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La verdadera vocación de Rajoy

Cuando el expresidente teclea sus artículos futboleros, le sale por fuera el señor de Santiago que lleva dentro y se pone a torear por chicuelinas a sus detractores

Ya estamos inmersos en otro Mundial —qué rápido ha pasado todo desde el pelma de Naranjito— y, con los partidos de España como excusa, ha vuelto a la cancha el columnista Mariano Rajoy. El titulillo que encabeza sus textos en El Debate ya lo anticipa todo: «Así fue (o no)». Puro marianismo.

Finiquitada la liguilla de los grupos, llevamos tres entregas del Rajoy futbolero. Regresará tras el cruce con Austria, y nos quedan por delante tantos artículos como fases supere la selección en su camino hacia la final. Aunque solo sea para que podamos seguir leyéndole, Lamine Yamal y la muchachada deberían emplearse a fondo en cada partido. Se lo deben al país.

En las redes se escudriña cada línea de estos escritos para averiguar qué quiere decir exactamente el expresidente. Sospecho que, cuando teclea sus párrafos, le sale por fuera el señor de Santiago que lleva dentro y se pone a torear por chicuelinas a sus detractores incluso antes de escuchar las mofas sobre su forma y su fondo.

El principal chascarrillo que circula sobre el estilo de Rajoy es que sus comentarios son puras obviedades. Se citan párrafos como el arranque de su debut en este campeonato: «En el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas. España fue incapaz de hacer un gol, tampoco recibió ninguno y, por eso, el resultado fue de 0-0». Vale. Pero si agarramos cualquiera de las crónicas que ese día se publicaron sobre el empate ante Cabo Verde y la desnudamos de adjetivos pomposos, citas presuntamente cultas y otras pedanterías, ¿no es justo eso mismo lo que contaban todos y cada uno de los que opinaron sobre el encuentro? Lo único que hace don Mariano, que de fútbol sabe un rato, es dejar el texto deshuesado, sin pirotecnias, yendo directo al meollo de los hechos puros.

Mariano Rajoy, en la plaza del ObradoiroEFE

Todo esto lo explica mucho mejor mi amiga Rosa Palo. Sobre esa primera crónica mariana de esta Copa del Mundo, apuntaba en La Verdad: «Pío García, rendido ante la evidencia, calificaba el texto de Rajoy como el patrón de oro del periodismo deportivo. No es cosa menor, que es cosa mayor: hasta el cronista más avezado tiene que levantar las manos del teclado y conceder la victoria al expresidente. En el fútbol y en la vida hay que saber perder». Tal cual. Don Mariano funde el lingote original y luego otros van añadiendo filigranas alrededor de sus verdades esenciales para dárselas de entendidos y de culturetas. Pero, en el fondo, saben que sus parrafadas mundialistas no aportan nada nuevo al crudo relato del articulista Rajoy.

Cuando escribe: «Conviene dejar claro que quien calla no otorga; quien calla, calla», hay quien ve una trivialidad, pero yo veo una tautología, que es algo muy serio. La civilización occidental se ha levantado sobre estas aparentes redundancias, de las que vivimos desde Grecia y el Antiguo Testamento. La metafísica de Aristóteles —«el ser en cuanto ser»—, la teología —«yo soy el que soy»— e incluso el coaching —«llega a ser el que eres»— beben de las tautologías y encierran profundidades a las que nunca se ha asomado (al menos hasta la fecha) el periodismo deportivo.

Ahora que están de moda los expresidentes y se indaga con qué se entretenían dentro y fuera de la Moncloa, tenemos más claro que nunca que la auténtica vocación de don Mariano no era ser presidente del Gobierno, sino ser expresidente. Solo que, para ser expresidente, que es lo que de verdad le gusta y se le da bien, tuvo que dar ese pequeño rodeo de ser presidente durante unos años. Esa era su verdadera aspiración y, una vez lograda, puede satisfacer esta otra ambición de ejercer de columnista gallego —género que, desde Wenceslao y Camba, es la cumbre del columnismo— y noquear a la tribu de los gafapastas y los chiringuiteros con sus artículos deshuesados.

Comprendo que todo esto escueza. Pero el fútbol y Rajoy son así (o no).