Imagen de la mesa redonda en la IX Jornada «Empresas Familiares en el mundo».El Debate

La familia, una ventaja competitiva: expertos internacionales y empresarios analizan cómo hacer que la empresa familiar perdure

Kimberly Eddleston (Northeastern University) y Thomas Zellweger (Universidad de St. Gallen) han analizado cómo hablar de sucesión sin miedo y cómo hacer que cada generación sea «fundadora».

Compartir un apellido no basta para asegurar el futuro de una empresa. Preparar el relevo con tiempo, afrontar las conversaciones difíciles y dar espacio a las nuevas generaciones para emprender son algunas de las claves que hoy han destacado expertos internacionales y empresarios en València para convertir la familia en una ventaja competitiva y garantizar la continuidad del negocio.

Con este propósito, hoy ha tenido lugar en EDEM Escuela de Empresarios la IX Jornada «Empresas Familiares en el mundo», organizada por la Cátedra de Empresa Familiar de la Universitat de València (CEFUV). La Cátedra está promovida por la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), EDEM Escuela de Empresarios, el Instituto Valenciano para el Estudio de la Empresa Familiar (IVEFA), el Instituto de la Empresa Familiar (IEF) y la Universitat de València (UV), y cuenta con la colaboración de CaixaBank y Broseta.

Bajo el lema «Transformar la familia en una ventaja competitiva», el encuentro ha conectado la investigación con la experiencia empresarial para analizar cómo cuidar las relaciones familiares sin renunciar a las decisiones que necesita el negocio. La jornada ha servido, además, para celebrar los veinte años de la CEFUV como espacio de colaboración entre universidad y empresa.

Dos referentes internacionales

Kimberly Eddleston, profesora de Northeastern University, ha abordado uno de los principales obstáculos de la empresa familiar: la dificultad para hablar de los asuntos que más condicionan su futuro. La sucesión, el patrimonio, las responsabilidades o la preparación de los familiares pueden convertirse en temas tabú cuando se evita tratarlos por miedo a deteriorar la relación.

La profesora ha explicado que aplazar estas conversaciones puede aumentar la tensión y alimentar expectativas que nunca se han expresado con claridad. Para avanzar, ha recomendado abordar un asunto cada vez, empezar por los objetivos compartidos y escuchar con respeto.

También ha señalado la importancia de que la generación que dirige la empresa dé el primer paso y reconozca a los sucesores como profesionales con criterio propio.

Thomas Zellweger, profesor de la Universidad de St. Gallen, ha recordado que la supervivencia de la empresa familiar cae en torno al 30% con cada generación y ha defendido que la clave para revertirlo no es solo conservar el negocio recibido, sino saber renovarlo. Cada generación, ha explicado, debe asumir un papel emprendedor: mantener el espíritu emprendedor, decidir dónde invertir, qué negocios desarrollar o dejar atrás, preparar a la familia para ejercer la propiedad con responsabilidad y planificar el traspaso del control. Su receta es un relevo gradual, con funciones bien definidas, que aproveche la experiencia de quien lidera y dé autonomía a quien toma el testigo.

Los datos que ha presentado apuntan en esa dirección «a los ocho años seguían activas el 98% de las empresas en las que el fundador compartía el control con un familiar, frente al 61% de aquellas en las que cedía por completo el mando a un directivo externo».

Por su parte, Kimberly Eddleston ha puesto el acento en las relaciones entre generaciones. Las distintas expectativas sobre la autoridad, la autonomía o la toma de decisiones pueden generar fricciones si no se hablan abiertamente. Su propuesta es construir una relación profesional basada en el respeto, la confianza y la voluntad de aprender en ambas direcciones.

Familia, propiedad y gestión: aprender a distinguir los papeles

El coloquio «Transformando a la familia en una ventaja competitiva» ha trasladado estas reflexiones a la realidad empresarial con la participación de Ignacio Bertolín, consejero delegado de Grupo Bertolín; Sergio Pérez, CEO de Fritoper; y los profesores Kimberly Eddleston y Thomas Zellweger.

Ignacio Bertolín, consejero delegado de Grupo Bertolín, empresa familiar valenciana del sector de la construcción con más de 50 años de trayectoria y especializada en el desarrollo de proyectos de gran envergadura y complejidad, ha destacado la visión a largo plazo como uno de los rasgos diferenciales de las empresas familiares, pero ha advertido de la necesidad de no confundir la condición de propietario con el desempeño de un puesto de trabajo. Ante una decisión importante, ha defendido que debe prevalecer lo que necesita la empresa: «Si la empresa va bien, hay altas probabilidades de que la familia también; al revés no te lo garantiza».

