Uno de los animales que se entierran en el 'Entroido' gallego
Del mar al corral: estos son los animales que se entierran en el ‘Entroido’ gallego
Aunque el más conocido es el de la sardina, el mapa del carnaval en Galicia está lleno de bichos
El Entroido gallego es una celebración con una fuerte implantación local, en la que cada municipio y parroquia ha desarrollado ritos propios. Más allá de los disfraces, las comparsas y los desfiles, la fiesta conserva un trasfondo simbólico ligado a antiguas tradiciones. Entre estos elementos destacan los actos de clausura del carnaval, concebidos como rituales de despedida previos al inicio de la Cuaresma.
En Galicia, este cierre adopta una forma singular con los entierros y las quemas paródicas de animales, representados de manera figurada. Más allá del conocido entierro de la sardina, el Entroido gallego despliega un auténtico bestiario simbólico en el que aparecen gallos, loros, cabras, cormoranes, mejillones o aves asociadas al mal augurio.
Los bichos que clausuran el carnaval
El 'entierro de la sardina' es el rito final más extendido en Galicia. Su origen no es medieval ni rural, sino urbano y relativamente moderno. Los estudios sitúan su nacimiento a comienzos del siglo XIX, en tiempos de Carlos III, cuando una partida de sardinas en mal estado llegó a Madrid y fue enterrada como burla carnavalesca. Aquella parodia gustó tanto que se convirtió en tradición y se extendió por la península.
En lugares como Marín, Portonovo, Villagarcía, Cambados, Caldas o Carril, el sepelio mantiene una liturgia casi fúnebre: velatorio, procesión, sermón satírico y llanto exagerado. Reírse de la muerte del carnaval es, en realidad, una forma de asumir que la fiesta se acaba.
Entierro de la sardina en Marín (Pontevedra)
El gallo es uno de los animales con mayor carga simbólica en esta celebración. Asociado tradicionalmente al pecado, la lujuria y el orgullo, en Galicia sobrevivió en rituales como las corridas del gallo o los ‘testamentos’, discursos satíricos en los que el animal dejaba en herencia sus partes mientras se repasaban los pecados de la aldea.
Hoy pervive transformado en figuras como el Gallo Fodorico de Poyo o el Gallo Brujo de Samieira. Su quema o entierro funciona como sacrificio simbólico: el gallo carga con los excesos colectivos y es eliminado para que el pueblo pueda empezar de nuevo.
Pontevedra aporta uno de los entierros más singulares, el del loro Ravachol. Inspirado en un animal real que murió en 1913 y era famoso por sus comentarios pícaros, su funeral carnavalesco se consolidó como uno de los grandes actos del carnaval pontevedrés. Ravachol representa la sátira, la lengua afilada y la crítica social, valores muy ligados al espíritu de esta celebración.
En esta misma línea surgen animales más recientes: el Mejillón de Combarro, el Berberecho de Lourido, la Lamprea de Salvaterra o la Solla de Catoira. Son símbolos identitarios que conectan la fiesta con el entorno natural y económico de cada lugar.
En Sangenjo, el Entroido se despide hasta tres veces. Con la sardina en Portonovo, la cabra en Vilalonga y el cormorán en Noalla. La cabra, ligada a lo salvaje y a la fertilidad, baja simbólicamente al pueblo para ser enterrada. El cormorán, ave marina y oscura, encarna los malos presagios que se quieren dejar atrás. Algo similar ocurre en Bueu con el Pájaro de mal agüero, que se quema para ahuyentar la mala suerte y limpiar el camino hacia la primavera.
Todos estos animales, desde la humilde sardina hasta el extravagante loro, cumplen una misma función: cerrar el ciclo.