O Cebreiro, puerta de entrada a Galicia en el Camino FrancésDeputación de Lugo

Los pueblos menos turísticos que sorprenden al peregrino en el Camino Francés a su paso por Galicia

Conservan un patrimonio histórico, arquitectónico y cultural de gran valor a pesar de tener pocos habitantes

El Camino Francés, principal ruta de peregrinación a Santiago de Compostela, recorre más de 750 kilómetros desde San Juan de Pie de Puerto ( Saint-Jean-Pied-de-Port), en Francia, hasta la capital gallega.

A su paso por Galicia, esta ruta jacobea atraviesa una serie de pequeños pueblos que, a pesar de su tamaño, conservan un patrimonio histórico, arquitectónico y cultural.

Muchos de estos núcleos rurales no alcanzan los mil habitantes, pero su relevancia en la historia del Camino y su riqueza etnográfica los convierten en paradas imprescindibles para los peregrinos.

El alma de la ruta jacobea

El Camino Francés es una travesía por la Galicia más rural. A su paso por Lugo y La Coruña, esta ruta discurre por una serie de pequeñas localidades.

Al pisar tierra gallega, el Camino Francés entra por la provincia de Lugo, dejando atrás Castilla y abriéndose paso entre paisajes típicos de la región. El primer pueblo en este tramo es O Cebreiro, una aldea que, en lo alto de las montañas, conserva las típicas pallozas y una iglesia donde, según la tradición, ocurrió el llamado Santo Grial gallego. Allí se guarda el cáliz y la patena del milagro.

Siguiendo la ruta, el viajero llega a Triacastela, una de las localidades con más peso simbólico del Camino. Final de etapa según el Codex Calixtinus, debe su nombre a tres castillos desaparecidos. Su antigua cárcel de peregrinos y las canteras de donde se extraía la cal para la catedral compostelana son testigos de la estrecha conexión de este pueblo con el origen del templo santiagués.

Más adelante, Santiago de Barbadelo sorprende con su iglesia románica, monumento nacional. Es lo único que queda del antiguo monasterio, pero sus tallas hacen del lugar una parada imprescindible.

Imagen del Camino de Santiago desde la ruta del Camino Francés

Paradela, cuyo nombre ya indica su función histórica como 'parada', marca el inicio del paso del Camino por la Ribeira Sacra, uno de los enclaves más mágicos de Galicia. Aunque hoy cuenta con algo más de mil habitantes, su vinculación al Camino y su ubicación le confieren un carácter especial.

Ferreiros honra su nombre al que fue hogar de herreros. Su iglesia de Santa María, con portada románica, es un tesoro que muchos peregrinos descubren por sorpresa. Lo mismo ocurre en Vilar de Donas, antigua sede de un monasterio femenino y lugar de descanso para los caballeros de la Orden de Santiago.

Al cruzar a la provincia de La Coruña, la ruta sigue revelando lugares con encanto. El Leboreiro mantiene su aspecto medieval, una calle mayor enlosada, iglesia románica y un puente del siglo XIV que pisa uno aún más antiguo, romano. En Castañeda, los peregrinos depositaban las piedras calizas que traían desde Triacastela, completando un gesto simbólico de penitencia.

Apenas quedan diez habitantes en Ribadiso, pero su albergue es uno de los más valorados del Camino, y su hospital de peregrinos, el único antiguo que se conserva en Galicia. Finalmente, antes de abrazar al Apóstol, los caminantes cruzan Lavacolla, donde antaño lavaban su ropa en el río para llegar limpios a Santiago. Hoy, irónicamente, es más conocido por el aeropuerto que por su ritual centenario.

Desde O Cebreiro hasta Santiago de Compostela, cada aldea cuenta una historia. Y al llegar al final del camino, uno descubre que lo importante no era solo la meta, sino todo lo que se aprendió en el trayecto.