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De Islandia a las Seychelles sin salir de Galicia: diez paisajes gallegos que parecen de otro país

Acantilados que recuerdan a Irlanda, una cascada con aire islandés, un desierto frente al Atlántico o playas de arena blanca comparadas con las Seychelles. Galicia reúne una sorprendente variedad de paisajes capaces de transportar al viajero a algunos de los rincones más espectaculares del planeta sin cruzar ninguna frontera

Olaia González
Fotos. Turismo de Galicia

31 jul. 2026 - 04:25

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Vixía Herbeira: un rincón que recuerda a Irlanda

Los acantilados de Vixía Herbeira, situados en la Sierra de la Capelada (Cariño, La Coruña), son uno de los paisajes más espectaculares de Galicia. Con más de 600 metros de altura sobre el Atlántico, están considerados entre los acantilados más altos de la Europa continental. En los días de niebla, cuando las nubes envuelven las paredes de roca y el océano rompe varios cientos de metros más abajo, el paisaje recuerda a los célebres Acantilados de Moher, en la costa oeste de Irlanda. El intenso verde de la vegetación, la fuerza del mar y la sensación de inmensidad explican una comparación que muchos viajeros hacen de forma casi inevitable.


La fervenza de Belelle: un paisaje propio de Islandia

La fervenza de Belelle, situada en el municipio coruñés de Neda, es una de las cascadas más espectaculares de Galicia. Con una caída de unos 45 metros, el agua desciende entre paredes de roca cubiertas de musgo y una frondosa vegetación que se mantiene verde durante todo el año gracias a la humedad constante. En épocas de mayor caudal, el paisaje recuerda a algunas de las cascadas más conocidas de Islandia, donde el agua y la vegetación crean escenarios de gran belleza natural.


Las dunas de Corrubedo: un pequeño rincón de Namibia

Encontrar un paisaje de aspecto desértico junto al Atlántico es una de las grandes sorpresas que esconde Galicia. El Parque Natural de Corrubedo, en el municipio coruñés de Ribeira, alberga la duna móvil más grande del noroeste peninsular, una impresionante masa de arena de cerca de un kilómetro de longitud y unos 20 metros de altura que cambia lentamente de forma por la acción del viento. A su alrededor conviven playas, lagunas y un valioso sistema dunar protegido. La imagen de las grandes extensiones de arena junto al océano recuerda, salvando las distancias, a algunos tramos del desierto del Namib, en Namibia, uno de los pocos lugares del mundo donde las dunas llegan prácticamente hasta el mar. Ese singular contraste convierte a Corrubedo en uno de los paisajes más sorprendentes de Galicia.


El Cañón del Sil: el aire de los fiordos de Noruega

El Cañón del Sil es uno de los paisajes más impresionantes del interior de Galicia. A lo largo de varios kilómetros, el río discurre encajado entre paredes de granito que, en algunos puntos, superan los 500 metros de desnivel. Sobre esas laderas casi verticales se cultivan desde hace siglos los viñedos de la Ribeira Sacra, en bancales que desafían la pendiente y que han dado lugar a la conocida como 'viticultura heroica'. Desde miradores como Cabezoás, Vilouxe o el Balcón de Madrid, las vistas ofrecen una panorámica de gran espectacularidad que muchos viajeros comparan con los fiordos de Noruega. Aunque el Sil no es un brazo de mar como los fiordos escandinavos, la combinación de paredes rocosas, agua y vegetación crea un paisaje de enorme belleza que convierte este rincón en uno de los grandes tesoros naturales de Galicia.


Fragas del Eume: un bosque digno de Escocia

El Parque Natural de las Fragas del Eume alberga uno de los bosques atlánticos de ribera mejor conservados de Europa. Este espacio protegido, situado entre las provincias de La Coruña y Lugo, conserva un ecosistema en el que predominan robles, castaños, abedules y alisos, junto a una exuberante vegetación de helechos, musgos y líquenes favorecida por la elevada humedad de la zona. El río Eume atraviesa el bosque entre senderos y antiguos puentes de piedra, creando un paisaje de gran valor ecológico y paisajístico. En algunos tramos, la densa vegetación, el musgo que cubre troncos y rocas y la frecuente presencia de niebla recuerdan a los bosques de las Highlands escocesas o a los escenarios de películas de fantasía como El Señor de los Anillos. Esa atmósfera, casi intacta, convierte a las Fragas del Eume en uno de los rincones naturales más singulares de Galicia.


