Martiño Rivas, en 'El Hormiguero'

Vimianzo, el bonito pueblo de Galicia que marcó la infancia de Martiño Rivas

El hijo del célebre escritor Manuel Rivas pasó sus primeros años en este rincón de la provincia de La Coruña

Mucho antes de que Martiño Rivas se hiciese famoso a nivel nacional tras el fenómeno de El internado, el actor vivió una vida de lo más tranquila alejada de los platós de televisión y ajeno al séptimo arte. Su infancia transcurrió en su Galicia natal. El hijo del afamado escritor Manuel Rivas y la profesora de instituto María Isabel López vivió en plena comunión con la naturaleza.

Lejos del asfalto de las grandes urbes, sus días transcurrían entre el rural de La Coruña, donde el ritmo lo marcaban las mareas y no las agendas de producción. Su familia recorrió varios municipios de la provincia debido a los traslados laborales de su madre, pero fue Vimianzo, su localidad natal, el rincón definitivo que moldeó su niñez.

«Me encanta. Es donde me formé como persona, esos años de juventud y de la infancia, que es verdaderamente te moldea y perfila tu personalidad», recuerda en una entrevista en la revista 'GQ'.

Sus mejores recuerdos se concentran en este rincón donde pasó siete años de su vida, con el indómito paisaje de la Costa de la Muerte como telón de fondo. Galicia es el territorio al que el actor regresa siempre que su agenda se lo permite. «Es el universo de mis tíos, de mis tías, de mis primos... Cuando estoy allí soy muy feliz y paso todo el tiempo que puedo», confiesa con nostalgia Rivas.

Un imponente castillo medieval

Además de los que vivió de niño, Vimianzo cuenta con grandes atractivos. Su castillo medieval, una de las fortalezas mejor conservadas de toda Galicia, es el gran reclamo turístico de una villa que parece haberse detenido en el tiempo. Construido entre los siglos XII y XIII, esta edificación está catalogada como Bien de Interés Cultural.

Castillo de VimianzoTURISMO DE GALICIA

El edificio principal está construido en planta poligonal y tiene cuatro torres y patio de armas, además de unos muros de casi dos metros de grosor que en su día soportaron grandes ataques. Cruzar hoy sus umbrales permite al visitante caminar por las almenas, contemplando un paisaje verde que parece sacado de una leyenda medieval.

Más allá de su emblema, Vimianzo despliega ante el viajero una oferta cultural y natural infinita. Destaca la impresionante riqueza de su ruta megalítica, un sendero que conduce al nacimiento de los tiempos para descubrir el Neolítico. En el territorio, estos monumentos funerarios son especialmente abundantes y gozan de un estado de conservación extraordinario pese a la acidez de los suelos gallegos.

También los Batanes y Molinos de O Mosquetín constituyen una parada obligatoria, alzándose como uno de los conjuntos etnográficos más extraordinarios y singulares de Galicia. Ubicado a orillas del río Grande, este paraje alberga dos construcciones con siete molinos harineros y tres batanes de madera.