La política valenciana vuelve a vivir uno de esos momentos en los que se retratan todos. El anuncio de que Compromís concurrirá al Congreso en una coalición de facto con Esquerra Republicana de Catalunya, bajo la marca de «Compromís-Front Valencià», y este conglomerado ha pactado con el PSOE en el Senado en una única candidatura, no es una simple alianza electoral. Es una declaración ideológica. Es la confirmación de que la izquierda valenciana ha elegido de qué lado está: del lado de los que niegan que exista una identidad valenciana propia, del lado de los que quieren diluir la Comunitat Valenciana dentro de los Países Catalanes, del lado de los que utilizan Valencia como moneda de cambio en su estrategia independentista.

Votar a esta izquierda el próximo 29 de noviembre es votar a ERC. Es votar a Gabriel Rufián. Es votar a los que insultan a Valencia en el Congreso. Es votar a los que no reconocen la autonomía valenciana.

Pero el verdadero «caballo de Troya» del supremacismo independentista de Cataluña durante estos años ha sido, sin duda, Compromís que ha estado jugando un doble juego. En Valencia se envolvía en las tradiciones valencianas, hablaba de la huerta y del valenciano de todos, y se presentaba como un partido valencianista moderado y amable. En Madrid hacía exactamente lo contrario. Votaba con ERC, pactaba con ERC y defendía una financiación y un modelo territorial que siempre perjudicaba a la Comunitat Valenciana en favor de Cataluña. Ese doble juego se ha acabado. Ahora ya no se esconden. La coalición con ERC es pública, oficial y orgullosa.

Y no es una coalición inocente. Compromís y ERC comparten un mismo proyecto: borrar las señas de identidad del pueblo valenciano. Para ERC, Valencia no es una comunidad autónoma con historia propia, con Estatuto, con personalidad foral y con una lengua reconocida por la Constitución y por el Estatut. Para ERC, Valencia es una provincia catalana, una parte de esa ficción imperialista que llaman Países Catalanes. Para ellos, el valenciano no existe: es catalán. Para ellos, la Real Senyera no es nuestra: es una copia. Para ellos, nuestro Reino de Valencia no es más que un apéndice de su relato. Y Compromís defiende este relato por completo.

Cada voto a Compromís es un voto para que en el Congreso se diga que los valencianos hablamos catalán. Cada voto a Compromís es un voto para que se niegue nuestro autogobierno y se nos subordine a Barcelona. ¿De qué valencianismo presumen? No hay valencianismo posible cuando tu socio electoral cree que Valencia no existe. No hay defensa de la Comunitat cuando tu estrategia pasa por entregar a Cataluña la voz de los valencianos en Madrid.

Si el pacto para el Congreso es grave, el acuerdo para el Senado entre Compromís y el PSOE es un ataque directo a nuestra autonomía y a la decencia política.El PSOE de Pedro Sánchez, con Pilar Bernabé a la cabeza en Valencia, ha decidido que para mantener sus escaños en el Senado necesita la muleta de Compromís. Han firmado un reparto de candidaturas que entrega a Compromís la capacidad de condicionar la política valenciana desde la Cámara Alta.

Es el PSOE el que abre la puerta a que la izquierda catalanista tenga la llave del Senado por Valencia. Es el PSOE el que permite que los que quieren romper España y disolver la identidad valenciana sean decisivos para aprobar leyes que afectan a nuestros agricultores, a nuestra industria y a nuestro turismo.

Es una operación de laboratorio del sanchismo más rancio: Sánchez ya no gana en Valencia, necesita a sus socios. Y sus socios tienen un precio. El precio es la identidad. El precio es entregar la representación de la Comunitat Valenciana a una coalición que nos considera una colonia cultural de Cataluña. ¿Ese es el proyecto del PSOE valenciano? ¿Esa es la defensa de la autonomía que prometieron?

Este pacto es además una humillación para todos los socialistas valencianos que sí creen en Valencia, que sí creen en el Estatuto y que sí creen en la España de las autonomías. Sánchez los ha sacrificado por un puñado de votos.Y en medio de este cambalache aparece el último símbolo de la deriva: Isaura Navarro en la lista socialista.

La inclusión de Isaura Navarro, histórica de Compromís y asesora del gobierno corrupto y asesino de Hugo Chavez , en la candidatura del PSOE por Valencia es la prueba definitiva de que el PSOE ha dejado de ser un partido autónomo y moderado para convertirse en la marca blanca de la extrema izquierda . Navarro representa lo más sectario y lo más anti-valenciano de Compromís: la que justificó los ataques a la lengua valenciana, la que defendió los Países Catalanes sin rubor, la que hizo del conflicto identitario su forma de hacer política y la defensora de terribles dictaduras como la venezolana.

Su presencia hunde por completo la pretendida moderación de socialistas como el alcalde de Paterna Juan Antonio Sagredo que comparte candidatura al Senado con la radical amiga de Chavez. No se puede ser alcalde «moderado» y a la vez aplaudir que tu partido lleve en sus listas a Isaura Navarro. No se puede hablar de centralidad cuando tu lista al Senado depende de los que quieren borrar la identidad valenciana.

Pilar Bernabé ha elegido, Sagredo ha elegido. Ha elegido a Sánchez, ha elegido a Compromís y ha elegido a ERC. Ha elegido estar con los que no reconocen la autonomía valenciana.

El 29N los valencianos tienen una oportunidad clara. O votan por partidos que defienden la Comunitat Valenciana, su Estatuto, su lengua valenciana y su Real Senyera coronada, o votan por una coalición que nos quiere convertir en un barrio de Barcelona. O votan por la autonomía real o votan por la disolución identitaria.

Votar PSOE, votar Compromís es votar ERC, es votar contra Valencia. Y de esto van las elecciones del 29 de noviembre.