Para el consejero delegado de Grupo Bertolín, preparar a quienes tomarán el relevo significa darles una buena formación, transmitirles valores con el ejemplo y dejar que hagan su propio camino. «Las siguientes generaciones en empresas familiares tienen que mejorar en formación a la anterior», ha señalado. Los valores, en cambio, se aprenden en el día a día: «Ya nos preocupamos en transmitirlos con el ejemplo que también nosotros aprendimos de nuestros padres». Por eso, ha insistido en que los sucesores trabajen antes «fuera del abrigo de la familia sí o sí»: «Si son buenos fuera, tendremos más probabilidades de éxito con ellos cuando vengan».

Sergio Pérez, CEO de Fritoper, lidera una nueva etapa de esta empresa familiar de referencia en el universo de los snacks. Dedicada a la elaboración artesanal de patatas fritas desde 1979 es, además, la compañía pionera en España en la fabricación de palomitas para microondas. Desde la década de los 90, la firma creada por Juan Pérez encabeza la innovación en el ámbito de las patatas fritas desarrollando el formato de ‘bolsa lazo’.

Sergio ha destacado entre los valores que considera fundamentales el sentido de pertenencia, una cultura que ha vivido desde su infancia y que hoy sigue formando parte de la identidad de la compañía. «En mi casa no había vacaciones: en julio y agosto íbamos a la fábrica. Éramos una familia, tanto los trabajadores como nosotros», ha recordado. Esta experiencia ha marcado su concepción del liderazgo, basado en la cercanía, la confianza y el contacto directo con los equipos.

En la actualidad, Fritos Pérez ha ampliado su campo de acción y cuenta con un extenso surtido de productos y sabores dentro del sector del aperitivo. Bajo la dirección de Sergio Pérez, la corporación valenciana -que cuenta con factorías en Benifaió y Alaquàs- se ha consolidado en la vanguardia del sector de los aperitivos a nivel nacional. La empresa mantiene una estructura de gestión en la que participan los distintos miembros de la familia. Una apuesta por anticiparse al relevo generacional y asegurar la continuidad del proyecto empresarial, preservando el legado familiar al tiempo que se impulsa su desarrollo futuro.

El análisis de los profesores ha aportado también una mirada internacional en este panel. Según los datos presentados por Zellweger, las 500 mayores empresas familiares del Global Family Business Index tienen una edad media de 93 años, una muestra de que el carácter familiar es compatible con crecer y construir proyectos que perduran durante generaciones. Además, solo en el 40% de ellas la dirección ejecutiva está en manos de un miembro de la familia. Mantener el legado familiar no significa, por tanto, que un familiar deba estar siempre al frente del día a día: también puede apoyarse en profesionales externos a la familia para dar continuidad al proyecto.

Veinte años conectando investigación y empresa

La jornada ha concluido con la celebración del 20º aniversario de la CEFUV, con la intervención de Alejandro Escribá, catedrático de Organización de Empresas de la Universitat de València y director de la Cátedra, y Diego Lorente, secretario general y director de AVE.

Escribá ha repasado la evolución de la Cátedra y ha reafirmado su prioridad: «Mejorar la competitividad y perdurabilidad de las empresas familiares sigue siendo nuestra prioridad». Desde que asumió la dirección en 2016, ha explicado, se ha reforzado poco a poco el pilar de la investigación, con trabajos de aplicación muy directa para las empresas. En este tiempo, ha añadido, se han consolidado los espacios de encuentro, como las jornadas de la CEFUV, y se ha conectado la investigación con la transferencia de conocimiento a través de publicaciones sobre numerosos temas. «Hemos crecido de forma exponencial», ha señalado, y el reto sigue siendo escuchar a las empresas para compartir con ellas un conocimiento que les ayude a avanzar y acercar aún más el mundo universitario y el empresarial. Ha cerrado su intervención con un agradecimiento a los estudiantes, a quienes colaboran con la Cátedra, a los equipos que la han hecho crecer y a las familias empresarias que confían en ella.

Por su parte, Diego Lorente ha agradecido, en nombre de todos los colaboradores, la labor a todos los que han participado durante estos años: los directores que han impulsado el trabajo junto a sus equipos de investigación, los profesores que investigan en el día a día y colaboran de forma conjunta, y los empresarios que cuentan sus historias e inspiran a otros «sin filtro». Lorente ha destacado que la CEFUV es un ejemplo de colaboración entre universidad y empresa.

En estas dos décadas, la CEFUV ha consolidado un puente entre universidad y empresa gracias al respaldo de sus entidades promotoras y colaboradoras y a la participación de las familias empresarias. Esta alianza ha permitido combinar investigación, formación y transferencia de conocimiento mediante estudios sobre gobierno, competitividad y sucesión, publicaciones divulgativas y encuentros como los desayunos CEFUV y las Jornadas de Empresas Familiares en el Mundo. Una trayectoria orientada a convertir el conocimiento científico en herramientas útiles para mejorar las decisiones, profesionalizar la gestión y favorecer la continuidad de las empresas familiares.