San Vicente de Leira (Orense)EFE

San Vicente de Leira, la aldea de Orense en la que el 90% de las casas fueron arrasadas por los incendios

Sus vecinos, todavía sin luz ni agua una semana después del suceso, lo han perdido todo, pero mantienen viva la esperanza de volver a resurgir de sus cenizas

Nadie está preparado para una tragedia como la que se está viviendo en España. Las miles de hectáreas quemadas han arrasado con todo a su paso, dejando a familias sin sus viviendas, sus recuerdos y su sustento económico. Orense ha sido el epicentro de las llamas en Galicia con la zona de Valdeorras como la más afectada.

San Vicente de Leira, una pequeña aldea de Villamartín de Valdeorras, es un buen ejemplo de la devastación. El 90 % de las casas son ceniza. Una semana después de que el fuego entrase en el pueblo y arrasase con casi todo a su paso, la asociación de vecinos ha realizado este domingo una concentración para agradecer el apoyo que han recibido de gente de la comarca y otros lugares. «Sabíamos que el cariño era muy grande, pero nos ha desbordado la cantidad de gente que ha venido», cuenta Rosana, una de las vecinas.

Pero su concentración también ha sido para dar buena cuenta de que lucharán por volver a levantar sus viviendas. De ahí que hayan solicitado las ayudas necesarias para poder hacerlo: «Aunque no estén cuando tienen que estar, que es antes de las desgracias, que cojan el ejemplo de la gente y de los pueblos, que están antes y después de las desgracias».

«La vivienda familiar ha quedado destruida por completo, con sus recuerdos y con nuestra alma ahí dentro», señala su padre mientras que Rosana incide en que se vieron rodeados por las llamas y tuvieron que huir a través de una pista que ni siquiera era carretera. «Si no hubiésemos tenido esa vía de escape, no sé qué habría sido de nosotros», dice.

Una semana después, algunos de los vecinos que viven todo el año en San Vicente se niegan a abandonar el pueblo, a pesar de que las casas que no han sucumbido a las llamas han quedado afectadas de una forma u otra por ellas. Siguen sin agua potable y sin luz, alimentados por un generador. Y muy agradecidos por la ayuda que han recibido de fuera, personas que les han llevado agua, comida, ropa y otros enseres, y a quienes han querido agradecer el apoyo con esa concentración.

«Los puntos que nos unen al pueblo, como el cementerio, la iglesia y nuestro salón social, la antigua escuela, están intactos. Que esos puntos de unión hayan quedado en pie nos da mucha fuerza para seguir para adelante, y por eso esta pequeña reunión y la concentración», añade Rosana.