Edificio de los Juzgados en OrenseEUROPAPRESS

A juicio el líder de la red que fabricaba cigarrillos de manera clandestina en Orense

Los operarios trabajaban «a destajo», dedicados a la fabricación y empaquetado de los cigarrillos

La Audiencia Provincial de Orense juzgará el próximo miércoles al presunto cabecilla de una organización criminal dedicada a la fabricación ilegal de cigarrillos en Galicia.

Según recoge el escrito de acusación, el hombre dirigía una organización que operaba desde varias naves industriales situadas en la provincia de Orense y en Pontevedra. El objetivo del grupo era producir grandes cantidades de tabaco al margen de la normativa vigente y distribuirlo posteriormente fuera de España.

En el juicio celebrado hace cuatro años contra parte de la organización, ocho acusados reconocieron los hechos y aceptaron una condena de dos años de prisión, además de una multa que ascendía a 12 millones de euros.

Una organización con ramificaciones

La Fiscalía sostiene que el acusado puso en marcha junto a otros miembros una estructura criminal «estable y permanente en el tiempo», con conexiones internacionales y diseñada específicamente para la fabricación clandestina de cigarrillos.

Para desarrollar su actividad, la organización se hizo con dos naves industriales. Una de ellas estaba situada en el municipio orensano de Coles mientras que la otra se encontraba en la localidad pontevedresa de Ponteareas. Ambas instalaciones fueron acondicionadas para funcionar como auténticas fábricas clandestinas de tabaco.

Uno de los aspectos más graves del caso, según el Ministerio Público, fue la utilización de mano de obra extranjera en situación irregular. Los trabajadores eran ciudadanos de otros países que habían llegado a España sin conocer el destino real de su viaje.

De acuerdo con la acusación, estas personas eran trasladadas hasta las naves donde se producía el tabaco y allí permanecían prácticamente aisladas del exterior. Los responsables de la organización les retiraban los teléfonos móviles y vigilaban sus movimientos para impedir que pudieran comunicarse con otras personas o abandonar el lugar. Los operarios trabajaban «a destajo», dedicados a la fabricación y empaquetado de los cigarrillos que posteriormente se distribuían fuera del país.

Una empresa pantalla para el transporte

Para dar apariencia de legalidad a la actividad y facilitar la salida de la mercancía, la organización utilizaba una empresa de transportes como tapadera. Bajo esa cobertura, enviaban camiones cargados con el tabaco ya fabricado hacia distintos destinos en el extranjero.

El grupo también se encargaba de controlar los movimientos del material necesario para la producción y de vigilar a los trabajadores que participaban en la actividad clandestina.

Con la detención del supuesto cabecilla en noviembre de 2023 se cerró el círculo de una investigación que había permitido desarticular la red años antes. Ahora, el proceso judicial afronta su último capítulo con el juicio contra quien presuntamente dirigía toda la operación.