Pilar Bernabé va a hacer campaña en la Universidad. Me recuerda a esa película en la que unos agentes del FBI se infiltran en el campus para desarticular una trama de narcotráfico. Bernabé no busca cogollos de marihuana ni bolsas de cocaína, sino esa otra droga a la que los políticos son profundamente adictos: los votos. Se presenta a delegada de curso para calentar de cara a las municipales; comprará las papeletas a cambio de apuntes y camaradería en el control de asistencia. Es una política hábil. O quizá no tanto. Poco sentido tiene matricularse en una carrera que en tu currículum el PSOE daba por terminada. Ya puestos a mentir, miente hasta el final, como tu presidente Pedro Sánchez. Le faltan lecciones.

La que sí tiene título universitario es Diana Morant. Para que luego digan que los milagros no existen: lo extraordinario a veces se esconde en la rutina de sufrir a una ministra cuya aportación a la política no pasa de las ocurrencias de colegio. Hace unas semanas, a una dirigente socialista se le iluminaban los ojos hablándome de la candidata del PSPV a la Generalitat, presumiendo de su experiencia y de su título de ingeniería. Servidor, por pura educación, otorgó la duda con el silencio. Viendo los resultados de España en el informe PISA, la mayor prueba de la degradación académica de este país es que Diana Morant sea ingeniera. Mi padre, cuando ve algo que le llama la atención, evoca siempre el genio de los ingenieros. La líder socialista es experta, pero en la ingeniería del esperpento.

Aunque no tenga título y tampoco sea santa de mi devoción, prefiero mil veces como candidata a Pilar Bernabé antes que a Diana Morant. Uno de nuestros grandes problemas intelectuales es haberle otorgado un valor dogmático a lo que diga un papel expedido por instituciones caducas. Conozco a gente infinitamente más preparada sin carrera que Diana Morant. Juanfran Pérez Llorca, por ejemplo: no será el político más hábil de la historia, pero al menos piensa lo que dice antes de hablar. El Congreso está lleno de licenciados que son verdaderos patanes. Tantos graduados en la Cámara y lo que deberían hacer es graduarse la vista para mirarse al espejo.

Imagen de Diana Morant y Pilar BernabéEP

El PSOE no tendría que haber mentido en el currículum de Bernabé. En lugar de eso, podría haber enarbolado una crítica certera contra la titulitis. No voy a negar que servidor la sufre cuando hordas de periodistas relamidos me acusan de intrusismo por dedicarme íntegramente a este oficio. Se nos ha ido la cabeza. Presuponemos que un título otorga respetabilidad automática. Ximo Puig no tenía titulación y daba menos vergüenza ajena que Diana Morant. Tendría sus pecados originales socialistas —como dar mucho teniendo muy poco, sobre todo a su hermano—, pero cuando hablaba no pronunciaba las barbaridades de su sucesora. Hemos subido a los altares a ineptos motivados porque alguien les dijo que eran listos. Si el mundo no se basase en la falsa meritocracia de los diplomas, Diana Morant no habría llegado ni a concejal de Gandía. Pilar Bernabé, por lo menos, habría llegado a concejal de distrito.