Los utensilios de barro que se deben utilizar para realizar una queimadaWikimedia Commons

La queimada gallega: la ‘tradición celta’ que en realidad nació en el siglo XX a bordo de un barco

Entre el humo azul del aguardiente y el eco de un conjuro que invoca a brujas y espíritus, Galicia mantiene viva una de sus ceremonias más magnéticas

En Galicia, las fronteras entre lo real y lo mítico se difuminan con facilidad. Desde las hogueras de San Juan hasta los conjuros del Samaín, los gallegos mantienen viva una arraigada tradición de rituales populares. En ese universo de tradiciones, la queimada ocupa un lugar privilegiado.

Hoy se realiza en fiestas, restaurantes o reuniones familiares, por fuerza simbólica: un fuego que limpia, palabras que conjuran y una bebida ardiente que invita a compartir y espantar los males. Sin embargo, lo que pocos saben es que este 'antiguo' rito celta no es tan ancestral como parece.

Una tradición nacida en Vigo

Lo que muchos creen un rito celta milenario nació, en realidad, de la imaginación de un gallego en los años sesenta. Pero, como suele ocurrir en esta tierra de leyendas, la magia hizo el resto.

La historia de la queimada se acerca más a la leyenda urbana que al mito ancestral. Su origen se atribuye a Mariano Marcos Abalo, empleado del Banco Pastor de Vigo que compaginaba su trabajo con una faceta artística como poeta y humorista. En 1967, durante una celebración a bordo de un barco atracado en el puerto de Vigo, Abalo ideó un conjuro para acompañar el tradicional aguardiente quemado y dar un toque de originalidad a la velada.

No imaginaba entonces que aquel texto improvisado, lleno de retranca gallega y ecos de brujas y demonios, acabaría recitándose por toda Galicia. Las imprentas comenzaron a reproducirlo sin permiso, la autoría se perdió entre copias y, en pocos años, el conjuro de Mariano se convirtió en una supuesta reliquia del pasado celta. En 2001, el propio Abalo decidió registrar oficialmente su creación, aunque la leyenda ya era más fuerte que la realidad.

El conjuro, de tono teatral y enigmático, convierte la queimada en toda una experiencia. Cada palabra pronunciada encierra un propósito simbólico: quemar los males, ahuyentar las envidias y atraer la buena fortuna.

Finalmente, este simple licor se terminó por convertir en un espectáculo de fuego y palabra, y, desde entonces, la queimada no solo se bebe, se representa.

De bebida de labriegos a ritual

Antes de que el conjuro existiera, el aguardiente quemado ya formaba parte de la vida gallega. En el siglo XX, los emigrantes solían preparar esta bebida, mezclando fuego, azúcar y café, en sus reuniones fuera de Galicia, donde el orujo se convertía en la conexión con su tierra de origen.

En 1955, se crearon las emblemáticas tazas y potas de barro cocido en donde se toma esta bebida y hoy se identifican con la queimada.

Estos son los utensilios utilizados en el ritual de la queimadaWikipedia

El ritual de la queimada comienza vertiendo en un recipiente de barro aguardiente de orujo gallego (unos dos litros) junto a 300 gramos de azúcar, cortezas de limón y naranja y unos granos de café. Se prende fuego al licor en un cucharón y se va vertiendo lentamente sobre el resto de la mezcla, creando cascadas de fuego azul.

Mientras arde, se recita el conjuro, y cuando la llama se vuelve más tenue, se apaga. La bebida se sirve caliente, y entonces llega el brindis.

En definitiva, aquel conjuro improvisado en un barco del puerto de Vigo acabó transformándose en uno de los rituales más emblemáticos y reconocibles de la cultura gallega.