus propios enemigos isabelinos, pero también descrito como un hombre de fría crueldad.
Las matanzas de Burjassot tienen su germen en la venganza jurada por Cabrera tras haber sido fusilada su madre, María Griñó, solo por el hecho de ser él su hijo. Ojo por
ojo, diente por diente. Muerto por muerto.
En la novela, Galdós narra con infinito detalle la crueldad del momento, sin ahorrar situaciones escabrosas para no ocultar la miseria y monstruosidad presente en esta y en todas las guerras («se entretenían en quemarles los bigotes cadavéricos y en pegarles cuchilladas»).
Con estas descripciones y con los diálogos y pensamientos que pone en boca de los protagonistas, además de una insuperable crónica de los acontecimientos, encontramos un manifiesto antibelicista de primer orden (“Que sea
necesaria la destrucción de vidas para llegar a la paz”). La alegría de la fiesta y la victoria de unos contrasta con la agonía de la muerte cercana de otros.
Lo que es la guerra, en definitiva, cualquier guerra, como el mismo escritor plasma en las reflexiones del narrador o de algunos de los protagonistas («Cuando me pongo a desentrañar la filosofía de esta guerra, no puedo menos de echarme a reír... y riéndome y pensando, acabo por convencerme de que todos estamos locos»).
No quiero terminar el artículo sin hacer referencia a la obra en la que está insertado el relato: los Episodios Nacionales. Una colección magistral de novelas enmarcadas en la España del siglo XIX, que nos ofrece un retrato político y social minucioso del momento, y por donde desfilan personajes ilustres y donde se encuentran algunos de los acontecimientos más relevantes de las batallas y sucesos de aquellos beligerantes años.
El conjunto de la obra es inmenso y tal vez lo encuentren de difícil lectura por su densidad literaria e informativa, pero yo les animo a que lo hagan, sin atreverme a recomendarles uno solo de los capítulos de esta especie de epopeya.
Conocerán la vida de Carlos IV, navegarán en los barcos de la batalla de Trafalgar, recorrerán sierras y montes con Juan Martín el Empecinado, o se aterrorizarán con la tragedia y el horror de la guerra leyendo la orgía de vino y sangre que se vivió en Burjassot.
Yo reivindico los Episodios Nacionales como la mejor crónica histórica novelada de la literatura universal, evocando un período de la historia de España convulso como tantos otros, y donde se libró otra guerra civil que con el paso de los años acabó siendo enterrada.