Atlantic CityLuís Pousa

Echo and The Bunnymen vuelven a la playa

La banda de Liverpool actuará en el Festival Noroeste 45 años después de publicar «Heaven Up Here», el álbum con la portada más hermosa de la historia

Los apodaron «el otro cuarteto de Liverpool». Como si en Liverpool hubiese sitio para algún cuarteto más después de los Beatles. Se juntaron en 1978 y, tras ventilarse unas cuantas pintas y barajar otras ideas absurdas —estuvieron a punto de ser Glycerol and the Fan Extractors—, decidieron llamarse Echo and The Bunnymen. «Nos pareció un nombre tan estúpido como los demás», se justificaban años después.

Debutaron en 1980 con Crocodiles, un disco que fue algo así como una aparición espectral en aquella Inglaterra post-punk. Pero su auténtica carta de presentación al universo llegó un año después, con Heaven Up Here. Una obra que roza la perfección por dentro y por fuera. Porque el interior, o sea, la música, es formidable. Las canciones parecen compuestas por un hechicero. Pero la portada del vinilo ya son palabras mayores. Probablemente sea la cubierta más hermosa de la historia.

Brian Griffin captó la imagen que convirtió este álbum en un objeto de inusual belleza. El grupo estaba grabando en los estudios Rockfield, en el sur de Gales, y Griffin decidió llevárselos a la playa de Porthcawl para la sesión de fotos. La escena lo tenía casi todo. Un arenal desértico, con esa hermosura telúrica de las playas sin sol y sin bañistas. Cuatro tipos plantados frente al mar con sus abrigos de paño y sus sombreros, convertidos en apenas unas siluetas negras. Las nubes bajas y azuladas y la última luz del día derramada sobre la orilla, que extendía un dedo de agua varios palmos tierra adentro.

Portada del disco Heaven Up Here

Pero, para alcanzar la perfección, hacían falta unas gaviotas sobrevolando a los Bunnymen. El fotógrafo se hizo con los servicios de un lugareño, al que puso a correr a lo largo de la playa con un cubo lleno de vísceras y restos de pescado maloliente que iba arrojando al aire para atraer a las aves. Ni el mismísimo Hitchcock tuvo semejante poder de convocatoria. Los pájaros completaron el cuadro y Griffin tuvo su foto perfecta. Una oda al océano.

Nos cuentan que, al zambullirnos en la portada del álbum, estamos en la costa de Gales. Pero en esa imagen nosotros lo mismo vemos Gales que Coruña, con esa bajamar larguísima que deja las rocas al aire, con pinta de superficie marciana. Como en la foto de los Bunnymen, aquí también hay días en que el Atlántico se va tan lejos que, para conseguir que el agua te llegue a las rodillas, casi tienes que ir andando hasta Irlanda.

Digo que esa larga orilla de arena húmeda de Porthcawl podría estar en Coruña y resulta que, 45 años después de la publicación de Heaven Up Here, los Echo and The Bunnymen van a tocar en agosto en la playa de Riazor. La suya será la gran actuación del Festival Noroeste Estrella Galicia, al que yo, si nadie se molesta, llamaré siempre el Noroeste Pop Rock, que por algo estuve en aquella primera edición del Pabellón de los Deportes.

En estos Bunnymen de 2026 ya no están el bajista Les Pattinson ni el batería Pete de Freitas (quien murió en un accidente de moto a finales de los ochenta). Pero ahí siguen el vocalista Ian McCulloch y el guitarrista Will Sergeant al frente de la gira More Songs to Learn and Sing, en la que recorren los grandes temas de su repertorio (sí, sonarán The Killing Moon y Seven Seas, no hay fallo).

Creo que nunca habían tocado antes en Coruña. Pero su concierto será en gran medida un regreso. Porque vuelven a la playa de la que nunca se fueron desde que se pusieron a mirar el mar en 1981. Y porque con discos como el glorioso Ocean Rain y Heaven Up Here —en el que, si cierro los ojos, escucho de fondo las carcajadas de las gaviotas del Orzán— estos tipos han demostrado que a veces hay que coger carrerilla y venir desde Liverpool para entender del todo una ciudad como la nuestra.