Monte Pindo: paseo por el Parque Nacional de Joshua Tree

El Monte Pindo, situado entre los municipios coruñeses de Carnota y Dumbría, es uno de los espacios naturales más emblemáticos de Galicia. Conocido desde hace siglos como el Olimpo Celta, este macizo granítico ha estado ligado a numerosas leyendas y tradiciones que lo convierten en un lugar único dentro del paisaje gallego. Sus enormes bloques de granito, modelados durante millones de años por la acción del viento y la lluvia, forman un paisaje de grandes moles rocosas, cumbres redondeadas y caprichosas figuras que parecen esculpidas de forma deliberada. En algunas zonas, donde la roca domina el terreno y la vegetación es escasa, el paisaje recuerda al Parque Nacional de Joshua Tree, en el estado de California (Estados Unidos), famoso por sus espectaculares formaciones graníticas que emergen sobre un entorno árido creando escenarios de aspecto casi irreal.


Las Islas Cíes: unas pequeñas Seychelles atlánticas

Las Islas Cíes, situadas frente a la ría de Vigo e integradas en el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia, son uno de los grandes tesoros naturales de España. Sus playas de arena blanca, las aguas de tonos turquesa y el excelente estado de conservación de este archipiélago han convertido a este enclave en uno de los destinos más espectaculares del litoral europeo. No es casualidad que muchos viajeros las comparen con las Seychelles, el archipiélago del océano Índico conocido por sus playas paradisíacas y sus aguas cristalinas. Salvando las diferencias de clima, el intenso color del mar, la fina arena blanca y el entorno protegido hacen que las Cíes ofrezcan una imagen poco habitual en la costa atlántica europea.


Piornedo: un viaje a los Alpes

Enclavada en plena Sierra de Los Ancares, la aldea de Piornedo es uno de los pueblos más singulares de Galicia y un auténtico viaje al pasado. Sus tradicionales pallozas, construcciones de planta circular con muros de piedra y cubiertas de paja de centeno, han llegado hasta nuestros días como testimonio de una forma de vida que se mantuvo durante siglos en las montañas lucenses. Rodeado de cumbres que superan los 1.500 metros de altitud, Piornedo ofrece un paisaje que cambia por completo con las estaciones. En invierno, cuando la nieve cubre las montañas y los tejados de las pallozas, el conjunto recuerda a algunos pequeños pueblos de los Alpes suizos, donde las aldeas tradicionales se integran en un entorno de alta montaña.


Pena Furada: evoca al Parque Nacional de Arches

Escondida entre los bosques del municipio coruñés de Coirós, Pena Furada es una de las formaciones geológicas más singulares de Galicia. Este gran arco natural de granito, esculpido durante miles de años por la acción del agua y la erosión, se alza sobre el valle del río Mandeo y constituye uno de esos lugares que sorprenden incluso a quienes conocen bien el interior gallego. La silueta del arco, integrada en un entorno de frondosa vegetación, recuerda, salvando las distancia, a algunas de las formaciones más emblemáticas del Parque Nacional de Arches, en el estado de Utah (Estados Unidos).


Costa da Vela: ecos de Nueva Zelanda

En el extremo occidental de la península de O Morrazo, los acantilados de Cabo Home ofrecen una espectacular panorámica. El paisaje combina pinares que prácticamente llegan hasta el borde del mar, grandes formaciones rocosas y una sucesión de pequeñas calas y acantilados desde los que el Atlántico se muestra en toda su inmensidad. Muy cerca se alzan los faros de Cabo Home y Punta Subrido, dos de los lugares más fotografiados de la costa gallega. En los días despejados, las vistas se extienden desde las islas Cíes hasta la Costa da Vela, dibujando un litoral abrupto que muchos viajeros comparan con algunos tramos de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Aunque separados por miles de kilómetros, ambos paisajes comparten la combinación de bosques costeros, acantilados que caen sobre el océano y una naturaleza prácticamente intacta.


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