Balneario de Mondariz, unica Villa Termal de España en activo desde 1873

El municipio más pequeño de España está en Galicia: llegó a acuñar moneda y ser referencia en Europa

En un tiempo se convirtió en epicentro de la vida social atrayendo a la aristocracia

En Galicia, algunos de los municipios más pequeños esconden historias sorprendentes que desafían su tamaño. Pese a contar con apenas unos kilómetros cuadrados, ciertos rincones lograron convertirse en referentes históricos y turísticos, especialmente en el ámbito del turismo de salud y bienestar.

Estos enclaves, que llegaron a atraer visitantes de toda Europa, destacan por sus jardines centenarios, fuentes medicinales y un legado cultural y social que todavía puede explorarse hoy. Desde la vida social de la élite hasta innovaciones locales que marcaron época, estos municipios demuestran que incluso los territorios más diminutos pueden tener un impacto extraordinario y mantenerse como destinos de interés histórico y turístico.

Agua, ciencia y visión empresarial

Se trata de Mondariz-Balneario, el municipio más pequeño de España, con apenas 2,4 kilómetros cuadrados y solo unos cientos de habitantes. Ubicado en la comarca de O Condado, junto al río río Tea, su origen y desarrollo están íntimamente ligados al agua.

Aunque las propiedades medicinales de sus manantiales eran conocidas desde mucho antes, no fue hasta 1873 cuando el Estado declaró oficialmente su utilidad pública, un reconocimiento que marcó el inicio del auge del balneario y transformó por completo el destino de este enclave.

Los impulsores de esta transformación fueron los hermanos Peinador, que imaginaron una villa termal capaz de competir con grandes destinos europeos ya que el termalismo vivía su época dorada en Europa, impulsado por el auge de la burguesía y los avances médicos.

El crecimiento fue rápido. En 1880 se construyó la primera casa de baños, pero pronto quedó pequeña ante la creciente demanda. La inauguración del Gran Hotel a finales del siglo XIX marcó el inicio de la etapa más brillante de Mondariz-Balneario.

El edificio, con cientos de habitaciones, se convirtió en el epicentro de la vida social. Por sus salones pasaron figuras como la infanta Isabel de Borbón o la escritora Emilia Pardo Bazán. También fue escenario de encuentros políticos y culturales de primer nivel, como reuniones entre líderes internacionales o visitas de grandes fortunas como John Rockefeller III.

Durante esos años, el municipio vivió su propia Belle Époque. Contaba con teatro de ópera, conciertos, fiestas y una intensa actividad cultural. Llegó incluso a emitir moneda propia, un hecho excepcional en España, reflejo del dinamismo económico del lugar.

El crecimiento fue tal que en 1924 se segregó del municipio de Mondariz, convirtiéndose en ayuntamiento independiente y consolidándose como el más pequeño del país.

Del declive a la reconstrucción

La Guerra Civil supuso un punto de inflexión. El turismo termal decayó y el Gran Hotel fue reconvertido en hospital. Décadas después, el incendio de 1973 terminó por cerrar una etapa. Durante años, Mondariz-Balneario quedó reducido a un recuerdo de su pasado glorioso.

Sin embargo, a finales del siglo XX comenzó su recuperación. La rehabilitación de espacios históricos y la apuesta por un modelo moderno de turismo de salud culminaron con la apertura del Palacio del Agua en 2005. Hoy, el municipio ha recuperado su esencia. El balneario sigue siendo el corazón de la localidad, con tratamientos, circuitos termales, terapias con algas y técnicas de relajación.

Pasear por Mondariz-Balneario es recorrer un museo al aire libre de arquitectura de finales del siglo XIX y principios del XX. El entorno natural también forma parte esencial de su identidad. El río río Tea atraviesa el municipio, creando un paisaje de ribera con playas fluviales, senderos y zonas de descanso. A su alrededor se extienden rutas como la del río Xabriña, con molinos restaurados y pequeñas cascadas.

Entre sus elementos más emblemáticos destacan las fuentes termales. La Fuente de Gándara, diseñada por Antonio Palacios, es un templete de gran valor estético y simbólico. A ella se suman Troncoso y Sabuxáns.

Desde sus aguas medicinales hasta su pasado de lujo europeo, pasando por su capacidad de reinventarse, este enclave gallego demuestra que las grandes historias no necesitan grandes territorios.