Marisco
Los dos mariscos menos convencionales de Galicia
Los 'santiaguiños' y los 'caramuxos' destacan por su singularidad y exquisitez
La costa gallega, conocida por su rica gastronomía marina, alberga una variedad de mariscos que son la delicia de los amantes de la buena mesa
Entre todos ellos, dos destacan por su singularidad y exquisitez, aunque son menos conocidos que otros crustáceos y moluscos gallegos como los percebes o las nécoras. Sin embargo, estos productos del mar se consideran auténticos tesoros culinarios.
Un marisco con la cruz de Santiago
Nos referimos a los santiaguiños y los caramuxos, dos delicias que, aunque poco comunes, ofrecen una experiencia gastronómica única para los amantes del marisco.
El santiaguiño es un marisco que habita en zonas no demasiado profundas, generalmente entre los 5 y los 30 metros de profundidad, y se refugia en las grietas de las rocas marinas.
Santiaguiños
Se caracteriza por sus diez patas, sus antenas aplanadas con forma de pala y su color pardo con matices rojizos que se intensifican al cocerlos.
La razón de su nombre se debe a la marca rojiza que aparece en su caparazón tras la cocción, una marca que recuerda a la cruz de Santiago.
Este crustáceo se alimenta de pequeños microorganismos, moluscos y restos orgánicos que encuentra en su entorno marino. Aunque no es exclusivo de las costas gallegas, la versión gallega de este marisco es la más apreciada debido a su sabor.
Los santiaguiños, parientes lejanos de las langostas, no son especialmente grandes; su tamaño alcanza entre 5 y 14 centímetros de longitud. Aunque su carne es blanca, sabrosa y muy apreciada, lo más codiciado de este marisco son sus corales (gónadas o huevas) consideradas un verdadero manjar.
En Galicia, la forma más común de prepararlos es cocidos, sumergiéndolos durante unos 7 minutos en agua con sal y laurel.
Los santiaguiños están protegidos por vedas que limitan su recolección a ciertos periodos del año. Esta regulación busca preservar la especie a largo plazo.
Para comer con palillo o agujas
Por otro lado, los caramuxos, también conocidos como burgado, burgao, bígaros o caracolillos según la región, son pequeños caracoles marinos que miden entre 3 y 5 centímetros.
Su concha, de forma cónica y espiralada, exhibe colores verde-púrpura salpicados de manchas oscuras, los distinguen de otro tipo de caracoles.
Su recolección es una actividad manual que requiere habilidad y paciencia, ya que estos moluscos suelen esconderse en las grietas de las rocas para mantenerse húmedos durante las mareas bajas.
Los caramuxos se preparan de manera sencilla, basta con cocerlos solamente con un puñado de sal ya que, de esta manera, se podrá apreciar su sabor y textura y resaltar su frescura. Eso sí, será necesario disponer de una aguja o palillo para extraer su carne.