Los martes o cómo sacar conejos de la chistera
Desde que se convocaron las elecciones generales, las carteras ministeriales parecen haber cobrado una actividad de intensidad hasta ahora desconocida
En la Comunitat Valenciana, sabemos muy bien en qué consiste gobernar a base de golpes de efecto. Durante ocho años asistimos a una sucesión de anuncios que, en demasiadas ocasiones, quedaron pendientes de convertirse en realidades. Fueron los tiempos de los llamados «Ximoanuncios», una expresión que resumía una forma de hacer política en la que la propaganda avanzaba más deprisa que la gestión. Un estilo mantenido por Pedro Sánchez y que adquiere un nuevo brío en estas semanas previas a las elecciones, con un Consejo de ministros que, cada martes, parece dispuesto a sacar un nuevo conejo de la chistera. Todo lo que no se ha hecho en ocho años se pretende hacer en apenas un mes.
Desde que se convocaron las elecciones generales, las carteras ministeriales parecen haber cobrado una actividad de intensidad hasta ahora desconocida. Primero, llegaron 21 medidas relacionadas con la vivienda. Tras ellas, las mejoras en las pensiones de viudedad, prestaciones por incapacidad temporal, ayudas a familias vulnerables y nuevas inversiones. Todo ello presentado con una velocidad que invita a hacerse una pregunta aparentemente ingenua: ¿por qué tantas soluciones parecen haber encontrado su momento precisamente cuando se acerca la cita con las urnas?
Como la chistera del mejor mago, los martes del Gobierno no dejan a nadie indiferente. Entre las medidas que podrían anunciarse en el corto plazo figuran una nueva subida del salario mínimo, una deducción fiscal para sus perceptores y novedades sobre la revalorización de las pensiones. No sabemos cuál llegará cada semana, pero sí que nos han dejado claro que encadenar cuatro años sin nuevos Presupuestos Generales del Estado y otros tantos sin celebrar un Debate sobre el Estado de la Nación para dar explicaciones, nunca pareció tan urgente para Sánchez. Resulta inevitable preguntarse cómo puede un Gobierno encontrar tiempo para presentar un nuevo catálogo de soluciones cada semana y no haber encontrado la oportunidad de haberlo hecho y, ni siquiera, de aprobar unas cuentas propias durante tantos años.
Resulta de una frivolidad pasmosa dar a entender que los problemas han surgido en los últimos días y que el Ejecutivo, mediante una suerte de mecanismo de acción-reacción, se apresura a afrontarlos con prontitud y diligencia. Nada más alejado de la realidad. Los problemas de acceso a la vivienda, las necesidades de nuestro sistema sanitario y de atención a la dependencia o la reforma pendiente de la financiación autonómica llevan años sobre la mesa. Y los valencianos tenemos motivos concretos para exigir respuestas: la Generalitat reclama al Gobierno central cerca de 4.000 millones de euros por la financiación acumulada de la dependencia y otros 1.039 millones por la asistencia sanitaria prestada a pacientes desplazados. Y, mientras se anuncian nuevas iniciativas sociales, continúa pendiente de resolver cómo se financian adecuadamente servicios que ya se están prestando, porque los servicios públicos necesitan financiación todos los días, no solamente los martes.
Frente a la política de los anuncios, en el Partido Popular, apostamos por la política de los hechos, demostrando que el camino se hace al andar. En la Comunitat Valenciana, presentamos un balance de compromisos cumplidos extraordinariamente alto y, además, alcanzado en un tiempo récord: rebajas fiscales, vivienda, educación, sanidad, sector primario, innovación e infraestructuras. Todo ello, prácticamente a pulmón, sin que el Gobierno reconozca mediante una dotación económica adecuada el peso poblacional de nuestra Comunitat.
Esa misma voluntad de cumplir la palabra dada inspira el compromiso público que Alberto Núñez Feijóo ha adquirido con los españoles a través de su «Contrato con España». Un documento que recoge doce compromisos concretos en materia de vivienda, fiscalidad, pensiones y servicios públicos, y que permite conocer de antemano las propuestas por las que deberá rendir cuentas si llega al Gobierno. La noche y el día: entre quienes explican qué prometen, cuánto costarán sus propuestas y cuándo prevén llevarlas a cabo, y quienes han hecho de la improvisación y el marketing su hoja de ruta.
Que, en el «time out» de la carrera electoral, los Consejos de ministros se conviertan en la factoría de los «Pedroanuncios» es, ante todo, una falta de respeto a la inteligencia de los ciudadanos. El verdadero balance de una legislatura no se encuentra en el número de anuncios de sus últimas semanas, sino en la capacidad de responder a los problemas durante todo el tiempo en que se gobierna.
Carlos Gil es secretario general del Partido Popular de la Comunidad Valenciana