La cueva que te dejará sin palabras en una playa de GaliciaWikiloc/PacoGro2

La cueva de Galicia que solo aparece con la marea baja: esconde un antiguo cementerio infantil romano

Está junto a una de las playas más famosas de la comunidad que, sin embargo, continúa siendo una gran desconocida

Galicia está llena de lugares que van mucho más allá de sus destinos más conocidos. Más allá de iconos como Santiago de Compostela o las Islas Cíes, existen enclaves discretos que pasan desapercibidos incluso para muchos gallegos. Cascadas escondidas, playas salvajes o formaciones naturales con historias sorprendentes conforman una geografía alternativa que cada vez despierta más interés.

Y es que Galicia es un territorio lleno de rincones por descubrir, pues existen espacios alejados de las rutas más transitadas que sorprenden por su singularidad y por el halo de misterio que los rodea. De hecho, uno de los lugares más curiosos del litoral pontevedrés es una pequeña cueva junto a una de las playas más famosas de la comunidad que, sin embargo, continúa siendo una gran desconocida.

Misterio y arqueología junto al mar

En el municipio de Sangenjo, a escasos metros de la conocida Playa da Lanzada, se esconde un enclave tan sorprendente como inquietante: la Cova dos Nenos Perdidos (La Cueva de los Niños Perdidos). Situada entre las playas de A Lapa y Area Gorda, esta cavidad natural apenas llama la atención desde la carretera, pero guarda una historia que la convierte en uno de los puntos más singulares de la costa gallega.

Su nombre no es casual. En 2016, en el entorno del yacimiento de A Lanzada, aparecieron restos fósiles de varios bebés datados en época romana. Este hallazgo llevó a los investigadores a plantear la hipótesis de que la zona pudiera haber funcionado como un posible cementerio infantil hace casi dos mil años. Con el tiempo, la tradición popular acabó asociando aquel descubrimiento con la cueva, dando lugar al nombre con el que hoy se conoce.

Más allá de este episodio, el entorno en el que se ubica la cueva posee un notable valor histórico y arqueológico. Toda la zona próxima a la Ermita de La Lanzada forma parte de un amplio yacimiento que concentra vestigios de distintas épocas, desde la Edad del Bronce hasta periodos romano y medieval cristiano.

A este interés histórico se suma una particularidad que condiciona por completo su acceso: la cueva solo puede visitarse durante la marea baja, ya que la subida del mar cubre por completo su entrada. Este factor natural convierte la visita en una experiencia marcada por el capricho de la naturaleza.

Pese a encontrarse en las inmediaciones de uno de los arenales más concurridos de Galicia, la Cueva de los Niños Perdidos continúa siendo un lugar poco frecuentado. Quizá precisamente por ello conserva intacto su carácter misterioso, sorprendiendo a quienes se acercan hasta allí en busca de espacios diferentes y alejados de los circuitos más masificados.

Mirador natural entre leyenda y paisaje

Muy cerca de la cueva se encuentra otro enclave que completa esta experiencia: el Outeiro das Lapas. Este promontorio rocoso, ubicado en la costa de Noalla, actúa como una pequeña península que, con la subida de la marea, se transforma en islote.

Uno de sus principales atractivos es el conocido Banco de Noalla, un sencillo banco de madera colocado en su punto más alto que ofrece vistas panorámicas espectaculares del litoral. Desde allí se puede contemplar toda la extensión de La Lanzada y el horizonte atlántico.

Y como no podía ser de otra manera tratándose de Galicia, es un lugar rodeado de historias y leyendas. Una de las más conocidas habla de la existencia de un túnel subterráneo que conectaría este punto con la Isla de Ons, a varios kilómetros de distancia. Según la tradición marinera, este pasadizo habría sido descubierto de forma accidental cuando unas nasas quedaron atrapadas en el fondo del mar.

Además, se cree que el Outeiro das Lapas pudo albergar en el pasado un asentamiento castrejo, aunque hasta ahora no se han realizado excavaciones que lo confirmen.

Estos dos lugares evidencian que, incluso en una de las zonas más próximas a los destinos turísticos más concurridos del litoral gallego, siguen existiendo espacios poco frecuentados y que aún pasan desapercibidos para buena parte de los visitantes.