Me había prometido a mí mismo no escribir sobre la camiseta celeste de Madonna. Habitualmente incluso evito el adjetivo celeste cuando escribo. Hace unas semanas, publiqué un artículo sobre el azul del cielo y conseguí no usar esa palabra ni una sola vez. Pero es que estos días he tenido que leer —a veces uno acaba leyendo lo que no quiere o lo que no debe— que, el 29 de julio de 1990, Coruña contraprogramó la actuación de Madonna en Balaídos con el concierto de Prince en los Jesuitas. Y hasta ahí podíamos llegar.

Si no recuerdo mal, se contrató antes lo de Prince en Coruña que lo de Madonna en Vigo. Aunque tampoco importa demasiado. Porque hablar de contraprogramación es llevar al mundo real los complejos de la televisión. En la tele viven traumatizados con su cuota de pantalla, con ese share que los directivos catódicos no quieren compartir con nadie. El problema es que no les gusta competir y cuando viene alguien y los deja sin espectadores, gimotean porque les han contraprogramado. En la vida real nadie se queja por esas minucias. Cada uno saca adelante lo suyo como mejor puede y no anda mirando de reojo a los que pedalean tras su rueda. ¿A quién se le ocurriría decir que San Miguel contraprograma a Estrella Galicia o que Mango contraprograma a Zara? Es el metalenguaje televisivo que quieren exportar, sin éxito, fuera de los platós.

Madonna con la camiseta del CeltaRC celta

Por eso lo de que Prince contraprogramó a Madonna a mí me suena a que Mozart contraprogramó a Salieri. Es cierto que, cuando apareció Mozart, Salieri ya había sumado muchos quinquenios en su vida laboral. Pero Wolfgang Amadeus era de otro mundo y lo barrió del mapa sin pestañear. Mala suerte haber coincidido en la misma época. Que se lo pregunten a Ronaldo —no al gordito, al otro—, que tuvo la mala fortuna de venir al mismo planeta que Messi.

Insistir, a estas alturas de la película, en que Coruña contraprogramó a Vigo es como decir que Leibniz contraprogramó a Newton con su cálculo infinitesimal. ¿Alguien recuerda hoy quién llegó primero a la meta en aquella disputa? A mí me parece que afirmar que Prince salió de la chistera de Paco Vázquez para hacer sombra a Madonna con su camiseta del Celta es como aventurar que sir John Moore montó la batalla de Elviña para hacer de menos la reconquista de Vigo.

Pero dejemos reposar a los difuntos en la paz eterna de los manuales de Historia. Volvamos a los años de la Movida. En aquella época Vigo era sin duda la capital musical de Galicia. En Coruña sobrevivíamos con Viuda Gómez y poco más, mientras que en el sur no paraban de salir bandas como Siniestro Total, Golpes Bajos o Resentidos. Derrota asumida y felicitaciones efusivas al vencedor. Pero si de verdad te gustaba la música, la noche del 29 de julio de 1990 tenías que estar en el campo de fútbol de Santa María del

Mar. Prince estaba a años luz de Madonna y sus corseterías. Aunque únicamente fuese para escuchar el solo de guitarra interminable de Purple Rain, ya hubiese merecido la pena el pastón que nos gastamos en la entrada y la caminata de ida y vuelta entre la plaza de Orense y los Jesuitas.

Comprendo que es doloroso ver cómo tu eterno rival inaugura un museo con siete títulos dentro. Y que, ante la ausencia de trofeos en las vitrinas, hay que presumir del Mestre Mateo de C. Tangana o de la camiseta de Citroën de Madonna. Yo entiendo que es difícil ser del Celta. Todo mi respeto. Tengo grandes amigos celtistas y los admiro por su perseverancia y su resignación. Pero decir que Prince contraprogramó a Madonna es como decir que el 19 de mayo del 2000 el Deportivo ganó la Liga solo para contraprogramar el meritorio empate del Celta aquel viernes en el Camp Nou.